Demócratas hacia 2020: izquierda contra centro

La siguiente elección presidencial de Estados Unidos se acerca cada vez más y el panorama representa un dilema para los demócratas: ¿un candidato(a) que enarbole los ideales de izquierda radical o uno(a) moderado que sea capaz de ganarse a la base electoral de Trump?

Mientras que el electorado estadounidense joven y las minorías se inclinan por una agenda de izquierda más radical, otro sector de votantes prefiere a un candidato más moderado. Y es que, para ganar la elección presidencial, será necesario recuperar lo perdido en 2016, así como conquistar a la base electoral de Trump: la clase blanca trabajadora.

La postura demócrata se puede dividir en dos principales rubros: aquellos que van por un seguro médico universal y la supresión de los seguros privados (como Warren y De Blasio) versus aquellos que prefieren que las personas escojan qué seguro privado prefieren (como O’Rourke). Aquellos que van por pagar los préstamos universitarios de los jóvenes (Sanders) contra aquellos que no consideran que esto sea una prioridad. Aquellos que buscan una mayor regulación de la economía interna contra aquellos que no están a favor de la regulación estatal. Aquellos que tienen como prioridad el voto latino como O’Rourke, Castro y Booker, contra aquellos que no lo consideran tan importante.

Estados Unidos tiene crisis sociales con muchas aristas: primero, la clase trabajadora que le dio la victoria a Trump en 2016 debido a descontentos económicos; olvidarlos no ayudaría a la causa demócrata, pues es este sector el que puede marcar la diferencia. Millennials que acaban endeudadísimos al terminar la carrera universitaria, 12% de los adultos mayores sin un seguro médico, la situación migratoria, entre otras. En suma, las prioridades del electorado han cambiado y los demócratas tienen que entender sus necesidades si no quieren que el populismo otra vez tome la elección.

Y es que, mientras que Donald Trump ha enarbolado la política exterior como una de sus principales estrategias electorales, probablemente esto no le sea suficiente. Los republicanos usualmente son más activos en materia de política exterior, pero Donald Trump no ha obtenido un triunfo tangible más que semi victorias que se han mediatizado. Los demócratas aquí tienen una oportunidad de lucrar políticamente con la pobre política exterior de Donald Trump y proponer una más cooperativa y menos sustanciosa económicamente hablando, para así poder enfocarse en los problemas que al electorado aquejan.

Aunque es poco probable que la izquierda radical sea la triunfante en el partido demócrata, la presión de Sanders y Warren ha obligado a los demócratas a poner en la agenda temas que antes no consideraban. Estas medidas, que se asemejan a las de un Estado de Bienestar, son probablemente las que pueden convencer a los electores de esta vez otorgar la silla presidencial al partido demócrata. Aunque, si los demócratas optasen por un candidato de centro moderado de la clásica élite política como Biden (quien además no está contando con el respaldo de Obama), queda en duda si Joe podría unir a las minorías y al grueso de la clase trabajadora, o si sería visto como un político lejano que no entiende las necesidades de la gente y la agenda progresista, como ocurrió con Hillary Clinton en 2016.

Los demócratas tienen que escoger a un candidato que sea lo suficientemente carismático (como en su momento lo fue Obama) para unir a todas las minorías, pero también lo suficientemente consciente de las necesidades económicas de las personas que suponen medidas que muchos verían como “radicales”. Un candidato que, además, priorice la política interior y reestablezca los lazos dañados en la exterior. Y aunque todos los candidatos, por supuesto, se han pronunciado contra Trump, mandar un mensaje de “él es malo” no será suficiente si el electorado considera que Trump sí atiende sus urgencias y otros no lo harán; los demócratas necesitan reconquistar el Rust Belt que votó por Trump en 2016 para poder obtener la victoria, uno que se entregó al republicano populista porque se vio olvidado por las élites demócratas. El partido demócrata tiene que reinventarse y escoger entre apostar por las medidas “radicales” o jugársela de nuevo con un moderado.

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Tengo 23 años, estudio Relaciones Internacionales y vivo en la Ciudad de México.

Me gusta leer, salir a correr con mi perrita y soy una apasionada de Mafalda. Mis temas de interés son: desarrollo en América Latina (pobreza, desigualdad, democracia y elecciones, derechos humanos), relaciones Norte-Sur y feminismos.

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