El aborto como un asunto de salud mental

La República del Ecuador es un pedazo de tierra que limita al norte con Colombia, al este y al sur con Perú y al oeste con el Océano Pacífico. Además, es un país que vive en el medioevo: la fuerte presencia de la Iglesia a través de sus distintas órdenes, entrelazada con la moral conservadora de las élites económicas y su incidencia directa en las políticas sociales del Estado son la causa del oscurantismo en el que vive esta pequeña nación. Es por eso que los derechos llegan tarde, mal o nunca a formar leyes y políticas concretas.

Tal es el caso de la despenalización del aborto, no fue hasta abril del 2021 que la Corte Constitucional asumió la reforma de la ley que únicamente permitía el aborto si el embarazo ponía en riesgo la vida de la madre o si era producto de una violación a una mujer que padezca de discapacidad mental. La reforma de la ley suprimió la frase “que padezca de discapacidad mental”.

Pese a que frecuentemente se ha centrado este debate en las voces de mujeres y de personas con cuerpos con la capacidad de gestar, es posible entender al aborto como un problema de salud, no como un problema ideológico. Es evidente que la lucha feminista puso el tema sobre la mesa, contra viento y marea y, que es un problema que afecta a las mujeres, pero también involucra el quehacer de las personas que trabajamos en salud. La legalización del aborto – no exclusivamente en casos de violación – y su cobertura integral en el sistema de salud público es imperiosa.

Plantón fuera de la Corte Constitucional, manifestantes pro aborto y anti derechos se encuentran en la vigilia. Vía GK

Son les médicos quienes atienden los embarazos y los partos, pero somos les psicoterapeutas quienes acompañaremos, en el futuro, a pacientes con las consecuencias psicológicas generadas por los embarazos que el Estado católico del Ecuador está forzando a mantener. La maternidad es un hito en la en la salud mental de la madre, de su entorno y de su bebé.

Las madres obligadas a parir, les hijes obligades a nacer en una familia que no les desea, les abueles que se sobrecargarán para cubrir las necesidades de todo el mundo… son algunas de las partes que verán afectada su salud mental a causa de la penalización del aborto en los términos actuales.

Si lo que nos convoca es la vocación por la salud, desde la psicología tenemos que tomar una postura clara. Tenemos que salir de la comodidad de nuestros consultorios, enfrentar el moralismo con el que se manejan estos temas, y lucha para que el derecho a la salud mental sea garantizado en todas sus instancias. Así como vaciamos nuestra mente de prejuicios cuando escuchamos a quienes se atienden en nuestra consulta, debemos avanzar para que el sistema de salud se vacíe de prejuicios y cumpla con su función.

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Psicólogo clínico, incipiente periodista.

Nací en Quito. Soy hijo de un quiteño y una tucumana. El punk siempre fue mi pasión. Creo fielmente en la palabra escrita como continente de la memoria, vehículo del alma y agente de cambio. Escribo sobre música, política y psicología.

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