Plan B

Tenemos a un presidente intolerante con la crítica y sus adversarios. Desde hace muchos años, no es ningún secreto que una de las fórmulas de su hacer política fue el confrontamiento directo con aquellas personas a quienes buscaba vencer. Mientras otros y otras evitaban el conflicto, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) lo buscaba. Hoy, estando ya en el poder, la situación no es del todo distinta (aunque sí que con un toque más institucional). Hoy en día, tira misiles a toda aquella persona que se le oponga: periodistas, medios de comunicación, el empresariado, partidos políticos y titulares de gobiernos estatales. A estos últimos son con los que más mesura tiene, por aquello de mantener las formas, pero no se escapan de su dedo flamígero y acusatorio.

A los gobiernos estatales de oposición, el presidente los trata porque no le queda de otra. Se agasaja y pavonea en aquellas entidades en donde gobierna su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), o en donde está el Partido Revolucionario Institucional (PRI); mientras que es mucho más cauto en aquellos en donde gobierna la oposición.

Los desencuentros que el Gobierno Federal ha tenido con los gobiernos de otros partidos ajenos al propio es evidente. Desde abucheos en mítines a comentarios directos con dedicatoria del mismo AMLO, el presidente ha denostado a aquellas otras figuras que ostentan, a otro nivel, cierto poder y que si las condiciones se dan podrían luchar por ocupar su puesto en unos cuantos años a futuro. El distanciamiento entre la atención que se da a los estados de partido distinto con aquellos del propio es completamente evidente y muy claro. Salvo una curiosa excepción.

Entre sus varias giras a través del país, AMLO ha visitado Yucatán, como presidente, más de cuatro veces. Le gusta ir a Yucatán. Hasta aquí, podríamos decir que la relación es normal. Sin embargo, en los mítines junto al Gobernador del estado, Mauricio Vila Dosal, se nota al presidente contento. Siempre lanzando agasajos y cumplidos al gobernador local y su gobierno. A su vez, Vila no le enfrenta, agradece siempre sus comentarios y coopera sin ningún problema.

Es muy claro que la frontera que mencioné previamente respecto a los gobiernos de oposición se encuentra difusa en este caso. No se abuchea al gobernador en las reuniones públicas. El presidente pone de ejemplo al gobierno de Yucatán. A otros les reprocha; a Vila le agradece y reconoce. Si fuera un gobernador de MORENA, todo tendría sentido. Pero, es del Partido Acción Nacional (PAN), férreo opositor al gobierno del presidente. Curioso, ¿no?

La curiosidad no termina en esta relación de miel entre ambos gobiernos. Mauricio Vila se ha encargado que, en vez de dulzura o amargura, la relación sea de agridulce. Si bien nunca ha dado alguna afirmación dura y tajante en contra del gobierno federal, sí que es miembro de la agrupación de gobernadores del PAN que, como bloque, emite declaraciones que sí que son duras y contrarias a las del presidente. El Gobernador de Yucatán, de forma indirecta, se ha encargado de dar las señales de que no es lo mismo juntos que revueltos. Que puede cooperar y ser institucional, pero que no deja de ser un opositor. Sin embargo, nunca lo ha hecho de forma directa, dejando ese trabajo a sus colegas de otras entidades. Vila se está cuidando mucho de no mancharse, cosa que tiene sentido con lo que explicaré más adelante.

2024 ha llegado. Las elecciones presidenciales en México están a la vuelta de la esquina y AMLO lleva mucho tiempo moviendo su maquinaria para mantener a flote su autodenominada “Cuarta Transformación”. Las elecciones serán limpias, ya que el presidente teme pasar al futuro y a la historia como un potencial villano (su ego histórico es ENORME). La competencia es a dos: por MORENA, Marcelo Ebrard, y por el PAN, Mauricio Vila. Sé que suena a una locura, pero creo que tiene todo el sentido del mundo, tomando en cuenta lo que ya he escrito en párrafos anteriores; y por lo que expondré a continuación.

Es obvio que el designado para competir en las elecciones de 2024, por dedazo del presidente, es Marcelo Ebrard Casaubón. Además de ser el secretario de gobierno mil usos y arregla todo, fue quien sucedió a AMLO en el gobierno del ex Distrito Federal por allá del 2006, por lo que es una garantía de una transición tersa y sin correteos políticos. Si no fuera esto suficiente, Andrés Manuel le debe también el haber solucionado problemas muy fuertes en su gobierno (aranceles de Trump, problema migratorio, mascarillas de China, etcétera). Y si aún falta una razón, tenemos la designación del candidato por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 2012.

En este año, Marcelo estaba dejando su gobierno en la capital del país, saliendo por la puerta grande y con un capital político enorme. Las encuestas le ponían muy cercano a Enrique Peña Nieto. Era la posibilidad de que el PRD ganara las elecciones presidenciales. Sin embargo, se hizo a un lado por AMLO y le apoyó. Esta es una deuda aún pendiente por saldar. Con todo esto, no necesitamos más para saber quién será el candidato oficial en estas elecciones. Ahora, asumiendo limpieza y desgaste del gobierno, esto no es 1970 (por más que el presidente así lo añore), por lo que la sucesión no está asegurada. Aquí entra el Plan B.

Si alguien tiene los papeles para ser el candidato presidencial del PAN, ese es Mauricio Vila. Con un poco de objetividad, su desempeño es notoriamente mejor respecto a sus predecesores o con, me atrevería a decir, todos los demás gobernadores, gobernadora y jefa de gobierno del país. Las áreas de oportunidad son muchas, pero su labor (hasta el día de hoy) ha sido no tan mala como suele ser. Basta ver las encuestas de opinión y de aprobación, en donde el gobernador de Yucatán obtiene cifras muy altas respecto a los demás. Veamos ahora la situación del PAN: líderes “quemados”, denostados por los ciudadanos, reciclados de otros partidos. Justo los perfiles contra los que AMLO arengó y con los que han venido perdiendo en elecciones. Yo pregunto: ¿qué pasaría si el partido tuviera a un perfil popular y que no cayera en el perfil de “la mafia del poder”? ¿Alguien que, en palabras del mismo presidente, “es un extraordinario gobernador, lo reconozco”? Bingo.

Andrés Manuel López Obrador es un animal político nato. No por otra cosa ha llegado en donde está. Sabe que su tiempo en el gobierno es finito y que necesita, como todos los presidentes mexicanos, que alguien le cubra la espalda al terminar su mandato. Es por ello que su plan A es Marcelo Ebrard: ya probado en esa posición, pensamiento similar y una lealtad a prueba de dudas. Sin embargo, tiene listo también un plan B, impulsado indirectamente por él: tener en la boleta a un opositor, sí, pero uno que no tenga tal enfrentamiento directo con él. Al más moderado de los contrincantes. A uno que, si llega a ganar, no inicie una cacería de brujas, sino un cambio terso y ameno. Alguien que, en vez de ponerlo como villano histórico, lo tenga como un presidente más. Mauricio Vila es el candidato opositor ideal para el presidente, ya que, si llega a ganar, el cambio de gobierno será como un mitin más en Yucatán. El plan B, si bien en ningún momento ha sido explícito, está ahí. Si camina como pato, hace como pato y parece pato; ¿qué es?

EXTRA:

¿En qué condiciones estaría Yucatán si Vila hubiera perdido frente a su contrincante más cercano? ¿Estaríamos mejor? Hay que mantener la guardia y ser siempre críticos, pero todo puede ser siempre peor.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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