Desistimiento, detransiciones y les temibles niñes trans

Por Julianna Neuhouser (Twitter: @julie_neuhouser )

Al principio del año, después del fracaso de la toma del capitolio, las fuerzas conservadoras de los Estados Unidos parecían derrotadas. Habían perdido la Casa Blanca y las dos cámaras del congreso, Donald Trump estaba siendo investigado por evasión fiscal en el estado de Nueva York, y el partido republicano había sido infiltrado por la secta conspiranoica Qanon. Urgía un cambio de marca, un nuevo enemigo. Lo encontraron en la amenaza de les temibles niñes trans.

En lo que va del año, más de 30 estados en Estados Unidos han presentado proyectos de ley que intentan limitar los derechos de las personas trans. Algunos intentan prohibir la participación de personas trans en los deportes (en algunos casos, los políticos que promueven esas leyes no han podido nombrar ni una sola persona trans que practica o quiere practicar algún deporte en su estado), otros buscan criminalizar a los doctores que den recetas de bloqueadores de pubertad (un medicamento originalmente desarrollado para niñes cis) a niñes trans. El estado de Texas clasificaría el apoyo familiar a les niñes trans como una forma de abuso infantil.

Pero irónicamente, el terreno ideológico para esa ola de odio fue preparado por los liberales. En 2019, una alianza de estados conservadores y asociaciones de médicos religiosos demandaron al gobierno federal por el derecho de discriminar en contra de pacientes trans. En la demanda, citaron un artículo de 2018 de la revista liberal The Atlantic, con el título “Your Child Says She’s Trans. She Wants Hormones and Surgery. She’s 13”. Cuenta la historia de una familia que, al principio, acepta a su hije trans, y después empieza a caer en comportamientos que, aunque el artículo quiere pintar a los papás como los héroes de la historia, suenan a abuso, como negarle acceso a servicios de salud y el internet. Al final, su hije aprende a conformarse con su género asignado al nacer. Este fenómeno – que un niño o adolescente que se identifica como trans en su juventud pueda alegremente volverse un adulto cisgénero – se llama “desistimiento”, y se ha vuelto uno de los temas claves en los debates sobre las infancias trans en los Estados Unidos.

Una confesión: Yo soy una de esas adolescentes trans que desistieron. En la prepa, me travestía de manera regular, había salido del clóset con varios amigos y parientes, leía libros de Kate Bornstein de manera obsesiva. En el tercer año del bachillerato, sin embargo, simplemente dejé hacerlo, así de repente. ¿Duró mi desistimiento? Sí, por varios años. Parecía que había superado una confusión adolescente, y finalmente podía seguir con el curso normal mi vida. Pero siempre hay un retorno de lo reprimido, y lo que pensaba que era desistimiento realmente era una vuelta al clóset. Los estudios que enfatizan el fenómeno de desistimiento no toman en cuenta que ese desistimiento también puede ser temporal.

Mientras tanto, los pocos estudios de mediano plazo sobre infancias trans y las mejores prácticas sugeridas por organizaciones como la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero o la Asociación Estadounidense de Psicología recomiendan un acercamiento de afirmación y aceptación a las infancias y adolescencias trans. Por su parte, las personas que abogan por un acercamiento más crítico hacia las infancias trans dependen del testimonio de les llamades “detransicionades”, un grupo de personas que habían hecho una transición social y a veces médica, y que luego se arrepintieron para así regresar a su género asignado al nacer.

En el abstracto, no tiene nada de malo transicionar y luego detransicionar. El éxito del momento de la literatura trans en inglés – Detransition, Baby de Torrey Peters – habla justo sobre este tema, y con mucha empatía. Y está el caso de David Bowie, quien se presentaba en entrevistas como bisexual en los años 70, y décadas después dijo que, durante todo ese tiempo, había sido un “hetero de clóset”. Pero en ningún momento dejó de apoyar a la comunidad LGBT+, simplemente era una cuestión de sus propias preferencias y prácticas sexuales – y, de hecho, dijo que la razón por la que se había equivocado a la hora de juzgar su propia sexualidad era por su profunda admiración a esta comunidad. Por otro lado, ya conocemos bien los casos de los “ex-gays” que abandonan la comunidad para posteriormente atacarla y descalificarla. La comunidad de detransicionades busca presentarse como el caso de Bowie, pero esto es así por meras relaciones públicas; de facto, tienen mucho más en común con la comunidad de ex-gays.

“Cuando entré en la escena de las detransicionadas”, dice Ky Schevers, un hombre trans que había detransicionado por un tiempo, “casi todas eran radfems”. Schevers dijo que tenía dudas sobre su transición hace 7-8 años, y empezó a consultar blogs que le ayudaban a explorar sus dudas, pero fue reclutado por otras mujeres que habían detransicionado y traían una agenda política, al punto de que dichas mujeres terminaron por llevarle al festival de música Michfest que para entonces celebraba sus últimas ediciones. En ese entonces, el festival estaba perdiendo muchas artistas y asistentes debido a sus políticas transfóbicas, pero antes de su cierre en 2015 llegó a ser un refugio para mujeres detransicionadas, con talleres y pláticas sobre este tema. Eventualmente ese grupo terminaría colaborando en diversas publicaciones que llamaron la atención de la derecha estadounidense. La Academia Americana de Pediatras – a pesar de su nombre “profesional”, un grupo de odio anti-LGBT – y sitios pro-vida como el Life Site News empezaron a interesarse en historias de mujeres detransitionadas. Más tarde, cuando esas narrativas empezaron a circular en los medios, hubo cierto lavado de su radicalismo. “Representaron mal lo que muchas de las detransicionadas piensan”, afirma Schevers. Según él, los reporteros querían tomar una postura centrista que reconociera tanto las necesidades de las personas trans como de las mujeres detransicionadas, pero al hacer esto terminaron ignorando el radicalismo anti-trans de las detransicionadas. “Muchas creen que ninguna identidad trans es real”.

En el Reino Unido, una demanda por parte de una mujer detransicionada de nombre Keira Bell en contra de la clínica de género del Servicio Nacional de Salud logró detener el uso de bloqueadores de pubertad entre personas menores de 16 años en una decisión que ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional. Aunque Bell quiere presentarse simplemente como una víctima de negligencia médica, es claro que está muy involucrada con múltiples círculos de odio al punto de haber defendido a Parker Posie, una radfem famosa por su racismo y vínculos con la ultraderecha europea, cuando esta última sostuvo que grupos de hombres armados debían entrar a los baños de mujeres para atacar a mujeres trans. Su abogado, Paul Conrathe, por su parte, ha argumentado que el Internet necesita controles para impedir la difusión de contenido trans. Este mismo abogado ha argumentado en otros casos que les menores de edad no pueden dar su consentimiento para interrumpir un embarazo.

Este pánico moral alrededor de las infancias trans amenaza con llegar a México. El 30 de abril, el día del niño, hubo una marcha en contra de las infancias trans en la ciudad de Mexicali; esta marcha fue organizada por grupos “pro-familia” de la derecha mexicana. Tania Morales, presidenta y fundadora de la Asociación por las Infancias Transgénero A.C., ha dicho que estos grupos son una amenaza constante, pero no tanto por sus marchas sino más bien por su discurso. “Lo que quieren es hacer que los padres piensan que son sus hijos”, dice, refiriéndose a la consigna “con mis hijos no te metas”, la cual niega los derechos de las familias diversas. “Nuestras familias también son familias”. Agrega que lo que le preocupa es que el Frente Nacional por la Familia (FNF) podría unirse con grupos feministas que están en contra de las personas trans, para así propagar sus ideas en la población más joven evitando en este sentido que este sector sea capaz de impulsar el cambio. “El panorama legal para las infancias trans es un poco desolador”, dice, pero agrega que es probable que México evite lo peor de las leyes anti-trans de los Estados Unidos porque “sí somos parte del sistema interamericano de derechos humanos,” explicando que este tipo de legislación discriminatoria sería violatoria de los tratados internacionales que ha firmado México.

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