De disculpas y errores

Coautoría por Alejandro Tejeida y Noelia Jiménez.

 

La presente administración nos ha llevado a pensar en algunos momentos de su gestión que las ideas o decisiones parecen espontáneas. Tomadas sin premeditaciones, muchas han tenido un impacto mediático que da mucho de qué hablar. Ese ha sido el caso de la carta enviada por el presidente al Rey de España y al Papa Francisco en la que les hace la petición de que hagan un relato de agravios y pidan perdón a los pueblos originarios de México por los abusos cometidos durante la Conquista española. En suma, que se disculpen por las violaciones a lo que hoy conocemos como derechos humanos.

El comunicado de Andrés Manuel, provocó diversas reacciones en aquellos que se enteraron de ello. Algunos, pidiendo perdón al rey en redes sociales, diciéndose avergonzados de lo sucedido; y otros, defendiendo la acción. Pero ¿qué implicaciones tiene lo que hizo el presidente?

El anuncio: las formas sí importan en la diplomacia

El presidente Andrés Manuel, abordó el tema de una manera muy hostil e informal diplomáticamente hablando. Y el problema es que en la diplomacia, las formas importan mucho. Madrid ya respondió con un rotundo no a la solicitud del presidente mexicano, pues lamentó que el contenido de la carta se hiciera público y afirma que los hechos del pasado no pueden ser juzgados a la luz contemporánea.

Tanto en la diplomacia como en la política, el pragmatismo es superior a las decisiones reaccionarias. Andrés Manuel tiene un punto válido, pero las formas en las que lo aborde pueden sabotear todo su objetivo: el punto no es suficiente.

Por memoria histórica

Sin embargo, a la luz de la historia, los perdones de nación a nación sí tienen un peso que no podemos negar. Aunque es realmente un gesto simbólico, es uno que habla del reconocimiento de abusos cometidos por un Estado hacia otro. Ejemplos hay muchos, siendo todos ellos en aras de darle a la memoria histórica el peso que merece.

La memoria histórica importa, y la redignificación de los pueblos indígenas en México, también. Decir que es un tema irrelevante por los años que han pasado, no es un argumento que tome en cuenta la importancia de la memoria para las sociedades, y solo hace lo que por años se ha perpetuado: la invisibilización de los indígenas de México. El tema es mucho más profundo. Cerrar temas de debate que por siglos se han infiltrado en nuestra identidad nacional, en nuestra visión de qué lugar tenemos en el mundo, es algo que puede hacerse a través de un replanteamiento de la historia. Sin embargo, es pertinente poner sobre la mesa dos puntos: España no conquistó México estrictamente hablando, por lo que el perdón no debería de exigirse hacia el Estado mexicano –el cual no existía–, sino a los pueblos originarios. Además, al no ser ese perdón para toda la nación mexicana, no es un tema que nos deba representación a todos y todas. El perdón no es para todas las personas, sino es para los que han sido ninguneados, olvidados, invisibilizados por el Estado mexicano y por el sistema internacional.

En suma, la memoria histórica es importante y sirve para replantearse el lugar de los pueblos en el mundo, pero este recuento debe de hacerse a quienes corresponde y en las formas y contexto que merecen. Los símbolos importan, pero se quedan huecos si no vienen acompañados de cambios concretos.

Prioridades y contexto: ¿es oportuno su planteamiento?

El problema principal en las cartas enviadas por el presidente no radica tanto en el hecho, la idea o el contenido de ellas. El problema son las formas, el contexto y el momento en el que decide hacerlo.

Las cartas no debieron ser enviadas. Se hace la petición en medio de violaciones a derechos humanos por parte del Gobierno Federal durante la gestión por la construcción del Tren Maya en la que no se ha hecho la debida consulta previa, libre, informada, culturalmente adecuada y de buena fe a las aproximadamente 82 comunidades indígenas afectadas. Esto, acorde con en el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales y en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que establecen que debe consultarse mediante procedimientos apropiados y en particular por instituciones representativas, a los pueblos y comunidades indígenas sobre los asuntos que “potencialmente les afecten”.

Un acto diplomático que pudo tener una relevancia sumamente importante y de sanación en nuestro país, pierde todo tipo de credibilidad y relevancia en el contexto con el que se hace. Las palabras no valen nada cuando las acciones van en un sentido totalmente contrario, la insistencia por parte de activistas y sociedad civil para que se hiciera esa consulta ha sido incesante, pero el gobierno no ha decidido rectificar y los trabajos del Tren Maya han seguido su curso. Una disculpa de España, El Vaticano y de Andrés Manuel hubiera sido el escenario de un espectáculo político interesante, pero no hubiera sido digno de orgullo o celebración cuando esas comunidades están siendo violentadas hoy por el gobierno actual. Siguen siendo un grupo en situación de vulnerabilidad al que todos los presidentes acuden únicamente a “ayudar” en sus campañas, teniendo un efecto de “atole con el dedo”.

Lo que este gobierno prometía, ser diferente y gobernar por primera vez para ellos, se ha quedado en las palabras. Lo que tenemos es una buena idea mal ejecutada. Es valioso que se coloque este planteamiento en la mesa. Dar a los pueblos originarios su lugar en nuestra historia pasada, presente y futura. Sin embargo, fue un mal momento, en un mal contexto, por un mal emisor. Se convirtió en un acto superfluo, meramente político, cuasi mediático y cuasi diplomático. La seriedad que no le dio el presidente comunicándolo por facebook en un evento informal sin el Secretario de relaciones exteriores, tuvo el mismo eco en los receptores -tanto la ciudadanía mexicana como en España-. Nos deja un mal sabor de boca, una incongruencia espontánea en vez de un acto serio y valioso. Se necesitan actos, no palabras, se necesita concebir a los pueblos originarios como lo que son: sujetos de derechos humanos y no sujetos de panfleto político.

 

Fuentes consultadas:

Opinión de Alfredo Ávila, historiador mexicano. https://twitter.com/alf_avila_/status/1110549200352075776

Opinión de Gabriel Guerra, analista de política nacional e internacional. https://twitter.com/gabrielguerrac/status/1110360683097387008

https://elpais.com/internacional/2019/03/26/mexico/1553566159_533541.html

https://www.eluniversal.com.mx/nacion/sociedad/se-debe-consultar-pueblos-indigenas-sobre-tren-maya-cndh

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Tengo 23 años, estudio Relaciones Internacionales y vivo en la Ciudad de México.

Me gusta leer, salir a correr con mi perrita y soy una apasionada de Mafalda. Mis temas de interés son: desarrollo en América Latina (pobreza, desigualdad, democracia y elecciones, derechos humanos), relaciones Norte-Sur y feminismos.

Aquí escribo mis opiniones y mis preguntas.
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