Atípicos

No siento igual que los demás. Me parece sumamente importante dejar esto en claro antes de siquiera empezar a contar lo que es vivir cuando tienes algún trastorno de personalidad.

Hay situaciones que solo me hacen sentir un poco triste, cuando a la mayoría le romperían el corazón y a veces suceden cosas que parecen ser de lo más irrelevantes y logran despertar en mí furia o una tristeza inconmensurable.

Puedo estar enamorada y ser incapaz de demostrarlo, actuar de manera fría… en conclusión, no siento como los demás, porque mi cerebro formó mi personalidad de una manera distinta.

No me malentiendan, yo sé que cada personalidad se forma de manera distinta, por el entorno, por las vivencias y básicamente por cualquier cosa que pueda influir en la personalidad, sin embargo, hay un proceso lógico en la relación causa – efecto en las emociones.

Recuerdo la primera vez que me di cuenta que sentía diferente fue cuando alguien cercano tuvo un accidente que lo puso al borde de la muerte y, a pesar de que todes a mi alrededor estaban tristes, yo no podía mostrar ningún sentimiento.

Había en mí el espectro de la tristeza, un poco de preocupación, pero nada más allá de eso y me sentí terrible. Me sentí como un monstruo, pero de nuevo, con el paso de los días, ese sentimiento fue opacado por preocupaciones que me parecían más relevantes.

Al pensar en que ese ser querido se debatía entre la vida y la muerte, me seguía sintiendo extraña: un poco triste, pero nada más.

Pasaron los años y otro incidente se presentó: me alejé de una persona importante y sentía que me estaba muriendo. Era algo mucho mucho más allá del típico corazón roto, era algo que rayaba en lo insano, había sido una relación de años, pero incluso por ratos yo me daba cuenta que el dolor que sentía rebasaba lo normal.

Pocos años pasaron desde ese incidente y de pronto, en una crisis que me cambió la vida, me di – gracias al apoyo de un médico – que, efectivamente, estaba “enferma”. Lo pongo entre comillas porque un trastorno de personalidad no es en sí mismo una enfermedad, no hay una dolencia en mí que vaya más allá de lo emocional.

Fuente: https://www.guggenheim-bilbao.eus/exposiciones/vasily-kandinsky-en-su-contexto

De hecho, creo que alguien con el diagnóstico que yo tengo solo se podría considerar enferma si por no ser tratada desarrolla otro tipo de problemas de salud mental. Yo, por ejemplo, desarrollé depresión y ansiedad, enfermedades que gracias a un medicamento controlé y que hoy no representan más un problema de salud para mí.

El doctor dijo que aunque no consideraba correcto ponerle nombre a las cosas relativas a la mente por ser de naturaleza tan compleja, el nombre y apellidos que mejor describían mi condición eran “trastorno límite de la personalidad”.

Podría poner aquí una definición de diccionario médico para que me entendieran un poco y, sin embargo, me parece mejor decirles que ni les borderlines – nombre con el que se nos llama a quienes tenemos este trastorno – actuamos todes igual… todes tenemos una personalidad distinta, que reacciona distinto hacia diferentes cosas, pero si tuviera que resumirlo les diría que, simplemente estamos al límite de todo, podemos no sentir nada o sentirlo todo, ser indiferentes o explotar en ira o llanto.

Sé que suena como una montaña rusa y la verdad es que lo es, lo es si no buscas la ayuda que necesitas, si no desarrollas las capacidades de autocrítica y cuidado que se necesitan para mantener a flote el barco que eres como persona.

Muchas veces la gente puede llegar a pensar que un trastorno como el mío es equivalente a estar con alguien que puede intentar suicidarse porque “pasó la mosca”  y estabas triste ese día, o con una persona que puede ni siquiera inmutarse porque perdió al amor de su vida. La verdad es que esto solo es el caso de las personas que no saben que tienen este tipo de personalidad o que saben y no intentan manejarlo, porque quienes hemos buscado ayuda, y lo digo no solo por los borders del mundo, sino por cualquier persona con cualquier enfermedad mental, hemos sido enseñados a tener una personalidad autocrítica y autocomprensiva, que buscará siempre ver el cuadro completo antes de tomar decisiones, que aceptará el proceso de duelo y que buscará día a día ser mejor y cuidar de sí misme y de los demás de un modo mejor.

Los atípicos desarrollamos entendimiento hacia las reacciones de otres, dejamos de lado los juicios y las críticas tanto infundamentadas como fundamentadas, porque sabemos que una reacción, un comentario o un pensamiento rara vez define a las personas.

Vivir como alguien átipico me ha enseñado que, de hecho, la mayoría lo somos, que muchos somos un poco más distintos que otros, y que muches somos los que de esta diferencia sacamos lo mejor para construirnos como personas más comprensivas y solidarias.

Ser atípica me ha enseñado lo necesaria que es la salud mental – rama de la medicina que, de hecho, me ha salvado la vida – y lo poco importante que son los estigmas de les demás cuando sabes quién eres y lo que te define, porque tú te has atrevido a mejorar, a romper con el autocuestionamiento, el molde que tú misme te has creado, para pulirte desde el amor y el autoconocimiento y entender que dentro de esa atipicidad no hay nada más que una oportunidad para amarte a ti y a los demás.

¡Hey! Estudio Derecho en el ITAM y tengo 23 años. Soy promotora de los Derechos humanos, y más particularmente de la salud mental. Me interesa mucho la filosofía, particularmente en cuanto a la formación individual del humano, tanto de manera colectiva como individualmente.

Siempre abierta al conocimiento de diferentes perspectivas de manera cordial y respetuosa. Nunca se sabe suficiente del mundo y siempre estamos construyéndonos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *