El legado de Judith Butler en la teoría cuir

Actualmente, podemos hablar de todo un imperio teórico direccionado a repensar las corporalidades en contra de la matriz cisheterosexual y lograr reivindicar las narrativas con la intención de apropiarnos de nuestra propia historia. En este acervo, se encuentra la contemporánea Judith Butler con toda una propuesta revolucionaria; acrecentando la forma en que se da lugar a la materialidad y discursividad en los cuerpos. Entrarle a su obra puede ser complicado si no se tienen nociones básicas de psicoanálisis, postestructuralismo, feminismo y la filosofía hegeliana. Para algunes, su libro magistral El género en disputa, es el inicio de la llamada teoría cuir, para otres no, sin embargo, es innegable su visionaria y ponderante lectura sobre los cuerpos.

Antes de entrar de manera superficial a la literatura de Butler, es imprescindible hablar sobre la teoría queer/cuir, para esto, el entramado teórico versa con varios ejercicios genealógicos dispuestos a problematizar la heterosexualidad obligatoria asociada tradicionalmente a una rectitud moral. A pesar de ser un epíteto polisémico y despectivo desde su planteamiento original en inglés, su traducción a las lenguas romances alude a “torcer”, “transversal”, “diagonal”, “extraño”, “bizarro” y por su uso semántico actual a “loca”, “marica”, “bollera”, etc. Su uso metodológico dentro de la academia se debe a Teresa de Lauretis en (1990) al dar una conferencia en la Universidad de Santa Cruz titulada Queer theory: Lesbian and Gay Sexualities, planteamiento en el que posteriormente se desprende al criticar la forma en la que se relaciona con la división sexual tradicional. Cabe destacar que, al ser una teoría crítica cultural, su recibimiento ha sido problemático, hermético y tergiversado por varios detractores.

Entre sus autores claves, podemos mencionar además de Butler, a Eve Kosofsky con Epistemología del armario, Paul B. Preciado con Historia de una palabra: Queer, Sara Ahmed con Fenomenología Queer, Charlene Carruthers en Sin concesiones. Preceptos negros, queer y feministas para movimientos radicales; Gloria Anzaldúa en Movimientos de rebeldía y culturas que traicionan, entre otres. Por supuesto, no pueden faltar las valiosas apreciaciones de Foucault con Historia de la Sexualidad I, Monique Wittig en El pensamiento heterosexual y Donna Harawey con Manifiesto para Cyborgs. En nuestro contexto mexicano, podemos ver a figuras como Siobhan Guerrero Mc Manus, Rodrigo Parrini y Norman Monroy. Entre todes estos exponentes, su fijación se centra en cuestionar las políticas identitarias al discutir su operación discursiva sobre la normalidad y operación regularizada desde la categoría sexo y no sólo el género como se sostenía desde la publicación del Segundo Sexo de Simone de Beauvior, es decir, su premisa es desencializar las identidades y desbinarizarlas al proponer más formas de ser y estar en el mundo.

Asimismo, el término queer no sólo es un instrumento teórico, sino un uso político. Su incidencia ha permitido que personas que se auto-perciben como tal, hayan radicalizado su crítica en contra de lo binarismos que han estado inmersos en los mismos colectivos LGBTQ+ y los derechos civiles que han sido expresados paulatinamente desde un punto de vista cisgénero, blanco y burgués, rechazando contundentemente la asimilación que la sociedad ha circunscrito históricamente a las disidencias sexo-genéricas. En relación con Judith Butler, su intervención fue un viraje al proponer la performatividad de género. Ya en El género en disputa y sucesivamente en Cuerpos que importan, complejiza la categoría sexo al decir que es una construcción que termina materializándose a través del tiempo, no algo singular y determinado sino una práctica reiterada de normas que son articuladas y nombradas por medio del discurso.

Para esto, conviene subrayar que la performatividad tiene un legado epistemológico interesante y discrepante, sin embargo, podemos sintetizar que, a partir de la creación de los actos lingüísticos de Jhon Austin en su obra Cómo hacer cosas con palabras, devino una metodología al manifestar cómo las palabras constituyen una realidad, aludiendo que desde el momento en que hablamos, nos basamos referencialmente en los marcos normativos de derechos y obligaciones que nos sitúan en el plano convencional, en donde participan tres componentes interdependientes: el cuerpo, el habla y el escenario social para la proliferación de las relaciones humanas. Con esto, Butler utiliza la performatividad contemplando la crítica derridiana de iterabilidad, en donde la suma de prácticas cotidianas normaliza las prácticas sociales desde la recitación del presente catapultando así, la actualidad. Aunado a ello, recurre a la noción lacaniana de repetición, consistiendo en que cada acto debe construirse como repetición desde la imposibilidad de recordarlo todo, siendo una falla en la memoria y una posibilidad de deconstrucción.

Resumiendo lo anterior, Butler sostiene que, durante la producción y recitación del sexo, hay un efecto forzado que traza los límites de los cuerpos inteligibles a través de un dominio regulador con el efecto de permanencia, frontera y superficie llamada “materia”; empero, este acto implica una repetición cuya sedimentación del pasado es irrecuperable en lo absoluto estriba a que no son estructuras eternas, lo que produce cuerpos que importan por el nivel de representación social auspiciado por la matriz binaria y de facto, heterosexual. Por esta razón, la lucha entre el reconocimiento hegeliano es una pieza fundamental para el ejercicio de la performatividad del género butleriano al problematizar la noción de los cuerpos abyectos, ininteligible e invisibles, marcados por el dominio político considerados por su lema “cuerpos que importan”.  Con esto, utiliza el concepto de precariedad al decir que todes lo somos por depender de Otro y llevar a cabo la existencia, sin embargo, amalgama esta categoría para resignificarla y visibilizar la lógica política por el de precaridad, aludiendo a cuerpos que carecen de recursos y redes de apoyo económicos y sociales; acaeciendo que se vuelvan susceptibles a estragos como la violencia y la muerte.

 

¿Por qué la performatividad de género fue tan revolucionaria?

A pesar de que la categoría género ha sido útil al momento de evidenciar la lógica patriarcal sobre los cuerpos sexuados, Butler problematiza el concepto de identidad al decir que no existe una esencia unívoca sobre el concepto de mujer u hombre, evidenciando la lógica cisgénero que culmina por vulnerar cuerpos que no son considerados igual de preponderantes al plantear el reconocimiento inteligible subyacente de su materialidad y superficie. A modo de conclusión, su propuesta fue directa, incluyente y divergente al refutar las políticas de identidad; interviniendo desde una prosa filosófica poderosa con tinta postestructuralista a fin de posibilitar una lectura redituable sobre las condiciones epistémicas que dimensionan los cuerpos impensables. La ejecución de su planteamiento ha bifurcado reflexiones para salirse de la caja binaria que traemos arrastrando por la metafísica occidental aristotélica y apuntar hacia las identidades impulsadas por una multiplicidad que tenga el mismo nivel de reconocimiento social y tener una vida vivible.

 La teoría cuir abraza esta metodología butleriana para seguir pensando en una politización donde todas las vidas sean contempladas; al mismo tiempo de desencializar ontológicamente muchas de las prescripciones que encarcelan a los cuerpos y despiertan hostilidad al carecer de representación social.

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Escribo por aquí y escribo por allá. Soy psicologue y a veces intento hacerle de activista. Tengo una mente curiosa, por eso me gusta el psicoanálisis, la filosofía y la teoría crítica. En las mañanas escribo y edito textos en una comunidad de psicologxs diversxs y en la noches me dedico a la clínica.

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