El camino de la no violencia

Al igual que diversas personas, llevo aproximadamente 15 días de distanciamiento social. En este tiempo he salido en dos ocasiones de mi casa por cuestiones laborales, y una para ir al súper. Recuerdo que, si bien ya se hablaba de la propagación del virus, aun no se materializaban medidas de suspensión de actividades o labores, hasta el domingo 15 y lunes 16.

Para mí, los primeros días fueron de una incertidumbre inmensa. Conforme ha pasado el tiempo he visto un cambio en redes sociales, cuyo contenido se ha vuelto un escenario bastante hostil, en el que personas van de bromas violentas, pasando por quienes insultan y amenazan a quienes salen de sus casos, quienes exigen información de las personas diagnosticadas o quienes las atacan, y quienes intentan generar consciencia respecto a la situación actual desde un sentido de comunidad.

Y, ojo, quiero resaltar la importancia de adoptar las medidas, como el distanciamiento social, pero en este artículo tomo como referencia la violencia que se ha dado en este contexto, para referirme al ejercicio de la no violencia. Tomando como excusa la frase de Alex Tejeida en su artículo “la cancelación en tiempos de twitter”: “creo que es mi responsabilidad generar un ambiente menos hostil y más útil, funcional e incluso apapachador.”

Pero, ¿Cómo dejamos de ejercer violencia? ¿Qué es la no violencia?

Para mí, el concepto de “no violencia” a llegado a mi vida por distintas vías, pero cada una de ellas se ha entrelazado y de manera complementaria me ayuda en el camino de su entendimiento y práctica.

Mi primer acercamiento a este concepto fue a través del yoga, cuando comencé a practicar yoga descubrí que no solamente era una práctica física, también espiritual y en cada una de las prácticas, la instructora generaba un espacio en el que nos compartía conocimientos respecto a la filosofía, fue ahí donde escuché por primera vez ahimsa.

Ahimsa es un término que procede del sánscrito, refiriéndose a la no violencia y el respeto a la vida, concepto que nace del hinduismo pero que también es utilizado en el budismo y en el jainismo. Siendo uno de los Yamas (principios de conducta externa), este nos invita a no causar dolor físico ni emocional a cualquier ser vivo, ya sea con nuestros pensamientos, palabras o acciones.

Parecería obvia la necesidad del no ejercicio de violencia. En ese momento era algo que no me cuestionaba, lastimar a alguna persona se entendía malo, pero cuando hablamos de Ahimsa no queda ahí, primero porque no solamente se refiere a la violencia contra otra persona, se refiera a la violencia contra cualquier ser vivo, llamémosle animales, insectos, ríos, bosques, etcértera, y de ahí su relación con el no consumo de carne.

Segundo, y una de las lecciones mas valiosas que me acompañan hasta hoy: el ejercicio de la no violencia inicia con no ejercer violencia contra nosotras mismas. Como personas tendemos a criticarnos o juzgarnos, ya sea por nuestro físico, nuestros sentimientos o pensamientos, la invitación es a no violentarnos con nuestros pensamientos ni acciones, a ser bondadosas con nosotras mismas y agradecer a nuestro cuerpo por permitirnos estar.

Ahimsa nos enseña que en la medida en la que comencemos a ser bondadosas con nosotras mismas, a reconocernos, abrazarnos y sentir compasión por nosotras mismas, podremos reconocer en el otro ser vivo ese mismo valor, reconociéndole, y permitiéndonos ser personas bondadosas, compasivas y transmitiendo amor a aquel ser y a todo aquello que nos rodea.

A este acercamiento más desde lo espiritual le siguió un acercamiento más académico. La discriminación y la desigualdad son temas por los que he generado mucho interés de estudio en los últimos años. En algún momento me topé con los triángulos de violencia según Johan Galtung, a través de los cuales, además de posicionar e interrelacionar las formas de violencia, se me presentó la violencia traducida como la negación de necesidades.

Si bien para ese momento entendía que la violencia podría presentarse no solo de manera física, la conceptualización de “negación de necesidades” representó incorporar algo nuevo a la perspectiva. Entendiendo violencia no solo aquella que se da de manera directa o por falta de visibilización, sino también aquella que se genera por la negación de necesidad, lo que es resultado de la estratificación social, el agrupar a personas por características como el color de piel, nacionalidad, sexo, edad, etcétera.

Julieta Lemaitre en su conferencia de TEDx “fetichismo legal” nos refiere que la violencia nos ha demostrado que socialmente no le hemos asignado el mismo valor de “dignidad humana” a todos los cuerpos, porque los hemos clasificado y en tanto le hemos dado valor distinto a cada cuerpo dependiendo de sus características, si es humano o no, o las mencionadas en el párrafo anterior.

Para mí, estas tres ideas se relacionan y resumen de la siguiente manera: el inicio del ejercicio de la no violencia radica en no auto violentarnos, ya que conforme seamos personas bondadosas y compasivas con nosotras mismas, lo podremos ser con los demás seres, permitiéndonos visualizar en ellos el mismo valor y sus necesidades a través de esta misma bondad y compasión.

La situación actual del mundo mueve muchas cosas en todas las personas, y espero que este artículo sea una invitación a reflexionar sobre las violencias que ejercemos contra nosotras mismas y contra lo que nos rodea. La no violencia es un camino constante, del que vamos aprendiendo día a día, pero creo firmemente en que es una herramienta fundamental para la construcción de Paz.

Será en el entendimiento propio y colectivo, en el que podremos construir un mundo más justo, sin violencia y paz, entendiéndola como aquel estado de tranquilidad y seguridad para todas las personas y todo lo que nos rodea.

Si llegaste hasta aquí, te agradezco tu tiempo, te deseo lo mejor en estos tiempos y te dejo dos saludos:

“Namaste” que en sánscrito podríamos traducir como “La Divinidad que vive en mí, honra y reconoce la Divinidad que hay en ti”, e;

“In Lak’Ech”, “Hala Ken”, que en maya podríamos traducir como “Yo soy otro tú” y “tú eres otro yo”.

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Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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