Debilidad institucional y corrupción

El jueves pasado fue detenido en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, California, el militar Salvador Cienfuegos, quien fuera el Secretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Y es que nuevamente, el Estado mexicano brilló por su ausencia pues la captura fue realizada por la Drug Enforcement Administration (DEA), y al parecer será juzgado por el sistema judicial norteamericano, ya que enfrenta algunos cargos relacionados al narcotráfico y lavado de dinero en ese país. 

Es profundamente lamentable que ya tengamos décadas “combatiendo al crimen organizado y narcotráfico” en México y que de poco hayan servido las estrategias hasta ahora implementadas frente a los miles y miles de casos de personas asesinadas. Y es que justamente al ser un problema tan complejo requiere de estrategias multifactoriales, sí, pero ¿qué sucede con la debilidad institucional de nuestro gobierno mexicano frente a esta situación?

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló en su informe sobre “Corrupción y Derechos Humanos” de diciembre de 2019, que respecto del crimen organizado se han registrado “otras formas de relación con el aparato estatal cuando a través de funcionarios corruptos, han establecido formas de asociación criminal con organizaciones delincuenciales.” (Ver informe). Es decir, se configuran formas tan complejas de relación entre el aparato estatal y el crimen organizado, que la misma corrupción pasa a ser parte del actuar cotidiano, y en consecuencia, se desvía completamente al Estado del cumplimiento de sus deberes.

Bien decía el exsecretario de las Naciones Unidas, Kofi Annan, en el prefacio de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción que la corrupción propicia el florecimiento de la delincuencia organizada, y para nuestra mala suerte, un factor de riesgo en el fortalecimiento de las organizaciones criminales, principalmente las referentes al narcotráfico, ha sido la debilidad de las instituciones de seguridad y justicia, así como la ya mencionada corrupción. 

Por otro lado, el mito popular de que el Ejército mexicano es la institución de mayor confianza y lealtad en el país resulta una burla y una mentira frente a los múltiples actos de corrupción y las constantes violaciones a los derechos humanos de la ciudadanía mexicana. ¿Qué esperamos de esta institución cuando el exsecretario de la Defensa Nacional está involucrado en actos de corrupción a ese nivel?

Como sociedad hemos llegado a tal extremo que en muchos de los ámbitos estatales y municipales a lo largo y ancho de la nación, las autoridades en vez de servir a la sociedad se han convertido en partes activas y defensoras de la delincuencia organizada. La debilidad y tendencia a la corrupción no sólo son factores esenciales para el crecimiento de la delincuencia, sino que lo más grave es que nos dejan a la ciudadanía en la más completa indefensión frente a una delincuencia cada vez más voraz, violenta y poderosa

Así, la debilidad (e ineficiencia) de toda la cadena institucional responsable de la seguridad y la justicia (ejército, policías, ministerios públicos, jueces y sistema penitenciario) que deja indefensa a la sociedad, es la otra cara de la moneda de la delincuencia organizada con descomunales poderes. 

Considero importante señalar que la violencia no se puede explicar sin la omisión del Estado y que necesitamos más eficiencia en el combate a la corrupción. Eso incluye que como ciudadanía nos involucremos más activamente en la vigilancia del actuar de nuestras autoridades, así como en la participación de tomas de decisiones políticas. Lo dejo para la reflexión.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

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