De hombres con vestido, tacones y uñas

En días recientes se publicaron fotografías del cantante Harry Styles posando protagónicamente con vestidos y faldas para la revista Vogue. Al igual que con todo el styling de su último álbum Fine Line, los señalamientos homofóbicos por parte de quienes sostienen estos discursos, así como las críticas por parte de la comunidad LGBT+, persistieron.

Días después, la revista BadHombre publicó una serie de fotografías del actor Alejandro Speitzer con vestido y looks asociados a lo femenino. Sin embargo, los señalamientos a la revista se dejaron ver, ya que, en la descripción de las fotos publicadas en Instagram, cuestionaban: “¿Por qué un hombre heterosexual cisgénero puede usar vestido y ser celebrado, y otras personas son asesinadas en las calles por lo mismo? […]” Esto, a pesar de que su modelo fuera un actor cisgénero (cuya identidad de género coincide con el sexo percibido y designado al nacer), heterosexual y con un cuerpo apegado a la norma.

La conversación se avivó. En parte, en redes celebraban las fotografías y que el cantante “rompiera estereotipos de género”. Por otro lado, había quienes condenaban dicha celebración y señalaban que las fotografías son bien percibidas únicamente por ser un hombre blanco, cisgénero y famoso, cosa que no sucede con hombres homosexuales, bisexuales, queer o de la diversidad; que son racializados o con cuerpos no hegemónicos y cuya expresión de género no es asociada con lo masculino.

En el contexto de esta conversación surge la interrogante: ¿Pueden o deben los hombres heterosexuales posar con vestidos, uñas pintadas o tacones?

Creo que son interrogantes que nacen en un debate en el que, claro está, no hay un consenso y al ser así, no pretendo tener -la verdad- o dar por resuelta la discusión. Lo que creo es que a veces nuestra caja de resonancia y nuestros procesos avanzados nos aíslan de otras realidades y claro, de empatía.

Quiero comenzar contando una experiencia, con el debido consentimiento del titular. Hace poco más de un año, mi hermano se preparaba para asistir a su primera marcha del orgullo LGBT+ en Mérida. Yo todavía no me identificaba como bisexual pero asistí en mi calidad de “aliado” y acompañando al grupo de Amnistía Internacional Yucatán. Para aquel gran evento, mi hermano quería ponerse uñas acrílicas con los colores de la bandera LGBT+ y “pidió permiso” a nuestra madre y padre. Su respuesta fue una contundente negativa, acompañada de gritos y regaños de que _eso_ no estaba bien. No es la clase de homosexual que quieren de hijo, lo que sea que eso signifique.

Llegó el día y mi hermano efectivamente fue con la gran uña para la marcha. Al llegar a casa, los regaños no se hicieron esperar. Ofensas, homofobia, adjetivos y violencia. Yo solo recuerdo ver a mi hermano gritando y llorando por lo que le decían y por cómo lo hacían sentir. Claro, para mi padre machista y homofóbico, eso era de maricones. No para un gay discreto, como querían a su hijo.

Creo que todos los hombres que nos hemos pintado las uñas o los que se han puesto prendas no relacionadas a lo masculino, que se han drageado o puesto un par de tacones, tenemos muchas historias que contar. Están los que han sido golpeados en sus casas al ser descubiertos. Están los que son echados de sus hogares, amenaza hecha a mi hermano aquel día. Están los que nunca lo hacen por miedo. Los que lo hacen a pesar del miedo. Están los que han sido víctimas del odio. Están incluso los que son asesinados por ello.

¿Es un tema de racismo y clasismo o de orientaciones sexuales y expresiones de género?

Yo creo que sí es un tema de orientaciones sexuales y de expresión de género, pero también creo que hay una interseccionalidad y una lectura distinta cuando esa orientación y expresión la acuerpan hombres racializados y con cuerpos diversos. Creo que no debemos polarizar el tema. Sí, un Ricky Martin o un hombre heterosexual son leídos de forma distinta y con mayor aceptación a uno sin esos privilegios. Debemos tener esa conversación porque sabemos que dentro y fuera de la comunidad LGBT+, el racismo y clasismo están presentes. Pero también creo que muchos hombres no famosos, de cualquier cuerpo y condición social; pueden tener muchas historias de violencia al querer expresar el género de distinta forma.

Quizás Harry Styles y Alejandro Speitzer no son los ideales y tampoco consideraría que rompen estereotipos de género, estrictamente. Quisiéramos ver a un joto racializado en esas portadas o a más personas trans. Quisiéramos ver un cuerpo diverso. Quisiéramos que ya no fuera un tema en boca de todes. Que la lectura de los cuerpos fuera menos invasiva, agresiva, blanca y occidental.

Desafortunadamente hoy, día que escribo el artículo, vi a alguien decir que Billy Porter, un actor afroamericano, joto y amanerado, es parte del problema. Sí, lo que hizo la revista BadHombre es sumamente desafortunado. No puedes mantener un discurso en pro de las personas LGBT+ y fotografiar a un hombre cisgénero y heterosexual. En eso estamos de acuerdo. Pero si Billy Porter tampoco nos parece, ¿entonces qué o quién?

Estoy de acuerdo en que quizás no lo debemos celebrar. Pero tampoco le voy a decir al joto con un padre misógino que sigue en el clóset, que no lo admire y viva su fantasía a través de las fotos de Harry Styles o cualquier otro. O alegrarme porque mi mamá relaciona la normalización de las uñas pintadas, con decirme que ya vio a tal o cual famoso en la tele con uñas pintadas. Quizás dentro de nuestros círculos progres, en donde teorizamos y repensamos los temas, no es lo idóneo y podemos tener la conversación de una representación menos hegemónica y conlonial. Pero no podemos negar que para muches, esos hombre podrían representar esperanza y supervivencia.

Coincido con lo que señala Alok Vaid-Menon cuando le preguntaron su opinión sobre las fotos de Harry Styles:

“¿Estoy feliz de ver a Harry Styles ser elogiado por burlar abiertamente las normas de género en la moda? Sí. ¿Las mujeres trans de color reciben elogios por hacer lo mismo todos los días? No.

[…]

Podemos reconocer este momento sin precedentes y al mismo tiempo recordar que solo podría haber sucedido debido a la resistencia de las mujeres trans de color. Nosotras que durante décadas estuvimos presas por la legislación del travestismo.

No se equivoquen: Las mujeres trans de color comenzaron esto y continúan enfrentándose a su reacción. Nuestra estética llegó a lo mainstream, pero no nuestros cuerpos. Todavía se nos rechaza por ser “demasiado” y “demasiado queer”, por no ser lo suficientemente agradables para la blanquitud y heteronormatividad.

¿Es culpa de Harry? No. Es culpa del sistema transmisógino y racista.”

Alok Vaid-Menon

Las personas trans y los hombres GB+ con expresiones de género diversas no perpetúan estereotipos de género, los transgreden. Las mujeres también rompen estereotipos de género. Una conversación no contrapone la otra. Dejemos de anular una por decir que a la otra le falta visibilidad. Al final, cuando hacemos esto, invisibilizamos y negamos experiencias.

Creo que incluso se confunde que Harry Styles solo vaya, se tome fotos y le paguen, con lo que se dice en la opinión pública, y también creo que se nos olvida que la lectura es distinta desde las experiencias y discriminaciones que nos atraviesan y lo que acuerpamos. Se vale abrir conversación, pero quizás invitaría a bajarle a la violencia y subirle a la empatía. A escuchar y no necesariamente opinar.

Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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