El elefante en la habitación: educación sexual y reproductiva

Quiero empezar aclarando la perspectiva desde la cual escribiré el artículo. No soy un sexólogo, psicólogo, estudiante del área de la salud, ni experto en el tema. Soy un estudiante de derecho y voy a escribir desde situaciones que he vivido, presenciado o que mis compañeros y compañeras han atestiguado.

No crean que escribo este artículo porque yo sea el ejemplo perfecto y una persona súper educada en temas de sexualidad. De hecho, hace un par de semanas acudí a Repavih AC[1] para hacerme las pruebas de VIH y sífilis. Al presentarme con la persona que me haría la prueba, lo primero que hizo fue preguntarme el motivo de mi interés por hacérmelas y vergonzosamente dije algo falso que había leído en internet. Evidentemente el aplicador se rió y me dijo “si esa fuera una forma de contraer VIH, todos viviríamos con él”. Al darse cuenta de que yo estaba muy tostado, decidió darme los mejores treinta minutos de educación sexual que he recibido. Me hizo el piquete para ambas pruebas y mientras esperábamos los resultados me fue explicando que el método de contagio es en tres vías: agujas, transmisión maternoinfantil y penetración sin condón. Posteriormente hicimos la actividad de ponerle un condón a un dildo y si lo hacías mal, era como si te contagiaras de VIH; hablamos de los tratamientos, las personas indetectables y por último mis resultados negativos, ufff. Para esto, fui acompañado de dos personas que igual se las querían hacer y de las tres personas que fuimos, ninguna les comentó a sus familiares -aprovecho para mandarles un saludo a mi papá y a mi mamá que se estarán enterando en estos momentos- y peor aún, las tres personas estábamos relativamente desinformadas.

Vía @nachojalea en Instagram.

No les dijimos a nuestras familias, porque la sociedad hace que nos avergoncemos de nuestra sexualidad y más desde la diversidad. Hablar de la sexualidad es incómodo porque instituciones como mi facultad, lo han vuelto así. Porque se utiliza la pornografía como método de enseñanza sobre la sexualidad y a su vez de la hipersexualización, de la cosificación, estereotipos de género, de la violencia que ocasiona y por ende de no sentirnos identificados con lo que vemos en ella.

Podríamos pensar o asumir que la educación sexual es algo ya normalizado, parte del plan de estudios a nivel primaria, secundaria y preparatoria; que las escuelas están abiertas al diálogo y educación o que la sexualidad dejó de ser un tabú. Pero no, al menos no desde la Facultad en la que estudio.

Pero antes de ahondar en lo que sucede en mi facultad, quisiera brindar un poco de datos.  El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el Sida (Censida) realizaron una encuesta a jóvenes estudiantes del nivel superior cuyos resultados son los siguientes: menos del 3% recibieron educación sexual y reproductiva durante la primaria, en secundaria el 20% y en educación media superior el 9%. Además, México ocupa el primer lugar en embarazos adolescentes de acuerdo con la OCDE. ¿Preocupante? Sí. ¿Se han ocupado? No.

En la facultad en la que tengo el privilegio de estudiar mi licenciatura, se ha censurado el tema y se le han puesto inmensas barreras. Se por fuentes cercanas que ha habido personas del sector salud, alumnos, asociaciones y expertos o expertas en el tema que han querido asistir a la facultad para hablar del tema, ¿cuál fue la respuesta de la institución? En algunos casos no y en otros un si con más complicaciones que en las escuelas primaria, es decir, pura charla, sin concederles el permiso de utilizar un dildo para ejemplificar la forma correcta de colocar un condón, UN CONDÓN, el medio preventivo más seguro y común. La educación es un derecho, ejercer plenamente tu sexualidad y recibir educación sexual también lo son, pero se niega, se censura, se esconde.

Me indigna que en mi institución educativa se siga percibiendo la sexualidad como algo que “solo alborota a los y las jóvenes”. Evadir el tema aumenta los riesgos, no los disminuye. No hablar de educación sexual y reproductiva no evita que tengan relaciones sexuales, evita las relaciones sexuales seguras y responsables. Evita que conozcamos nuestro cuerpo y el de las personas a las que les queremos dar placer, evita que aceptemos la diversidad y nos cuestionemos nuestra sexualidad, pero, sobre todo, evita la no propagación de enfermedades y los embarazos adolescentes.

Muchas veces responsabilizamos a las familias de no enseñarle a sus hijos e hijas de educación sexual, pero el ser adulto o tener una vida sexual activa no te vuelve una persona facultada en el tema y eso lo aprendí en mi visita a Repavih. No todos y todas saben que un condón seguro debe tener al menos cinco años por caducar, que el VIH no se contagia por sexo oral -aunque internet diga que si-, no saben que VIH y SIDA no son lo mismo o las únicas tres vías de contagio, no saben lo que es ser indetectable[2], no saben ponerse un condón adecuadamente, que no se guarda el condón en la cartera o un lugar expuesto a altas temperaturas, no saben que aunque tengas una única pareja sexual debes hacerte las pruebas cada doce meses, etc.

No sean Alex Tejeida e ir a hacerte una prueba de VIH por las razones equivocadas que internet te “enseña” y avergonzarte de decirle a tus padres que te las realizarás. Rompamos la barrera de la vergüenza y normalicemos hablar de sexualidad.

Los y las jóvenes necesitamos educación sexual y reproductiva desde la diversidad y no desde la heteronormatividad, con perspectiva de género y Derechos Humanos, rompiendo estereotipos de género y la violencia que ocasiona, la salud sexual y la evidencia científica-laica.

 

[1] Una asociación que busca apoyar a las personas que viven con VIH, SIDA o serodiscordantes, hacer actividades en grupo y además realizar pruebas gratuitas de Sífilis y VIH.

[2] Persona que vive con VIH pero ya no es contagioso.

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Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

2 respuestas a «El elefante en la habitación: educación sexual y reproductiva»

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