Carta a las niñas con estrellas en los ojos que sueñan con la ciencia

Para escribir en la columna de política y sociedad, por lo general mis artículos llevan muchísimo trabajo de investigación previo. A pesar de que juegue con mi estabilidad emocional, trato de mantenerme al tanto de los sucesos en el mundo.  Constantemente actualizo mi biblioteca virtual con diferentes escritos que puedan ayudarme a encontrar las respuestas de la realidad social, política y económica que me rodea. Por una parte, lo hago porque vivo en esta constante búsqueda de las verdades objetivas y transformadoras. Por otra parte, para que todes aquelles que me leen cada quince días puedan formar sus propios análisis más allá de los rincones que alcanzan el eco de mi propia voz.

Yo crecí en un ambiente sumamente privilegiado donde desde pequeña se me inculcó esta creencia radical de que en la ciencia, la medicina y el conocimiento estaban todas las respuestas. Por esto, a veces me cuesta un poco de trabajo abordar el mundo desde una perspectiva sensible. Me siento sin fundamentos ni metodología que respalde lo que estoy tratando de explicar. Es como si mi voz regresara a la multitud y se perdiera entre todas. Sin embargo, creo que compartiendo esto, mi voz puede resonar con alguien. La intención es que lo haga.

La decisión de escribir esta carta vino por una serie de condiciones externas a mi persona. Por un principio, el impartir un taller de metodología de la investigación —¡Al que pueden acceder aquí mismo!— que me recordó la inmensa ilusión que me hace la disciplina sociológica. En el lado menos egoísta, el haberme correspondido con otras mujeres que se dedican también a la labor de la ciencia y encontrar ese sentimiento tan bonito de hacer comunidad. Y en una nota menos agradable, el haber retomado mis clases regulares de la carrera donde predomina la masculinidad académica.

En esta ambivalencia donde la ciencia me apasiona muchísimo, pero constantemente me topo con estas agresiones simbólicas, no me ha dejado más espacio en la cabeza para escribir sobre alguna otra cosa. Es por esto que escribo esta carta.

No sé si es para mis amigas científicas, o para las niñas del futuro. Tal vez en el fondo es para mí.

Para las niñas que sueñan con hacer ciencia el día de mañana.

Tus hermanos y tus amigos de la escuela crecerán construyendo con legos, juegos de química y videojuegos. Tus hermanas y tus amigas jugarán a la casita y la comida.

Cuando te preguntan en clase, tendrás las respuestas pero tu compañero hablará más fuerte, tendrá más razón.

Las cartulinas tendrán fotografías de estos pensadores famosos: Schrödinger, Durkheim, Platón. No descubrirás a Rosalind Franklin, Marianne Weber ni a Hipatia de Alejandría hasta que llegues a la carrera.

En las cenas navideñas, tus tías te dirán que cada día estás más bonita. A tu hermano le dirán que es muy inteligente y que algún día será astronauta.

 Cuando quieras estudiar física, sociología, matemáticas o química, siempre te van a preguntar si es un hobby en el tiempo en el que te casas. Te preguntas a ti misma si vas a ejercer o quedará arrumbado todo este conocimiento en alguna esquina polvorienta dentro de tu cabeza.

No serás la única mujer en un salón de clases de estas carreras masculinas, pero un día sin mujeres no mermaría el salón en lo absoluto.

Los hombres que conocerás tratarán de explicarte el universo a partir de lo que han oído en la radio, cuando tú has visto el universo mismo a la cara.

Tratarán de insertarse en tus cátedras, su opinión siempre parecerá estar encima de la tuya. Poco a poco verás cómo la mayoría de tus docentes serán varones. Tus lecturas las escribieron varones. Las guerras que estudias las iniciaron otros varones.

Tus propios profesores te tratarán con ternura y condescendencia enfurecedora. Te dirán que eres bastante buena en lo que haces, más de lo que esperaban.

Los méritos que logres siempre van a tener esta mancha. Usarán tu género como insulto a tu trabajo.  “Interesante tu teoría, si eres tan inteligente ¿Cómo es que no tienes novio?”.

Cuando levantes la voz serás irracional. Cuando ellos la levanten, serán apasionados.

Estarás detrás del libro, pero ellos detrás del podio.

Artistas varias. Vía: https://bit.ly/2G5to6H

¿Por qué seguirás haciendo ciencia a pesar de todo?

Porque el saciar tu curiosidad, el generar conocimiento, el observar el cielo y ver las estrellas te saciará el apetito infinito del conocer. No importa cuántas veces quieran contarte las maravillas del universo, sabes que tienes que verlas tu misma.

La composición de las estrellas, los misterios entre las personas. Tienes que entenderlas, sentirlas en lo más profundo de tu cerebro. Leer las letras infinitas, dialogar con las preguntas de la eterna cuestión. Dudas, luego existes; y la revolución será también en la ciencia. Será en el conocimiento que puedas generar y compartir con el mundo; en la transformación de los papeles en realidades más justas para todes, todos y todas.

Te harán trabajar más y te van a despedazar, pero sólo te harán más fuerte. Serás tan poderosa que podrás avanzar la ciencia, aunque sea un paso.

Y algún día, creceremos todas con legos. Tendremos la razón en clase. Veremos nuestras fotos en las cartulinas. Seremos mitad y mayoría en las aulas. Nos leeremos en libros, nos estudiaremos en las clases, eliminaremos las guerras. Levantaremos la voz.

 Estaremos detrás de los libros y en los podios.

Pero, por lo pronto, será nuestro trabajo revolucionario el que nos dará estos lugares.

Para más niñas en la ciencia.

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Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

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