Perder para reencontrarme

-Gloria Muñoz

Hace unos días la página “LEER UADY” publicó una imagen con el reto del día que consistía en contar una historia de desamor con 10 palabras. En la publicación se encontraban más de 130 comentarios como: “Tus brazos eran mi hogar, ahora ya no tengo refugio” o “Me prometió un jardín y solo me quedó una rosa”; muchas personas compartían con pocas palabras todos los sentimientos que habían vivenciado en sus historias de amor que tuvieron un desenlace muy distinto al de Sophie Sheridan en Mamma Mia  (o es lo que creen hasta ahora, solo esperen a sorprenderse).

De inmediato supe qué escribir, y no porque el descubrirlo, aceptarlo y vivenciarlo haya sido sencillo, sino porque actualmente lo sé perfecto. Sé con exactitud cuál ha sido mi historia de desamor más dolorosa, intensa y exhaustiva, cuándo empezó y porqué, la historia con la que más he aprendido. Estoy segura de que si todas las personas que escribieron taladran más a fondo llegarán a la misma conclusión que yo: las historias de desamor más devastadoras son las que nos aplicamos a nosotros mismos (sí, ¡sorpresa! no lo que te “hizo” tu ex).

Mientras más me “encontraba” contigo, más me perdía de mí, esa frase de 10 palabras fue la que escribí y lo que me llevó casi un año y mucha introspección descubrir hace unos meses. Todo en la vida se basa en decisiones. Cuántas veces decidimos entrar a una relación tan entusiasmados por amar a la otra persona y por entregarnos a ella sin antes estar amándonos por completo y en libertad a nosotros. Estamos tan comprometidos en vivenciar ese amor que te llena y te hace levantarte por las mañanas con la sonrisa más radiante que el sol, que no nos ponemos a pensar que ese amor tendría que venir desde dentro para poder vivenciarlo hacia fuera y no al revés. Los seres humanos solemos aprender después de un golpe fuerte que nos hace despertar. Se requiere de mucho valor aceptar que tu apego ha sido tan fuerte que has estado anestesiado tanto tiempo, y se requiere aún más para decidir darle la vuelta y salir de ahí, pero que recompensa tan grande es reencontrarte contigo y sanar.

Aceptar esto desde la responsabilidad y no la culpa, nos lleva a un estado de conciencia en el cual podemos ver de manera clara que lo que nos generamos justo a esa pareja, a ese amigo, a ese socio o esa persona en general para aprender. Que fue perfecto para enseñarnos lo que en ese momento requeríamos ver para trabajar por esa mejor versión de nosotros mismos, para amarnos de verdad. Así que agradece que no haya funcionado, que te hayan roto el corazón, que te hayas permitido sentir todo lo negativo, que aparentemente hayas perdido. Porque te aseguro que más adelante esa pérdida será tu mejor ganancia y tu pase de primera fila para el viaje extraordinario de saber quién eres. Porque gracias a eso, ahora sabes que nunca más te vas a permitir encontrarte con alguien mientras te pierdes a ti en el proceso. Y si aún no estás en ese estado, tranquilo llegarás a tiempo, elegir trabajar en ti es una tarea que conlleva tiempo y esfuerzo, bajadas y subidas. Enfócate en ti, en salir con tus amigos, en bailar, en retomar ese hobbie que dejaste atrás, en redescubrir lo que te apasiona y te hace vibrar. En ser una posibilidad para más personas, en saber qué quieres y soltar el control para que las cosas fluyan y puedas disfrutar el presente, porque solo estando desde esa posición vas a elegir entregarte en libertad y en totalidad a ti, para después tomar la grandiosa decisión de compartir lo que eres de manera individual con alguien más, llegar a ese amor dador y completo sin romperte en pedacitos para reconstruir a alguien más y las cosas por fin van a funcionar. Así que ÁMATE, y un chingo, porque como dijo Charles Chaplin:

Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…

Tuve miedo de perder a alguien especial

y terminé perdiéndolo

¡pero sobreviví!

¡y todavía vivo!

No paso por la vida

y tú tampoco deberías solo pasar…

¡Vive!

 

 

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