Derecho Internacional: ¿un mal necesario o un refuerzo del imperialismo actual?

Por más ilustrativos que sean los artículos del Yuca, déjenme aclarar que este artículo –en particular– no pretende dar una respuesta definitiva a su pregunta planteada. Sin embargo, el contexto actual amerita un planteamiento inicial de estos cuestionamientos. Desde el 10 de mayo, las fuerzas aéreas y terrestres de Israel han atacado el norte ocupado de Gaza. Como consecuencia, más de 200 personas han muerto y más de 1500 personas han resultado heridas en tan sólo 9 días. Ante esto, el Consejo de Seguridad de la ONU discutió emitir una declaración que exigiera un alto al fuego entre Israel y Hamas. Sin embargo, Estados Unidos ejerció su derecho al veto dentro del Consejo y detuvo la concretización de dicha declaración. El país hizo esto después de aprobar una venta de armas de 735 millones de dólares y haber otorgado el 20% del financiamiento total que dispone el presupuesto de defensa del Estado de Israel bajo el concepto [de] “ayuda”.

La Carta de las Naciones Unidas establece el mantenimiento de “la paz y la seguridad internacional”, los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos dentro de sus propósitos. La Carta basa los propósitos de las Naciones Unidas en el principio de igualdad soberana para todos sus Estados y, con base en sus objetivos, las Naciones Unidas proclaman órganos como el Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia para fortalecer su capacidad de resolver conflictos. Sin embargo, conflictos como los que están sucediendo en Israel ponen en duda la efectividad de estos propósitos: cuestionan la veracidad del respeto entre naciones y pueblos más allá de la redacción de los tratados internacionales, y traen una pregunta a la luz: ¿el Derecho Internacional es una colectivización necesaria para lograr la paz internacional? ¿O es un mecanismo que reemplaza al colonialismo con una opresión imperialista basada en el concepto de Estado-Nación?

 Desde su concepción, la idea de un Derecho Internacional ha sido criticada y debatida. En términos simples, sus orígenes se dieron con el Tratado de Westfalia y el final de la Guerra de Treinta Años. El libro de James Crawford, Brownlie’s Principles of Public International Law[1], sintetizó algunos de los argumentos hechos por diversos autores en favor o en contra del Derecho Internacional como concepto después del siglo XVII. El precursor de estos argumentos fue Christian Wolff, quien reaccionó al Derecho Internacional como un Derecho que pretendía ser secular, fortalecerse con el consentimiento de las naciones y contar con principios universales de justicia. Wolff afirmó que una sociedad colectiva no podría ser posible hasta que los Estados-Nación promovieran una entidad universal que tomara el lugar de un Estado Supremo. Las ideas de Wolff emergieron al mismo tiempo que la idea kantiana de una liga de paz (foedus pacificum), la cual sugería la idea de una federación de Estados republicanos unidos bajo leyes coercitivas que garantizaran la paz y la libertad. A partir de estos principios, numerosas líneas de pensamiento expresaron su apoyo o crítica de estas ideas. Por un lado, filósofes como John Austin y H. L. A. Hart fueron críticos de la idea de un Derecho Internacional, ya que no era un Derecho que contara con herramientas de adjudicación o aplicación, o que trascendiera las sanciones morales u hostiles hacia otros países. Por otro lado, autores como Ian Brownlie, John Finnis o Benedict Kingsbury defienden el concepto de Derecho Internacional, ya que lo atribuyen como un sistema que los países utilizan para resolver conflictos que no se podrían resolver de otra manera a nivel mundial. Estes autores apoyan la flexibilidad del concepto de soberanía con respecto a su necesidad de ser simbiótico con las necesidades del Derecho Internacional. Aún más, el autor Martii Koskiennemi indicó que el Derecho Internacional era un balance entre la apología y la utopía, el cual sólo sería útil si sus normas son vinculantes y concretas con respecto al comportamiento de cada Estado-Nación.

Asimismo, el libro de Crawford indicó que la ONU sostiene sus estipulaciones actuales como consecuencia de los desastres de la Segunda Guerra Mundial. El libro reconoció que el Consejo de Seguridad cuenta con miembros permanentes como consecuencia de no lograr prevenir una guerra con la Liga de las Naciones y el voto igualitario entre sus miembros dentro de su Consejo Principal de Justicia Internacional en los años ’30. El derecho al veto surgió de la necesidad de la ONU de garantizar derechos humanos para todos sus Estados miembros y de ser vinculante en sus capacidades sin reservar el uso de la guerra como una amenaza dentro de sus tratados.

Sin embargo, el diseño de la ONU y sus órganos han constituido otros problemas. La Convención de Montevideo estableció el precedente de que un Estado cumple con un territorio como un requisito para ser Estado, lo cual Crawford interpretó como un elemento problemático, ya que la doctrina ha ampliado el concepto de territorio a la aglomeración de una comunidad política consolidada, más allá de cuestiones de expansión y límites terrenales.  Un ejemplo es el conflicto israelí-palestino, ya que la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU intentó establecer dos Estados-Nación con base en dos comunidades políticas distintas (una Palestina árabe y un Israel sionista) en 1947. Sin embargo, la resolución no causó resultados pacíficos: sólo exoneró al Reino Unido de cualquier responsabilidad que el Estado pudo haber tenido por dividir las tierras palestinas; además, propició tensión entre las dos comunidades políticas (la cual resultó en la guerra israelí-árabe de 1948), causó un desplazamiento agresivo de millones de palestines hacia otros lugares en la península arábiga y dejó un legado de conflicto bélico constante en tierras que vivían, relativamente, en paz antes de la Primera Guerra Mundial y la consecuente intervención europea. El conflicto israelí-palestino exhibe las dificultades de un mundo homologado en Estados-Nación; muestra que los criterios para conformar un Estado no son unilaterales, pueden causar guerras y no están sujetos a la única mirada hegemónica de un Derecho Internacional supremo.

La escritora Yásnaya Elena dijo sobre esto: “[l]a existencia de un par de centenares de Estados en el mundo choca con una realidad: la existencia de miles y miles de naciones que quedaron encapsuladas dentro de esos doscientos Estados”. Aún más, la autora afirmó que “estos Estados construyeron prácticas y narrativas homogeneizantes que niegan la existencia misma de otras naciones, naciones con lengua, territorio y pasado en común”, y que, “[p]ara formar la equivalencia Estado-nación, los Estados modernos se han empeñado en combatir la existencia de otras naciones”.  A pesar de que determinar si el Derecho Internacional es una herramienta que ayuda al imperialismo nacionalista contemporáneo es un proceso complejo, los eventos recientes en Gaza han mostrado que el Derecho Internacional no es una herramienta perfecta: enfrenta la soberanía de cada país al implementar sus decisiones y, constantemente, sigue intereses neocolonialistas que no siempre respetan los propósitos de igualdad soberana para todos los pueblos. Aún así, ¿el Derecho Internacional es una herramienta opresora? ¿La idea de una comunidad internacional bajo reglas coercitivas es una idea que merece ser erradicada? Al enfrentar problemas gigantescos (como el cambio climático) en un mundo tan arraigado con el concepto identitario de Estado-Nación, el Derecho Internacional tal vez sea la única herramienta que busque activamente la prevención de conflictos y la garantía universal de Derechos Humanos en un nivel supranacional. ¿Podrá deslindarse de los intereses imperialistas que lo controlan actualmente? Eso, por desgracia, quedará por verse.

¿Podemos hacer algo por lo que está pasando en Gaza?

Como participantes del Derecho Internacional, les individues pueden sentir impotencia sobre los problemas que están aquejando al mundo. Por lo pronto, éstes pueden pedir que su gobierno se posicione en contra de las atrocidades que están ocurriendo en Gaza, como lo hicieron alumnes del Colegio de México. Otras maneras son donar a organizaciones que proclaman dar ayuda médica y humanitaria a quienes no la tienen frente al conflicto, como Medical Aid for Palestinians. Sin embargo, la legitimidad y la blanquitud detrás de estas organizaciones varía, por lo cual hay que ser cuidadoses.

[1] James Crawford, Brownlie’s Principles of Public International Law (Reino Unido: Oxford University Press, 2012), 8va. edición, documento PDF, doi: 10.1093/he/9780199699698.001.0001

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Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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