Ahora que estamos todas juntas, ahora que sí nos ven

Lisseth Flota

@FlotaLisseth

¿Alguna vez se han sentido apoyadas incondicionalmente por personas que ni siquiera conocían? Yo sí, hace dos días.

El pasado viernes 16 de agosto, asistí a la ‘’brillanteada’’ en Mérida, Yucatán la ciudad con mejor calidad de vida según ONU Hábitat y una de las ciudades más ‘’seguras’’ de todo el país. La ciudad donde la gente tiene fama de ser muy amable y el calor se dice infernal, pero donde, en contraste, tenemos patrullas en cada esquina bajo el pretexto de ‘’mantener la seguridad’’ que se encargan de seguirnos, bajar la velocidad para vernos mejor y detenernos en los múltiples retenes existentes solo por vernos solas en un auto.

Hoy quiero hablar de mi experiencia en un espacio donde me encontré rodeada de mujeres. Quiero hablar de la confianza que sentí al estar con completas desconocidas que compartían las mismas vivencias que yo solo por el simple hecho de ser mujeres y de soportar día con día las situaciones de violencia sistemática que nos atraviesan a todas prácticamente desde el nacimiento.

La manifestación se anunció desde días antes como  exclusiva de mujeres y se convocó para protestar en contra de la violencia que las mujeres de todo México sufrimos día con día. Para muestra, el 10 de julio una indigente de 27 años fue violada por dos policías en un hotel del centro histórico; el 3 de agosto una adolescente de 17 años fue agredida por cuatro uniformados, y el 8 de agosto otro policía abusó de una menor en el Museo Archivo de la Fotografía. En esta ocasión todo se centró en el abuso policial.

El espacio público en el que nos encontrábamos se tornaba cada vez más íntimo cada que alguna chica tomaba el megáfono y hablaba, haciéndonos sentir la ira, tristeza y frustración en su voz. Éramos cada vez más y más mujeres, algunas temerosas de incluirse al círculo que habíamos formado como medida de seguridad. Detrás de mí estaban dos mujeres de unos 50 años aproximadamente, iban juntas y escuchaban a lo lejos lo que las demás chicas decían, con el paso del tiempo comenzaron a aplaudir al ritmo de ‘’mi cuerpo es mío, yo decido, tengo autonomía, yo soy mía’’ y entre susurros alcancé a escuchar que se decían que en sus tiempos nunca hubieran imaginado que las mujeres pudieran llegar a apoyarse entre todas sin tener relación alguna entre ellas. Asistí con una amiga y fue ella quien finalmente las invitó a integrarse al círculo, las dos mujeres aceptaron sorprendidas y se mezclaron entre todas.

Siguiendo la dinámica de tomar la palabra, muchas chicas dijeron que luchaban por sus hermanitas, por sus amigas y por ellas mismas. Manifestaron estar hartas de vivir con miedo, de que sus abusadores siguieran libres como consecuencia de un sistema de justicia que no se preocupa por las mujeres y que nunca las toma en serio aun haciendo los trámites legales correspondientes.

Sentí la ruptura de la brecha generacional que suele dividirnos, viendo justamente a esas dos mujeres mayores que nosotras aplaudir al ritmo de la batucada, pero también la sentí al ver a unas niñas de tal vez unos diez años aprenderse las consignas viéndonos a mis amigas y a mí rondando los veintes gritando con una fuerza tremenda las consignas que nos sabemos de memoria a base de asistir a toda movilización que se presente, todas y cada una estábamos unidas por la vivencia compartida de ser mujeres en el mismo espacio geográfico e histórico.

Todo fue planeado para cuidarnos entre nosotras mientras externábamos nuestro sentir, como medida de seguridad para las chicas que compartieron experiencias se solicitó que quienes fueran psicólogas y estuvieran capacitadas, acudieran a  brindar contención a las compañeras que así lo necesitaran, la ‘’brillanteada’’ fue toda con glitter comestible y por tanto, ecológico.

Todas hacían distintas cosas, unas dirigían la manifestación, otras tomaban fotografías de los mejores momentos, otras hacían música para acompañar las consignas que todas cantábamos, unas bailaban y otras mas éramos las encargadas de comunicarles a los hombres que se alejaran unos metros para así, evitar hacernos sentir incómodas y a manera de respeto hacia todas nosotras y a nuestras peticiones.

El viernes nos juntamos para hacernos escuchar, para hacernos visibles, para conocernos y reconocernos las unas a las otras, para saber que no estamos solas, que no somos unas cuantas, para recordarnos que si el Estado no garantiza nuestra seguridad, nosotras haremos de todo para sentirnos seguras con ayuda de la de al lado. Que juntas vamos a hacer de todo para poder vivir y existir en paz,  que si un día la de junto desaparece, vamos a romper y quemar todo para encontrarla y para exigir justicia.

Que nunca se nos olvide que nosotras no podemos darnos el lujo de ese pacifismo que muchos pregonan, ya que ese mismo pacifismo surge de no vivir en carne propia la opresión y la violencia, surge de la comodidad y del privilegio.

Quiero finalizar agradeciendo a todas las mujeres que apoyan a otras mujeres: a las que resisten desde sus espacios, a las que inspiran siendo y haciendo todo lo que hacen, a las que comienzan el camino de la deconstrucción, a las que convocan talleres para apoyarse entre ellas, a la amiga que tiene la paciencia de explicarnos temas que nosotras recién conocemos, a la que nos invita a desafiar a quienes insisten en mantenernos calladas y sumisas, a la que nos recuerda la importancia de  los autocuidados para poder seguir luchando, a todas y cada una de ustedes, GRACIAS.

 

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