La política exterior feminista de México: entre la incongruencia y la oportunidad

México se convirtió en el primer país de América Latina en declarar una política exterior explícitamente feminista en enero de este año; con lo cual se une a Suecia, Canadá y Francia en el empeño de impulsar la equidad de género y los derechos de las mujeres desde su actividad en el plano internacional.

De acuerdo con el discurso oficial, el gobierno mexicano pretende incorporar a su agenda una perspectiva de género basada en el respeto a los derechos humanos, así como en un enfoque interseccional que sea sensible a las brechas estructurales entre hombres y mujeres; también, se compromete a alcanzar la paridad de género dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y a hacer de este organismo un espacio libre de violencia.

Política exterior feminista
Marcelo Ebrard, Secretario de la SRE, entrega constancias que acreditan estándares en Igualdad Laboral y No Discriminación. Fotografía vía SRE.

Sin embargo, ¿qué legitimidad tiene México para abanderar estas causas? La pregunta es inevitable cuando situamos esta noticia bajo la luz del desafortunado historial que este país tiene en materia de feminicidios, discriminación, racismo e impunidad.

De manera general, la política exterior es el conjunto de estrategias que un país adopta para impulsar sus objetivos en plano internacional y guiar su interacción con otros actores globales. Si bien usualmente se plantea como reflejo de intereses pragmáticos en un periodo específico, la política exterior igualmente proyecta los valores, la cultura y la imagen que un país tiene de sí mismo y del lugar que ocupa en el mundo.

Visto de esta forma, resulta casi grotesco que México adopte un enfoque feminista para actuar al exterior, al tiempo que dentro de las fronteras la violencia y la desigualdad que operan sobre líneas de género no sólo han sido minimizadas en los discursos de la administración actual, como cuando el presidente López Obrador negó que la violencia contra las mujeres haya aumentado a causa de la pandemia; sino que el gobierno toma acciones que agravan la situación de forma directa, por ejemplo, los recortes presupuestales que han sido implementados por el poder federal y que afectan el manteamiento de programas dedicados a promover cuestiones de género, sobre todo al interior del país. 

Lo anterior demuestra que el gobierno de México no aplica en el ámbito doméstico la perspectiva de género que, con bombo y platillo, anunció que adoptaría hacia su actividad internacional.

Además, la participación que la diplomacia mexicana haga a favor de los derechos de las mujeres en los foros multilaterales del extranjero seguramente verá mermada su efectividad, pues la incongruencia entre los ideales que defiende y la realidad del escenario nacional es evidente; lo que algunos puntos de vista podrían interpretar como una postura incongruente en el mejor de los casos o hipócrita, en el peor.

No obstante, creo que el hecho que de México haya declarado una política exterior feminista es, a pesar de todo, un acontecimiento positivo que tiene el potencial de promover la lucha a favor de la equidad de género con otro punto de vista y posicionar al país como un actor relevante en las conversaciones globales sobre derechos humanos.

Considero que eso esto se puede lograr si México reformula los detalles de su política exterior feminista de modo que se diferencie de la experiencia de los países occidentales desarrollados; para convertirse en una nueva propuesta elaborada desde los feminismos del Sur Global, específicamente los de América Latina, y que tome en cuenta las ópticas poscoloniales que critican las asimetrías de poder en el escenario internacional.

Aunque la política exterior feminista que surge de Canadá, Francia y Suecia no es exactamente igual, sus enfoques comparten ciertas características: se comprometen a canalizar recursos hacia aquellos proyectos de cooperación internacional que lidian con problemáticas de género alrededor del mundo y hacen énfasis en involucrar voces de mujeres en los procesos de mantenimiento de la paz, así como en operaciones dentro de zonas de conflicto.

Lo anterior significa un avance importante en la institucionalización de la variable de género en las prácticas y el discurso de los actores globales; no obstante, hay a quienes les preocupa el riesgo de que esta aproximación se transforme en una exportación neocolonial, particularmente cundo se trata de políticas de asistencia al desarrollo.

Esto debido a que las experiencias de las personas marginalizadas, no occidentales y racializadas suelen quedar fuera de políticas públicas que surgen del mundo desarrollado y que van dirigidas hacia ellas.

Además, México es un país que tradicionalmente destina pocos recursos a esquemas de cooperación internacional de gran envergadura y no participa en operaciones de mantenimiento de la paz, por lo que seguir el modelo de los países que hasta ahora han marcado la pauta es algo inviable. 

 Lo anterior, aunado a que los niveles de equidad de género de México distan mucho de los que tienen los otros países con una política exterior feminista, son elementos que le restan legitimidad a las pretensiones del gobierno mexicano de impulsar este enfoque.

Sin embargo, también representan una oportunidad para que la política exterior feminista de México se construya de manera alternativa.

Por ejemplo, junto con los objetivos ya propuestos, este país podría elaborar una política exterior feminista que cuestione al sistema global capitalista neoliberal y su relación con el racismo en esta parte del mundo ante los foros internacionales; que monitoree cómo las estrategias a favor de la equidad de género por parte de organismos internacionales y de países desarrollados en América Latina incluyen la voz de las mujeres locales; que activamente desafíe discursos internacionales simplistas que sostienen binarismos entre “mundo civilizado que ayuda” y “mundo en necesidad de ayuda”, y que reconozca los enormes desafíos internos, pero que denuncie las dinámicas internacionales que contribuyen a esta situación, como el comercio planetario de armas.

Así, México estaría llevando a cabo una visión más genuina y más cercana a su posición en el sistema internacional.

Me llamo Ramón Fernando Stevens Martínez y soy estudiante de la maestría en Ciencia Política de El Colegio de México. Me dedico a temas de política exterior de México, así como sexualidades y teoría queer vistas desde las Relaciones Internacionales.

Una respuesta a «La política exterior feminista de México: entre la incongruencia y la oportunidad»

  1. Es un artículo interesante, muchos desconocemos que México haya adoptado está postura feminista internacional, ojalá aprovechen la oportunidad y también hagan eco en la política interna.

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