Despatologización de la diversidad: Todo empezó con unas manchas de tinta

Por: Mauricio Saldivar Lara (@mawsaldivar)

Tal vez cuando pensamos en psicología viene a nuestra mente la imagen de un hombre en traje sastre de color marrón, mostrándole a su paciente una serie de láminas con manchas de tinta para que este diga lo que ve en ellas y así adentrarse a su mundo inconsciente. Esta prueba proyectiva se conoce con el nombre de Test de Rorschach que, si bien hoy en día ha sido objeto de severas críticas por la falta de evidencia psicométrica, durante la primera mitad del siglo XX ostentó ser el instrumento más poderoso con el que contaba la psicología para realizar sus diagnósticos. Quién diría que unas cuantas manchas de tinta salpicadas en un papel darían inicio a un largo camino por la despatologización de la homosexualidad, pero más importante aún, es que este trayecto no sería iniciado por este varón de aspecto freudiano, sino por una mujer muy poco conocida.

En la década de 1950, dos hechos eran tomados como verdad en el campo de la psicología: (1) Las mujeres poseían menores capacidades intelectuales que los varones y, en consecuencia, menores posibilidades de ejercer la psicología o cualquier otro trabajo que no fuera el doméstico; (2) La homosexualidad era una desviación, un trastorno, una enfermedad que debía de curarse, producto de una profunda insatisfacción con une misme. Ante esta marea de adversidades, la estadounidense Evelyn Hooker lograría concluir sus estudios de licenciatura, maestría y doctorado en el campo de la psicología, y enfocaría sus esfuerzos al estudio despatologizante de la homosexualidad.

Hooker fue profesora en la Universidad de California y ahí entabló amistad con Sam From, uno de sus estudiantes que salió del closet con ella, situación poco común para aquella época. Inspirada por la amistad que había desarrollado con su estudiante, Hooker decidió emprender un proyecto de investigación con varones gays, con el propósito de demostrar que sus perfiles psicológicos no diferían del perfil de los varones heterosexuales como para sospechar que la homosexualidad fuera una patología. Para llevar a cabo su objetivo, reclutó 30 varones homosexuales y heterosexuales, los evaluó con pruebas proyectivas, especialmente con el Rest de Rorschach que, como mencioné, era uno de los tests más prestigiosos de su momento. Con los perfiles hechos le pidió al psicólogo Bruno Klopfer y a otros expertos en interpretación de Rorschach que identificaran a los participantes por su orientación sexual. El resultado fue que ninguno de los expertos logró distinguir entre el perfil de un varón homosexual y uno heterosexual, ni siquiera cuando uno de los evaluadores pidió una segunda oportunidad para hacerlo.

Si bien hoy podríamos criticar elementos del método, entre ellos el hecho de que el Test de Rorschach no es un buen predictor confiable de un perfil psicológico, eso no demerita el enorme impacto que tuvo su estudio ¡estamos hablando de la década de 1950! Donde la homosexualidad no solo era pensada como una enfermedad, sino que se encontraba en el orden de lo inmoral y lo criminal. El trabajo de Hooker fue uno de los más arriesgados para su época y fue motivo de escarnio por parte de sus colegas, pero aún así sería un proyecto que bien valdría la pena.

Los resultados de la investigación fueron presentados en 1956 dentro de la convención anual de la Asociación Estadunidense de Psicología (APA por sus siglas en inglés), que es el referente internacional más importante en el campo. Sin embargo, no fue hasta la década de 1990 que su trabajo se reconoció como el primer antecedente de una psicología que buscó deshacerse de sus atavismos heteronormativos y permitió la discusión al respecto en el campo de las ciencias del comportamiento. Lamentablemente, el camino aún se encontraba lleno de obstáculos y haría falta más que una investigación para poder ganar esta batalla en contra de la patologización de la homosexualidad, pero la piedra estaba ya puesta.

El psicólogo Peter Hegarty llama a la década de 1960 y 1970 como la “Revolución de los no-pacientes”, pues en estos años tomaron lugar diversas manifestaciones por parte del colectivo LGBTI+ en contra del discurso médico-jurídico que les patologizaba. Uno de los momentos más importantes dentro de la psicología fue el intento de Evelyn Hooker en 1969 por formar un grupo de trabajo en el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos, justo meses posteriores a las protestas de Stonewall para derogar las leyes en contra de la “sodomía”. Sin embargo, esta iniciativa fracasó. Ante la limitada apertura de los especialistas de la salud mental por hablar sobre la homosexualidad como un término despojado de la patología, los grupos de activismo comenzaron a utilizar acciones directas, específicamente una protesta durante la reunión de la Asociación Médica Americana y otra en el encuentro de la Asociación Psiquiátrica Americana.

En 1971 se da la primera exigencia formal por borrar del Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales (DSM) a la homosexualidad y después de foros entre activistas y algunos psiquiatras como Robert Spitzer, la homosexualidad sale en 1973 del Manual. Para la segunda mitad de la década de 1970, una variedad de especialistas en psicología y psiquiatría se unen al grupo de trabajo iniciado por Evelyn Hooker para crear consensos desde el campo de la salud mental y derogar las leyes que criminalizaban a las personas homosexuales con fundamentos científicos, así como a construir terapias encaminadas a la autoaceptación. El 58 % de los miembros de la Asociación Americana de Psiquiatría decidieron que ya no manejarían a la homosexualidad como un diagnóstico. En este mismo periodo los grupos activistas además exigieron a estas autoridades de la salud mental, eliminar todas las intervenciones conductuales por medio de electrochoques y otras formas de tortura para buscar modificar la orientación sexual. Sin embargo, la Asociación consideró que había gente que sí buscaba cambiar su orientación y estas terapias de conversión permanecerían en el gremio médico por muchos años más. Sería hasta el 17 de mayo de 1990 que la Organización Mundial de la Salud eliminaría a la homosexualidad de su Clasificación Internacional de Enfermedades.

¿Pero qué ocurría en México? En la década de 1960 se crearía el Instituto de Capacitación Criminalística del Poder Judicial del Distrito Federal que tendría entre sus propuestas una fuerte campaña propagandística antihomosexual, así como su criminalización. Este hecho que arremetió contra la población LGBTI+, y los movimientos que se estaban gestando en Estados Unidos, impulsaron en México la creación del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, Grupo Lambda y el Colectivo OIKABETH. Los movimientos en nuestro país se instalan en una crítica necesaria a los modelos únicos de familia, el capitalismo y el discurso médico-jurídico que patologizaba la homosexualidad en nuestro país.

La posterior transformación del marco médico favoreció y reforzó el movimiento LGBTI+, pero la homo/lesbo/bi/transfobia siguió instalada en la estructura de las sociedades modernas. Además, pese a las indicaciones de la Asociación Psiquiátrica Americana y de la APA para abolir cualquier acción que busque modificar la orientación sexual, algunas de estas prácticas se mantuvieron sin que ningún proceso regulatorio interviniera al respecto tanto en México como en otros países.

En 2019, por iniciativa del colectivo YAAJ México se creó un grupo de trabajo que, en coordinación con la Organización de las Naciones Unidas, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (COPRED) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) generamos un documento en México dirigido a especialistas de la salud mental. El documento se titula “Nada que curar”, y es una guía que además de establecer una serie de lineamientos encaminados a la atención digna, ética y correcta de la población LGBTI+; también funciona como una denuncia contra cualquier esfuerzo por corregir la orientación sexual y la identidad de género (ECOSIGs). Este documento fue un antecedente para la posterior aprobación de la reforma del artículo 206 bis al código Penal local para penar las terapias de conversión con una sanción de 2 a 5 años de prisión y de 50 a 100 horas de trabajo comunitario.

Otra conquista es la de la comunidad trans que, en 2018 y tras varias décadas de lucha, logró sacar a la transexualidad de la lista de enfermedades mentales de la OMS.  Aún así, falta mucho por hacer y visibilizar desde el campo de la salud mental. Asimismo, carecemos de protocolos y formación de personas psicólogas sensibles a la existencia de la diversidad sexo-genérica, los programas educativos a veces ni siquiera incluyen una sola asignatura en cuestiones de género y sexualidad o cuando las incluyen son optativas. Especialistas de la salud mental, aun sesgados y sesgadas por una sociedad imbricada en las lógicas binarias, piensan la existencia de las identidades trans, no binarias, lésbicas, homosexuales e intersexuales en términos de patología, pues los protocolos internacionales que afirman lo contrario parecen perderse en el camino a nuestro país.

Existe aún una deuda epistémica y práctica de las ciencias de la salud mental con las disidencias sexo-genéricas. A este recorrido aún le falta un gran tramo, pero estoy convencido, porque la historia así lo ha demostrado, que estas ciencias tienen la capacidad de desmantelar desde adentro sus discursos hegemónicos. Al fin de cuentas, quienes nos dedicamos a este campo no estamos aquí para patologizar, sino para acompañar, visibilizar y fortalecer a todas las personas que así lo necesiten. Una psicología crítica y una psiquiatría que abrace la diversidad son posibles, de lo contrario, el trabajo de Evelyn Hooker no tendría sentido.

 


Documentos que pueden ser de interés:

Guerrero-McManus, Siobhan. (2013). ¿Naces o te haces?. Paidós.

Hegarty, Peter (2018). A recent history of lesbian gay psychology. From homophobia to LGBT. Routledge.

Milar, Katharine (2011). Evelyn Hooker’s groundbreaking research exploded the notion that homosexuality was a mental illness, ultimately removing it from the DSM. Recuperado de: https://www.apa.org/monitor/2011/02/myth-buster

Organización de las Naciones Unidas (2019) Nada que curar. Guía de referencia para profesionales de la salud mental en el combate a las ECOSIG. Recuperado de: https://www.unodc.org/documents/mexicoandcentralamerica/2020/PrevencionDelito/Nada_que_curar_2020.pdf

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