Educación para los oprimidos

Encuentro en las aulas de clase mis esperanzas puestas en la niñez mexicana. No en esta cuarta transformación o más bien incipiente transformación de cuarta, tampoco las pongo en manos del gobierno ni en las generaciones de dinosaurios que siguen pensando en la familia natural como núcleo de una sociedad o que creen que “No te metas con mi hijo” es la frase válida para justificar la predicación de la homofobia.

Creo que a la niñez mexicana no se le puede dejar en el abandono, elles necesitan ser enseñados por profesores que estén conscientes de la realidad social en la cual están siendo interpelados, por profesores que incentiven al alumno o alumna a aprender por gusto y no por obligación. No por el “deber de aprender” sino por el “querer aprender”. Los maestros se encuentran incapacitados porque sus esquemas de cómo llevar a cabo la enseñanza son rígidos; sin embargo sería injusto de mi parte responsabilizar exclusivamente al profesorado y no al sistema que los deja sin herramientas para hacerle frente al cambio.

Ya no es suficiente con los modelos educativos que esperan que los alumnos y las alumnas sean recipientes en los cuales verter información. Debemos de hacer una lectura de nuestro contexto de desigualdad, de falta de oportunidades y de pobreza para entender que la replicación de modelos educativos de otros países no va a funcionar sin que se haga una adaptación étnica y cultural que tome en cuenta las necesidades educativas propias de nuestro país. El problema no es únicamente el profesorado, o los alumnos, ni tampoco el modelo educativo. El problema es estructural, se necesita que se replantee la dirección que va a tomar el gobierno para no obstaculizar el desarrollo académico y personal de la niñez mexicana. La corrupción también se infiltra en el ámbito educativo.

A todas luces, los resultados en pruebas que miden el avance o retroceso del nivel educativo de nuestra niñez mexicana arrojan que México se encuentra agazapado en comparación con otros países que conforman la OCDE. De acuerdo a resultados de nuestro país en la prueba PISA 2015, México se encuentra por debajo del promedio en las tres áreas que conforman la prueba: matemáticas, ciencia y lectura. Podría desmenuzar estadísticas respecto a la gravedad del nivel educativo del país, pero realmente resultan poco útiles para el diagnóstico.

Mi crítica con respecto a la educación que recibe la niñez de nuestro país va de la mano de aquello que no es medido directamente en esta prueba. Las habilidades que necesitan para el desarrollo personal: desarrollo de habilidades para la vida (como manejo del estrés, pensamiento crítico y creativo, autoconocimiento, empatía, entre otras) que han sido planteados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1999 o factores para la promoción de la salud mental positiva que plantea María Teresa Lluch Canut en 2015; como lo son la satisfacción personal, actitud prosocial, autocontrol, autonomía, resolución de problemas y habilidades de relación interpersonal. Estos factores fueron operacionalizados a partir del modelo de salud mental positiva de Jahoda (1958).

Todas estas son habilidades que son necesarias de ser desarrolladas para el adecuado desempeño académico y personal pues es imposible concebir el alcance del primero sin el segundo. Es urgente una educación integral que involucre la enseñanza de no sólo lo estrictamente curricular en los planes educativos, sino que tome en cuenta la diversidad, que contemple una educación sexual integral. Que sea enfocada en las necesidades específicas que tienen las diferentes comunidades indígenas y que pueda tomar en cuenta las necesidades educativas especiales sin que la población de la diversidad funcional sea enseñada de forma paralela o de manera que no se les tomen en cuenta como parte activa y necesaria para la vida en comunidad.

Para que mejore la calidad educativa de la niñez mexicana, es necesario tomar en cuenta las enseñanzas de Paulo Freire (pedagogo brasileño de inicios del siglo XX) quien a través de la formulación de la pedagogía de la esperanza, nos hace cuestionarnos: “Nadie es, si se prohíbe que otros sean”. Es fundamental que en un país en el cual a las personas oprimidas se les ha negado el derecho de poder recibir educación, debido a la precarización a la cual han sido sometidos por el Estado, se vuelvan personas con agencia y que puedan gozar de la construcción de un mundo común, un mundo mejor, uno en el que se deposite las esperanzas en una niñez que pueda ser gestora de su propio futuro y que se pueda emancipar de sus opresores.

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Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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