El 2020. O lo que haya sido este año

Estamos ya en la primera semana del último mes del año, lo que sea que eso signifique en estos tiempos pandémicos. Es extraño verlo así cuando todo el 2020 ha sido muy agitado, plagado de acontecimientos que no concebíamos que sucederían, mucho menos uno tras otro.

Ha sido en medio de todo ese caos que me he puesto a reflexionar sobre la importancia que le atribuimos a las fechas y, en general, sobre el 2020. En los últimos meses he leído a varias personas decir que ya quieren que se acabe el año, como si al acabarse y apenas sea primero de enero de 2021, la pandemia fuera a llegar a su fin y volviéramos a aquella “normalidad” que tanto añoramos desde que inició la cuarentena. Es atribuirle una significación enorme a una fecha que, al final, es sólo un día más, aunque despierte algo en nosotres el cambiar un digito; es ponerle un gran peso a un día, como con los cumpleaños.

Siento que el ver las fechas de esta manera le resta mucho al proceso de pasar de un punto que podríamos nombrar como A, al B. Es decir, no crecemos porque hayamos cumplido un año más de vida —o sea, sí, pero a la vez no—; no cuando cumplimos 18 mágicamente nos convertimos en personas más maduras, aún si ya calificamos como «personas adultas». Crecemos por nuestras experiencias, por las interacciones que vamos teniendo, por aquello que aprendemos y de lo que nos apropiamos hasta hacer parte de nosotres. Sinceramente, dudo mucho que podamos señalar un día del calendario y decir “en este día crecí”, porque no se da de la noche a la mañana y, aunque podamos ubicar un evento que nos marcó, crecer acarrea un proceso del que muchas veces ni somos plenamente conscientes, hasta que miramos atrás y observamos el camino que recorrimos.

Creo que todas, todos y todes, hemos crecido y progresado —que sabemos que no es una cuestión lineal— este año en distintos aspectos de nuestras vidas y, definitivamente, es uno que no olvidaremos. Comenzó con las discusiones de si era o no el inicio de una década y con aquellas personas que afirmaban que sería su año. Yo no tuve ese optimismo y, para mí, el 2020 no empezó de forma muy grata; de hecho, los primeros días fueron bastante malos y los meses siguientes pre-pandemia también, con sus grandes y más que bienvenidas excepciones. Poco sabía en ese momento que nos esperaba una pandemia que parece interminable, que ha durado mucho más de lo que concebíamos y que ya nos hartamos… probablemente sea por eso que vemos el 2021 con cierta ilusión.

Da la sensación de que algunos meses han sido eternos y que otros ni duraron; han pasado mil cosas y unas parecen más cercanas que otras, incluso si cronológicamente son más distantes. Los recuerdos que tengo de enero a las primeras semanas de marzo de 2020 se sienten muy remotos, que no sucedieron en el mismo año que todo lo que vino a partir del confinamiento; es como si estuvieran en un vacío, porque no acontecieron en 2019, claro está, pero si los agrupo con “el 2020” me da la impresión de que los estoy manchando con los arrasadores sucesos tras el anuncio de la cuarentena. Simplemente están ahí —a un recuerdo de distancia, pero lejanos; están ahí, previos a la suspensión de clases y actividades no esenciales, a tener que alejarnos físicamente de espacios y personas con las que convivíamos— pero como la pandemia ha acaparado el resto del año, encuentro injusto ponerlos en el mismo saco.

El 2020 ha traído grandes pérdidas, no sólo de vidas, que publican como cifras, enajenándonos de que representan a gente que tenía una personalidad e historia únicas; también de experiencias que no se pudieron dar, reuniones que teníamos planeadas o eventos a los que ansiábamos asistir. Hemos perdido momentos y días que íbamos a compartir con otras personas, así como la supuesta calma que nos acompañaba pre-pandemia; esto ha hecho que atesoremos todavía más las memorias y vivencias previas al confinamiento, porque, si bien seguramente ya lo hacíamos, ahora miramos atrás con mayor melancolía.

Hemos tenido que adaptarnos y aprender a sobrellevar lo mejor que podamos la realidad con la que nos enfrentamos; para algunas personas ha sido más fácil que para otras. Incluso hay quienes están “agradecidas” con la pandemia porque les ha brindado la oportunidad de conocerse mejor, de realizar actividades que no habían podido hacer por falta de tiempo, etcétera, y ahí sí yo me cuestiono si se debería “agradecer” esto. ¿Acaso no deberíamos tener los espacios y tiempos para hacerlo? ¿Por qué tendría que haber una pandemia para por fin destinar un rato de nuestros días a conocernos mejor? Me parece devastador verlo así, que estemos dentro de un sistema que ni eso nos permite y lleguemos al punto de dar las gracias por esos ratos, aun cuando eso supone estar en medio de una pandemia. Y esto sólo aplica para personas que cuentan con ciertas ventajas sociales y económicas, porque una persona en situación de pobreza no lo ha de estar agradeciendo en absoluto.

En definitiva, el 2020 ha sido un año muy movido; empezó con los incendios en Australia y de ahí ha contado con una interminable lista de acontecimientos que incluye la difusión de videos de ovnis por parte del Pentágono; las manifestaciones de Black Lives Matter; la explosión en Beirut; los días de incertidumbre por el futuro presidente de Estados Unidos; los arrasadores huracanes que pasaron por Honduras, Ecuador, Nicaragua; las inundaciones en Tabasco y Chiapas; las manifestaciones en Perú contra Merino; las protestas feministas en distintas partes de México y su constante criminalización; y muchos más.

A pesar de todo, no podemos ignorar o pasar por alto aquellos momentos que disfrutamos, porque centrarnos exclusivamente en lo negativo tampoco es lo sano. Las videollamadas o los tiempos a solas, el sentido de comunidad y de una red de apoyo, una comida o una lectura a veces nos dan un atisbo de esperanza y tranquilidad. No debemos permitir que la pandemia nos “quite” igual eso, porque tristemente la situación continúa, pero necesitamos hacer ese esfuerzo (a veces gigantesco) de no dejarnos abatir por las dificultades y sacarle algún tipo de provecho, por más mínimo e insignificante que pueda parecer.

La pandemia no terminará apenas inicie el 2021, pero el cambiar un numerito nos deja a la expectativa y nos lleva a aferrarnos a eso, a que, por lo menos así, dejaremos un poco atrás lo catastrófico del 2020; sin olvidarlo, pero avanzando.

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Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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