Aquí había un lago

Sobre etimologías: Michoacán, del náhualt “Michihuacán”, quiere decir, “lugar de pescadores”. Otros autores derivan Michoacán de la voz tarasca “Michmacuán”, que significa, “lugar junto al agua”. Sobre paradojas: nuestros lagos se están secando (así, a secas). El caso más sorprendente es el del Lago de Cuitzeo, que en apenas unos años ha vivido un proceso de degradación acelerado. ¿En qué ha fallado la política pública y medioambiental en el caso de Cuitzeo?

Aquí había un lago, se escucha mientras hoy se apunta con el dedo hacia una planicie desértica fragmentada por dos carreteras, poblada por pangas de pesca abandonadas y amenazada por extensas tolvaneras (asociadas ya a miles de casos de enfermedades en la región). Su antigüedad, estimada entre los seis y ocho millones de años, hace parecer la historia de su degradación como un parpadeo. Un breve instante de omisiones e intromisiones humanas y una anécdota más sobre nuestro destructivo paso por la Tierra. Poco parece importar que se trate del segundo cuerpo de agua natural más importante de México, con lo cual parece atarse el destino de otros cuerpos de agua de la entidad. El problema se agrava además, con una de las sequías más fuertes en México de las últimas décadas.

El mapa de causas está relativamente discutido, mas no lo suficientemente articulado. Al tratarse de un lago endorreico, la falta de lluvias ha sido un factor clave. La deforestación de las zonas montañosas aledañas al lago ha influido negativamente también. Desafortunadamente, reforestar estas zonas (lo que tomaría por lo menos 10 años) no parece una situación plausible, por lo menos dentro de cinco años, si sigue la tendencia actual, esto ante la amenaza de crisis hídrica grave en Michoacán. La contaminación por residuos físicos y aguas residuales de las poblaciones urbanas y rurales aledañas también ha sido señalada como una de las principales causas, al igual que el uso de agua de la cuenca para actividades intensivas de ganadería y agricultura. En el ámbito legal, el marco jurídico de gestión hídrica del Lago de Cuitzeo está determinado por la Ley de Aguas Nacionales. Recientemente en el blog, Eduardo Aguirre (@el_buen_edu) denunciaba que las leyes en materia de recursos hídricos de México están diseñadas para permitir el acaparamiento unilateral, inmediato y desmedido del agua y empeorar las dificultades que el territorio mexicano y las comunidades dentro de él están experimentando.”

La política pública, en todos los niveles de gobierno, ha sido incapaz de articular todas estas causas en un plan de rescate sostenible (no hablamos de efectuarlo si quiera, sino de plantearlo). Recientemente el gobierno estatal expresó su incapacidad para sanear las aguas residuales del lago por sí sólo, para lo cual estiman necesario un fondo de 3,000 millones de pesos (aproximadamente un décimo del presupuesto de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, SEMARNAT, para el 2020). Por su parte, el Gobierno Federal, a través de la SEMARNAT, había designado una comisión para el rescate del lago, cuyas actividades se vieron truncadas por la pandemia. También han sido históricamente omisas CONAGUA y CONAPESCA que, entre improvisados planes de gestión y soluciones deficientes a las necesidades de los pescadores, han contribuído a tratar con placebos el problema.

Estos hechos son pequeños ejemplos de la historia de política medioambiental sobre el Lago de Cuitzeo. El Departamento de Geografía Física y el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, ambos pertenecientes a la UNAM, han caracterizado esta historia,  habiendo la intervención gubernamental en el lago desde 1940, por i) el desarrollo de política pública centralizada en su diseño y operación dejando a un lado la participación y experiencia de los actores locales; ii) el desarrollo de políticas e instrumentos deficientes en su diseño, continuidad y mecanismos de evaluación; iii) la pérdida de capacidades organizativas de los actores socioeconómicos de la región; iv) la nula coordinación entre dependencias de distintos niveles de gobierno y v) una visión mucho más productivista que conservacionista reflejada en la política pesquera (Celia Franco et al., 2011).

Lago Cuitzeo, Vía La Voz de Michoacán

La urgente política de rescate del lago debe resarcir estas fallas de organización y diseño para verdaderamente distinguirse de los esfuerzos pasados. El involucramiento de los actores locales, (habitantes, ganaderos, agricultores, organizaciones de pescadores, extractores de tule y organizaciones civiles) es esencial, pues son ellos quienes utilizan directamente los recursos naturales. Hasta ahora, la interacción con las dependencias gubernamentales ha sido jerarquica y, más de una vez, nociva. Por ejemplo, es atribuíble al gobierno la introducción de especies exóticas en el lago de 1940 a 1980 con fines productivos, lo cual altero la dinámica funcional del lago y provocó la extinción de numerosas especies endémicas. También es atribuíble al gobierno la decisión de construir los tramos de la Carretera Federal 43 y la 43D, que cortan artificialmente el flujo de agua del lago. Además, la falta de coordinación institucional frustra la efectividad de cualquier política por más bien intencionada que esté. Finalmente, se debe considerar el impacto económico y social de la región que implica el progresivo deterioro del lago. La cantidad de toneladas disponibles para pesca ha disminuído dramáticamente en tan sólo las últimas tres décadas, lo que ha orillado al borde de la extinción al sector pesquero. Los daños económicos y sociales son profundos para las familias de la región.

Esto no nos impide de comentar algunos de los daños económicos que son calculables de esta situación. Así, el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, recientemente se interesó en conocer los costos económicos asociados al deterioro del lago para los habitantes de la región. Encuentran que, de forma agregada, el costo de oportunidad laboral, compra de medicamentos, consultas y cubrebocas alcanzan una cantidad aproximada a los siete millones de pesos durante los periodos de tolvaneras, las cuales se asocian a enfermedades gastrointestinales, broncopulmonares, dermatológicas y oftalmológicas (Ortíz-Paniagua et al., 2019). Estos gastos defensivos llegan a absorber hasta un 40% del ingreso familiar de las familias de la región. Esta información contribuye a asignarle un valor cuantitativo a las externalidades negativas del deterioro de la cuenca, información que es de suma importancia para establecer los parámetros y objetivos de un plan de rescate consistente. Estudios similares han sido desarrollados por académicos de la región, sin que todavía tengan una repercusión de largo alcance en el rescate del lago.

Mientras los problemas medioambientales sean discutidos de forma frívola desde el enfoque y las trincheras ideológico-partidistas, continuaremos perdiendo oportunidades de corregir nuestro daño. Estas oportunidades son menos asequibles con cada recorte presupuestario, los cuales imposibilitan a las dependencias gubernamentales de atender estos problemas de la mejor manera. Tampoco debemos ignorar los casos de desvío de dinero que han existido históricamente al interior de algunas de éstas, desde el ámbito municipal hasta el ámbito federal. Las corruptelas, desafortunadamente, nos exigen invertir mayores esfuerzos en la vigilancia del correcto uso de los fondos públicos. Por estas circunstancias tanto el glaciar de Ayoloco, como las casi 8 mil hectáreas de zonas naturales perdidas en incendios en lo que va del año se perciben como víctimas del desinterés gubernamental y de la condescendencia ciudadana. ¿Contaremos la misma historia sobre nuestros lagos?

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En permanente desconfianza de las categorías. Para quien sirvan los títulos: estudiante de economía y filosofía. Busco aproximarme a la realidad con disposición crítica.

Una respuesta a «Aquí había un lago»

  1. Excelente artículo y difícil realidad, confiemos en que nuestras próximas luchas no sean por Agua, felicidades al Autor Adrian López.

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