Crónica de un 9 ausente

-Alín Ávila (Cuarta Ola)

@alin_avor

Tengo 20 años, soy mujer, estudiante, hija, amiga, hermana, pero sobre todo SOY FEMINISTA. El orgullo que me da decirlo es inmenso después de años en los que lo negué; me daba pena o simplemente no quería reconocerlo porque ¿quién sabe qué pensarían los demás? Hoy más que nunca lo quiero gritar. El domingo 8 de marzo regresé a casa con la sonrisa más bonita y sincera que he tenido en años, fui a la marcha feminista más grande que se ha visto en México. Imagínense, si el gobierno dice que fuimos 80 mil, cuántas en cifras reales no habremos sido. ¿Será que al sistema le asusta anunciar la cifra real?

Ese día pude comprobar que el cambio se está haciendo, que estamos tirando esos estigmas sociales que hicieron reprimir mi naturaleza durante años, y acompañada de mi hermanas de lucha salí a gritar. Gritamos tan fuerte por todos esos años de represión que vivimos las mujeres, gritamos por todas aquellas que por el simple hecho de ser mujeres ya no están con nosotras. Recuerden bien, desde lo más hondo de su corazón, que ellas ya no están con nosotras por un macho que desde el privilegio de ser hombre las mató. El domingo gritamos tan fuerte y juntas que estoy segura que aquellas que ya no pueden estar con nosotras lo escucharon.

Lágrimas, felicidad, SORORIDAD —ja, funfact: el programa aún me marca la palabra como no reconocida— se vio el día de la marcha. Abuelasgritando “lo que no tuve para mí, lo quiero para ellas”.

Comprobé que la revolución no va a ser, la revolución YA ES y es FEMINISTA. Viví una marcha que si bien se las podré describir en un par de cuartillas, nada se compara con lo que sentí. Para empezar, tuve el privilegio de ir con mi mamá, unam que siempre me enseñó a luchar por lo que quería, pero debido a la sociedad —machista— en la que fue educada no terminaba de entender mis ganas de gritar, tirar y quemar todo para defender la lucha. Siempre la escuché y traté de exponer, con algunas peleas de por medio, claro, las exigencias mías y de mis compañeras. Gracias a esto logré que el domingo, con todo y las diferencias de pensamiento que persisten fuéramos juntas a la marcha. Y Hablando de mis compañeras, no puedo dejar de agradecerles por todos los esfuerzos que hicieron para poder asistir con personas mayores.

Ese día se trató de hacernos presentes, para que el sistema patriarcal en el que vivimos sintiera que las mujeres vamos con todo y que “América Latina será toda feminista”. No es temerle al aborto, no es temerle a una chavas que van haciendo pintas a monumentos, pues, como dicen por ahí “miedo el que vivimos todos los días”.  

No señor presidente, el feminismo no nació el día en que entró a la presidencia. El feminismo nació antes que su abuelo.

Este comentario, nos lleva al día después. El paro de mujeres a nivel nacional del día 9 de marzo, fue el día para hacernos ausentes. Si el ocho nos escucharon, el nueve no.

El 9 fue un día para que notaran que NO ESTÁBAMOS, que si un día desaparecemos se les complica la vida. Si mañana yo no llego a la escuela, o a trabajar el día no sigue igual.  De eso se trataba el paro señores, que si un día una de nosotras no regresa, desafortunadamente para nuestra sociedad la vida sigue como sin nada. Sin importar que nos encuentren en una bolsa de basura, en una maleta, descuartizadas, desolladas, asesinada con tal saña que termina por reconocernos por un pedazo de piel o un diente. Sientan nuestra ausencia y luchemos por que nunca una mujer vuelva a desaparecer por el simple hecho de ser mujer.

Me dio gusto ver a varios de mis compañeros deconstruirse, que asistieran a las actividades preparadas por las diferentes instituciones para aprender del tema. Es algo de DEBEN hacer. que es un proceso difícil (ya que a nosotras nos ha costado años de trabajo), pero necesario.

El 9 también me costó trabajo como mujer. El no salir a la calle, el no utilizar mis redes sociales, el no consumir servicios de streaming, y el simple hecho de no asistir a la escuela me dolió. Me puso a pensar en las 10 mujeres que no llegan día a día a su casa, en esas que tenían muchos sueños por cumplir, a aquellas que les arrebató junto a su familia sus planes y el amor.

El martes yo pude regresar con cientos de mujeres mexicanas, pero eso si 10 menos que las que se fueron a paro el lunes. Ayer regresamos a hacer una ceremonia por aquellas que desaparecieron el mismo día de la marcha. No saben respetar nuestro dolor, se sienten tan impotentes que deciden burlarse de aquellas que se manifiestan. En la oficina me contaron que los hombres lamieron de si, literalmente no sabían cómo comportarse; cuentan que el gimnasio al que asisto estaba vacío, que eran “onvres” en las calles. Existen centros educativos que tan no saben respetar nuestro dolor que decidieron que en el marco de nuestra protesta del 9 de marzo, dejarían a sus alumnos  jugar videojuegos.

Que si somos histéricas, nah, solo buscamos el lugar que nos corresponde. El hartazgo y las ganas de sobrevivir nos trajeron hasta aquí. ¡Háganse responsables de sus actos! ¡Den la cara! ¿Les damos miedo? Ustedes nos quitaron hasta el miedo. A esos que se hacen pasar por aliados y esperan que se les reconozca por ello, lo están haciendo mal.

En fin, la revolución solamente comenzó. Falta mucho por hacer, sin embargo ya nadie nos va a parar. Morras: quemen todo, ¡vivas se las llevaron, vivas las queremos!

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