El Colegio Electoral, en pocas palabras – O por qué el voto de unos importa más que el de otros

A más de uno y una sorprendió la victoria de Donald Trump como presidente de Estados Unidos hace cuatro años. Por semanas estuvimos escuchando que las encuestas nacionales arrojaban a la candidata Hillary Clinton como ganadora de las elecciones por un margen considerable. La exsecretaria de Estado podía no ser muy popular, pero no era tan desestimada como aquel candidato racista y misógino que ahora habita la Casa Blanca. Seguro que Clinton sería presidenta. Sin embargo, es difícil olvidar la desolación que muchos y muchas sentimos al ver que Trump se hacía con la presidencia aquel 9 de noviembre de 2016. Por eso, conforme noviembre se acercaba este año, un aire de ansiedad cubría las expectativas de unas nuevas elecciones en el vecino del norte. El día de las elecciones vimos cómo, de nuevo, se pintaba el mapa gringo de rojo, y con horror algunos pensamos “Oh no, va a suceder de nuevo”. Peor aún, sería la tercera vez en 20 años que el candidato con menos votos populares es elegido como presidente. Pero… Pero… ¿no Biden es el candidato más popular? ¿No lo era Hillary Clinton también? ¿Y Al Gore, se acuerdan de él? ¿Por qué en Estados Unidos no es presidente quien gana más votos, como aquí en México?

Esta incertidumbre cada vez que las y los estadounidenses van a las urnas para elegir un nuevo mandatario o mandataria, se debe al Colegio Electoral (CE). Mientras que, en el resto de las democracias del mundo el jefe o jefa de Estado es elegido o elegida por medio del voto popular, de tal manera que quien tenga más votos gana la elección, en Estados Unidos hacen las cosas diferentes.The American way” (El estilo americano) consiste en usar un modelo de votación indirecta, con el Colegio Electoral como órgano intermediario. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando las y los estadounidenses votan, en realidad están informándoles a las personas que conforman el CE, por qué candidato o candidata quieren que el estado vote. El candidato que reciba más votos de la ciudadanía, también llamado el voto popular, se lleva todos los votos electorales de ese estado.

Es importante también saber que cada estado tiene un número de votos electorales que depende de las y los representantes que tienen en la Cámara Baja y las y los Senadores que tienen en la Cámara Alta. La siguiente imagen sirve para ilustrar este último punto:  

Imagen adaptada de RepresentUs

Nueva York, al tener una población mucho más grande que Dakota del Sur, tiene 27 diputados y diputadas en el Congreso, mientras que Dakota del Sur solo cuenta con 1. Aún así, ambos estados tienen 2 senadores o senadoras a su nombre. Para saber cuántos votos del Colegio Electoral tiene algún estado en particular, sólo hace falta sumar diputados y diputadas más los senadores y senadores de cada uno y ese es el “peso” que tiene en la carrera por la presidencia (29 y 3 respectivamente). En total, si se suman todas las y los funcionarios públicos de ambas Cámaras del Congreso de Estados Unidos, además de 3 electores que le dan a Washington D.C. (el Distrito Federal estadounidense), hay 538 votos electorales en juego cada elección presidencial. La o el que quiera ser presidente, como si llenara un álbum del mundial de Panini, tiene que reunir la mayor cantidad de estados, con sus respectivos votos electorales, hasta alcanzar la mayoría, que son 270 votos electorales. Básicamente esto significa que, para ser presidente en EU, no importa cuántas personas hayan votado por ti en total, sino cuántos y cuáles estados captures

¿Qué implicaciones tiene este sistema electoral en la democracia estadounidense? 

La primera consecuencia está relacionada con la forma en que se distribuyen los votos electorales entre los estados. Como ya vimos, hay una relación entre los votos del colegio electoral que tiene cada entidad y su población, más dos senadores. Esto resulta en una representación del voto ciudadano en el Colegio Electoral desigual. Si tomamos a Nueva York (NY) y Dakota del Sur (SD) como ejemplo de nuevo, podemos ver que NY tiene una población de 19.5 millones, mientras que SD tan solo cuenta con poco más de 885 mil. Cada uno de los 29 votos electorales de NY entonces representa a aproximadamente 672 mil personas. Por su parte, con tan solo 3 votos electorales, en SD un voto electoral vale por poco menos de 300 mil. Esto hace que el voto de un ciudadano o ciudadana en Dakota del Sur valga casi dos veces y media más que el de alguien en Nueva York. 

Si uno busca, podemos encontrar discrepancias similares entre otros estados: un voto californiano vale 3.5 veces menos que el de una persona de Wyoming, al igual que comparando Vermont y Texas, por lo que tres votos texanos valen lo que uno en Vermont. Puede haber “una persona, un voto” (one person, one vote), pero no todos los votos ciudadanos valen lo mismo en la contienda presidencial

El segundo efecto se siente al momento de hacer campaña y tiene que ver con la cantidad de votos electorales que tiene cada estado, cómo se asignan estos últimos, y el umbral de 270 para ganar. La clave aquí es que el número completo de votos electorales de cada estado se le otorgan al candidato que gane la mayoría de los votos populares. Cada carrera electoral es entonces una cuestión de todo o nada, y lo único que hace falta para ganar todo, es tener una mayoría, por más mínima que sea. Biden, por ejemplo, parece haber ganado Pensilvania por una diferencia de apenas 0.7% (hasta al momento que esto se escribió), y aún así, se llevó los 20 votos electorales completos. Donald Trump ganó los 16 votos de Michigan por una diferencia de 0.3% en 2016. Al Gore se quedó sin ninguno de los 29 votos electorales de Florida por 537 votos, es decir, 0.01% del voto popular del estado. Como lo más importante es ganar la mayoría de los votos, las campañas presidenciales se enfocan en ciertos estados clave, llamados swing stateso “estados bisagra o columpio”, que se caracterizan por no tener un partido preferido definido y contar con una gran cantidad de votos electorales. Es aquí donde la verdadera pugna por la presidencia toma lugar. A diferencia de California, que Hillary Clinton no visitó ni una vez, o Texas, a donde Trump fue una sola vez, estados como Florida, Michigan o Pensilvania reciben a los candidatos presidenciales cada 4 años, cada uno con la esperanza de llevarse el “carro completo” en la carrera hacia los 270 votos electorales. Este 2020, Biden visitó Pensilvania un total de 21 veces rumbo a las elecciones, y Trump fue a Florida 11 veces. El resultado, suele ser una carrera presidencial con campañas y programas electorales que apelan a los problemas o intereses de ciertos estados, pero carecen de cohesión o planeación nacional

Por último, visto que los votos electorales por estado se ganan por “todo o nada”, el Colegio Electoral no sólo distorsiona el peso de cada voto popular y la forma de hacer campaña, sino incluso el mismo principio de representatividad de la democracia estadounidense. ¿Por qué? Porque, hipotéticamente, un candidato podría reunir tan solo 11 de los estados con más votos electorales y ganar la presidencia. Es más, es posible ganar la elección y ser presidente o presidenta con tan solo 23% del voto popular

Si el Colegio Electoral es tan mal sistema, ¿Por qué lo conserva Estados Unidos entonces? La lógica detrás del CE es complicada y está marcada por el legado de racismo y supremacía blanca que caracteriza a los Estados Unidos. El Colegio Electoral surgió originalmente como un compromiso entre los fundadores del país vecino que permitió que los estados del sur, donde la esclavitud estaba permitida, pudieran tener mayor poder para escoger al ejecutivo; y tal sistema ha sobrevivido hasta pleno 2020, más de 200 años desde que se diseñó.  Aunque ha habido iniciativas para remplazar una institución tan arcaica por un simple voto popular como en el resto del mundo, los senadores de los estados sureños han rechazado cualquier intento de reforma desde 1816. En vista de que el partido que más se beneficia del sistema actual es el Republicano, un Senado controlado por la Grand Old Party tiene todos los incentivos para conservarlo en el futuro cercano. Sin grandes prospectos de ver desaparecer el Colegio Electoral, nos vemos en 4 años, cuando tiremos una moneda al aire de nuevo para tratar de adivinar quién será el nuevo presidente o presidenta de Estados Unidos, producto de un sistema electoral tan defectuoso, que sus mismos participantes se preguntan: ¿Mi voto siquiera importa?

Estudiante de Ciencias Políticas y Derecho Internacional en un Programa de Doble Titulación entre L'Institut d'Études Politiques de Paris (Sciences Po) y the University of British Columbia.

Obsesionado con el estudio del poder, me dedico a interpretar, evaluar y explicar eventos, patrones y estructuras de política.

Yucateco primero. Lo único que me gusta más que una buena conversación es un buen café

Una respuesta a «El Colegio Electoral, en pocas palabras – O por qué el voto de unos importa más que el de otros»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *