Aspiracionalismo y Consumo

Nuestra capacidad de dimensionar los alcances de un problema está fuertemente condicionada por nuestra identificación de clase. Ni aún el esfuerzo más enérgico puede lograr abstraernos de esta condición. Sería absurdo en este sentido pedirle a las y los demás abstraerse de ella como criterio de objetividad, y no obstante las luchas por hacer explícitas las posiciones de privilegio con frecuencia desembocan en la intolerancia. Casi tan absurdo como asumir que poseemos la comprensión única de la realidad. Antes bien, la claridad en la discusión de nuestros problemas viene del reconocimiento (que no es condescendencia) hacia las múltiples realidades fuera de la nuestra. Siendo una cuestión tan importante, ¿qué sucede cuando tal identificación de clase no corresponde con las condiciones materiales de existencia? 

Hace un par de meses Viri Ríos (analista política) publicó un polémico artículo donde argumenta que muchos mexicanos se perciben erróneamente a sí mismos como clase media. La polémica surge en torno a la dificultad de percibir lo que es la clase media y de elaborar un cálculo riguroso de cuántas personas podrían vivir en esta falsa identificación. No obstante, más allá del dato preciso, no deja de ser una realidad tangible que un amplio sector de la población vive en la incomprensión sobre sus condiciones de vida. Esta situación termina por distorsionar las exigencias políticas y sociales más necesarias para nuestra sociedad y no acaba sino convirtiéndose en una forma de adormecimiento social que beneficia a las cúpulas de poder del país.

Es interesante que esta distorsión exista en dos sentidos. Hasta ahora el enfoque se dio desde el primero, aquel donde asumimos implícitamente la posición de quienes no dimensionan las precariedades y los sistemas de opresión de los que son parte al creerse parte de una población en mejores condiciones de vida. Mientras esto ocurra, el gobierno puede seguir defendiendo una visión caricaturesca, sin matices, de los conflictos de clase. Por otra parte, los datos sugieren que esta distorsión se da también en un segundo sentido, en quienes se identifican como clase media cuando en realidad sus condiciones de vida están muy por encima de las definiciones más flexibles de clase media. Hallo que esta situación termina por llevar a muchos de los movimientos de derecha (circunstancialmente anti-obradoristas) a hacer sin reparo alguno actuaciones públicas profundamente insensibles, y cuando no, vergonzosas. 

Aspiracionalismo y Consumo
Fotografía vía Zhanna Kadyrova

Prestemos atención sobre todo al primer sentido de tal distorsión, con el que pretendo identificar uno de los elementos que perpetúan esta falsa identificación de clase:  la relación entre nuestras estructuras de consumo y los aspiracionalismos de clase. 

Ya Herbert Marcuse en su obra El Hombre Unidimensional advierte que las sociedades industriales avanzadas convierten las necesidades políticas de la sociedad en necesidades o aspiraciones individuales. En particular, en necesidades creadas e incentivadas por medios y empresas, ligadas al consumo de bienes y servicios que otorgan una percepción de bienestar que no necesariamente corresponde con sus condiciones de vida. El mecanismo resulta efectivo, pues la asimilación (o al menos la aspiración) a los mismos productos de consumo se da por igual entre clases, es decir, el producto al que se accede tiene una etiqueta ya de clase, y en esta se identifican las personas. Asimismo, se equipara inconscientemente el acceso al producto con el acceso al bienestar social. En las posibilidades de consumo se construye un indicador empobrecido de ascenso en movilidad social por encima de otros indicadores de bienestar. 

(…) esta asimilación indica, no la desaparición de clases, sino la medida en que las necesidades y satisfacciones que sirven para la preservación del sistema establecido son compartidas por la población subyacente. (Marcuse, 1964)

Como pista de algún tratamiento de este tema en el futuro, hay que decir que este problema se asocia a la visión estrecha de la cultura como producto de consumo. Lo que nos lleva a esperar que la asimilación de la relación consumismo – aspiración de clase nos lleve a un empobrecimiento cultural también. Un mecanismo que opera así defiende por inercia propia los intereses de las clases dominantes y se constituye como una salida fácil en aquellos sectores poblacionales con fuertes aspiraciones de clase. Sectores que, de no priorizar la búsqueda de una mejor calidad de vida a través de la participación activa en la vida política y social, terminan despolitizándose y viviendo en la incomprensión de sus condiciones de vida. 

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*La sociología marxista utiliza el concepto de falsa conciencia para designar sobretodo a lo que aquí se presenta como un primer sentido de la distorsión existente en la identificación de clase. A pesar del paralelismo espero que se lea este artículo como un desarrollo fuera de un sistema conceptual en particular, antes que un tratamiento ortodoxo dentro de uno.

En permanente desconfianza de las categorías. Para quien sirvan los títulos: estudiante de economía y filosofía. Busco aproximarme a la realidad con disposición crítica.

2 respuestas a «Aspiracionalismo y Consumo»

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