¿Culpa por sentirnos mal?

Debido a la pandemia, hemos tenido que cancelar y posponer planes y salidas que a lo mejor esperábamos con ansias para este periodo e incluso en los meses que están por venir. Hemos tenido que dejar cosas “en espera”, muchas que ni sabemos cuándo podremos retomar.

Nos hemos perdido -o cambiado de formato en el que los vivimos- cumpleaños, festividades, reuniones con amistades y familia y muchas otras interacciones cara a cara que estaban programadas para estas fechas y que se han visto afectadas por el confinamiento. A causa de esto, he visto a mis amigas y otras personas quejarse, estar tristes o decepcionadas por la cancelación de sus planes, y yo me incluyo; por eso mismo, he notado que estas quejas o lamentos acarrean un sentimiento de culpa: culpa por sentirse mal, por estar tristes.

El otro día leí a alguien decir que extrañaba ir al cine, y tuvo la necesidad de aclarar que “es consciente que hay personas que lo están pasando peor”; también a otra persona que dijo que extrañaba a su pareja, a quien no veía en meses y con quien iba a reunirse en algún punto de las semanas anteriores, ya en medio de la contingencia, y que por la situación claramente no pudo: igual sintió necesario aclarar que sabe que hay cosas más urgentes y malas. Esto me llevó a cuestionarme, ¿acaso no es válido entristecernos por ese tipo de cosas? Es decir, esa urgencia de recalcar que sabemos que está sucediendo algo peor es porque hemos visto que debemos minimizar aquello que nos aflige, porque hay alguien más que “lo tiene peor”.

Honestamente no me parece que debamos seguir por esa línea, ¿no deberíamos poder quejarnos? Aunque sea para desahogarnos, que en muchas ocasiones es todo lo que hace falta, el externar cómo nos sentimos y que alguien nos escuche. En redes sociales, esto se vuelve un tanto tedioso; una persona puede publicar que “está triste porque su viaje se canceló”, y alguien puede leerlo y pensar “ay, qué terrible” de manera sarcástica, y aunque evidentemente el mensaje original venga de un lugar de privilegios que le permiten viajar, detrás de esa oración pueden venir mil cosas que se están pasando por alto de la realidad de quien lo publicó; quizá esa persona estuvo ahorrando un largo tiempo para realizar ese viaje; quizá le hacía mucha ilusión y estaba esperando para poder visitar un determinado sitio; quizá iba a ver a una persona querida que no había visto en años; o, sí, quizá era solo de un/una whitexican que no iba a poder hacer su décimo viaje del año.

Esto de que “hay alguien que lo tiene peor” para desacreditar los sentimientos de una persona me recuerda mucho a lo que he escuchado cuando alguien externa, por ejemplo, que tiene depresión, porque qué más da si “hay niños muriendo en África”. Y no es porque ese problema sea menor, pero, ¿por qué parece que esos problemas personales no deben tener importancia? Lógicamente hay gente que lo tiene peor, hay gente que lo tiene peor hasta en nuestra misma calle, pero que nos quejemos de cosas que nos molestan o entristece por esta situación -o por cualquier otra en realidad- no es sinónimo de que tengamos cero empatía por las demás personas, o que no hagamos nada para combatir esas problemáticas.

Expresar nuestro descontento ante la situación que atravesamos no debería venir acompañado por esa presión de comunicar que sabemos que podríamos estar peor o que otras personas lo están. A veces solo queremos externar que estamos inconformes con lo que está pasando, que no pudimos hacer lo que ya teníamos planeado y creíamos, erróneamente, que eran prácticamente un hecho y lo único que hacía falta era esperar. 

Algo tan trivial como decir que extrañamos ir por un helado, o quejarnos de que se canceló un proyecto o reunión porque involucraba estar fuera y juntarse con más personas parece que no es algo que podemos expresar tranquilamente en estos momentos, ya que son cosas no esenciales y podemos prescindir de ellas. Si bien esto es cierto, también es verdad que necesitamos interactuar y convivir con otras personas y esto no ha sido posible debido a la pandemia; y claro que tiene sentido que nos amargue ver nuestros planes cancelados o pospuestos. Creo que no está de más recordar que no por ello somos personas egoístas (a menos que estemos saliendo por cualquier cosa innecesaria u organizando reuniones como si nada), sino que simplemente queremos quejarnos porque realmente no podemos hacer nada para cambiar las cosas; no por quejarnos va a mejorar algo… pero al menos nos desahogamos. No podemos estar queriendo verle el lado positivo a todo siempre, y es más que válido sentirnos mal.

Todes estamos viviendo, en mayor o menor medida, momentos difíciles, tenemos contextos diferentes y estamos lidiando con ello como podamos; nos afectan cosas distintas y no de la misma forma, por lo que estaría bien ser más empáticas con las demás personas, y con nosotres igual -y no solo ahora, sino siempre-, porque a veces somos quienes primero descalificamos nuestros sentimientos y pesares diciendo que “no es gran cosa”, que “estamos exagerando”, o eso mismo de que “otra persona lo tiene peor”. Permitámonos y permitamos que otres se quejen de aquello que no han podido hacer o no harán debido al estado actual en el que nos encontramos, ya sea una graduación, un viaje, una ida a la playa o simplemente una salida con otras personas. Encontremos los medios para expresarnos -a través de la escritura o hablando con alguien- y desahoguémonos un rato sin sentir culpa.

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Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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