El miedo a perder los privilegios

Me enamoré de la fotografía de Las niñas bien (2018). Una película mexicana de Alejandra Márquez Abella que retoma las ideas de Guadalupe Loaeza y las proyecta en una crítica sobre la frivolidad de las élites, particularmente en los momentos en los que se ven amenazadas. La película sigue a Sofía de Garay, (Ilse Salas), mujer de la élite DeFeña, durante la crisis económica de López Portillo. Vemos cómo el poder económico y social de Sofía se va rompiendo conforme avanzan los sacadólares, las nacionalizaciones de la banca y las lágrimas de lopezporpillo.

Naturalmente, al salir de la película fui directamente a conseguir el libro de 1987, también titulado Las niñas bien. En este, en comparación con la película, no seguimos a nadie, son trabajos periodísticos que visibilizan los “problemas” de la élite de los 80. Entre estos se encuentra, obvio, la crisis; la construcción de una torre de oficinas en “Las Lomas”; la falta de agua en su colonia; sobre quién votar en las elecciones; qué voy a hacer con mi cumpleaños…

Después de ambas, no pude evitar pensar en nuestras queridas élites locales. Pensar que, cuando la élite protesta no lo hace, en principio, por el bien común. Para ejemplificar esto, me remontaré a mi primer acercamiento con la protesta pública en el lejano 2011, cuando se autorizó la construcción del “paso deprimido” en el cruce entre Circuito Colonias y Prolongación Paseo de Montejo. Dicha protesta nació, en principio, como una crítica hacia el actuar del gobierno municipal, particularmente por el sobrecosto de la obra, las irregularidades en el concurso para la ejecución, así como de la represión a quienes se manifestaban en contra de la obra. La manifestación vino motivada por las Cámaras Empresariales y retomada como estandarte por algunos políticos del PAN, previo a las elecciones del 2012. Los argumentos iban alineados con la pérdida económica de las empresas establecias cerca de dicho cruce, a la afectación de los vecinos de la zona (de poder adquisitivo alto) y, en mucha menor medida, en contra de la corrupción y la represión.

¿Por qué retomo este caso? Porque, ahora, me recuerda muchísimo a las “Marchas fifís” que ocurren cada cierto tiempo en contra del gobierno federal. La motivación para salir a la calle es la defensa de mis privilegios. ¿Cuántos argumentos válidos en contra de la 4T existen en este portal? ¿Cuántos de esos argumentos son los que se usan en la calle? Muy pocos. En el 2011, Ivonne Ortega y Angélica Araujo tenían muchísima cola que les pisen: el concierto de Shakira, el sobrino terrateniente, las lámparas chinas que no funcionaban, el hospital de Tekax en franco abandono… cosas que nos afectaban a todxs. Pero como no le afectaban a la élite de forma directa, nunca pusieron a disposición sus esferas para visibilizar estos problemas hasta que lo retomó la oposición.

Lo que hace Las niñas bien de forma magistral es ayudarnos a entender, desde una mirada crítica (la peli) y autocrítica (el libro), cómo opera la élite más allá del apartado de “Sociales”; cómo y para qué salen a la calle. Y, por supuesto, para mirarnos y decir “oye, yo también peleo por mis privilegios. ¿Cómo le hago para pensar en los demás?”. La película ya no está en el cine, pero vale la pena hacer el esfuerzo para conseguirla. El libro se consigue en Gandhi. Ambos con sello de garantía, o le gestionamos el espacio para contestarme. Pero, antes de todo, reflexionemos sobre nuestro papel en la sociedad y los privilegios que ello conlleva. Un abrazo.

Si quieren leer más sobre la película, les dejo este artículo de Gatopardo: https://gatopardo.com/arte-y-cultura/las-ninas-bien-guadalupe-loaeza-alejandra-marquez-abella/

Si quieren saber más sobre la élite yucateca y sus medios de comunicación: Las élites de la ciudad blanca. Discursos racistas sobre la otredad de Eugenia Iturriaga. Quedan unos pocos en la librería del CEPHCIS.

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Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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