¿Cultura mexicana de la corrupción? Parte II

“Rechazo categóricamente las acusaciones en mi contra que aparecen en diversos medios de comunicación”, “siempre he actuado con legalidad en las responsabilidades que he desempeñado como servidor público”, “es un complot político en mi contra”, “que me lo prueben en tribunales”, ¿nos suenan estas frases? Creo que son bastante comunes cuando se señalan o atribuyen actos de corrupción a determinadas personas que trabajan en el servicio público, o que trabajaron en administraciones públicas pasadas.

La corrupción en el servicio público en México siempre da de que hablar y no lo dejará de hacer, tomando en cuenta que nuestro país sigue siendo, de acuerdo con Transparencia Internacional en 2019, el país peor evaluado entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en la posición 36 de 36 países miembros.

Y es que recientemente, fue presentado ante un juez federal, el director de Pemex durante la administración de Enrique Peña Nieto, Emilio Lozoya Austin, acusado de lavado de dinero, cohecho, asociación delictuosa, entre otros, debido a diversos actos de corrupción, principalmente del conocido caso de Odebretch y de la aprobación de la Reforma Energética.

¿Pero qué es lo que normalmente sucede cuando ocurren situaciones de esta índole en nuestro país? ¿Qué hacemos como sociedad? ¿Cuál es nuestro papel? Porque lo que generalmente ocurre cuando una persona servidora pública comete un delito o genera un daño al erario público por actos de corrupción, la consecuencia, en el mejor de los casos, es un despido de su cargo o quizás una sanción económica que habitualmente será muy inferior a lo desviado/robado y casi nada comparado con las afectaciones que generó, no hablemos siquiera de las afectaciones a los derechos humanos, que ese es otro tema muy importante.

Luego entonces, si la conducta fue muy evidente y públicamente cuestionada, podrá girarse una orden de aprehensión y comenzarse un proceso penal. Si llegara a dictarse prisión preventiva como medida cautelar, probablemente se pueda evitar la cárcel con un amparo, dependiendo del juez o jueza que te toque. Cualquiera que sea la suerte del caso, después de varios años se archivará el expediente. Ya nos sabemos la historia.

“La corrupción sólo se puede combatir con leyes duras efectivas” leo en los comentarios de noticias en las redes sociales de El Universal y Proceso, y pues sí, pero nada de eso funcionaría (o funcionará) si no contamos con una plena participación de una sociedad civil que alce la voz para hacer evidente su hartazgo.

En este país es necesario que las cosas cambien para que la ciudadanía pueda recuperar la muy dañada credibilidad en las autoridades, ¿pero cuál es el camino a recorrer? Lo deseable es fortalecer la ruta de la concertación social, de la transparencia y la vigilancia permanente hacia el gobierno en todos sus niveles y de manera independiente. Para ello, deberíamos vigilar que la ley obligue a todas las personas servidoras públicas en lo individual y a todas las áreas de gobierno para que tengan una completa rendición de cuentas.

Sí, ya tenemos mecanismos de vigilancia gracias al Sistema Nacional Anticorrupción, pero nadie me dejará mentir, no está funcionando como debería, pues existen comités de coordinación y de participación ciudadana que están incompletos, además de que todavía existen algunas entidades federativas que ni siquiera lo han implementado adecuadamente. En suma, no ha sido eficiente.

Las y los diputados podrán hacer modificaciones a las leyes, pero es papel de la ciudadanía inconformarse y ejercer presión al gobierno para que la lucha contra la corrupción tenga resultados. Creo que desde nuestras trincheras, desde cada sector, podríamos ejercer más presión, vigilancia y denuncias.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *