El retorno de la partidocracia clásica griega

El pasado domingo, 7 de julio, la política clásica griega ha renacido. Y con ello, no me refiero a una democracia de mano alzada (como sucede a veces más cerca de lo que creemos) o a una aristocracia clásica, sino a que el país helénico ha vuelto a tener como jugador principal y ganador de las elecciones a un partido tradicional del sistema electoral griego, derrotando a uno de los primeros partidos antisistema que gobernaron en Europa. Los derrotados antes ahora son vencedores, demostrando que el electorado castiga incluso a aquellos que prometen acabar con lo hecho por los gobiernos anteriores, regresando a éstos el poder quitado.

En un ya lejano 2015, el partido político Syriza, liderado por Alexis Tsipras, obtuvo la victoria en las elecciones generales griegas con el 36.34 % de los votos, permitiendo la llegada al poder a un partido claramente rupturista con el sistema político, económico y social que se había llevado a cabo en Grecia durante años y en línea con lo dictado por la Unión Europea. Claramente, tras la aplicación de dichas medidas por parte de la derecha-conservadora clásica griega, representada por el partido Nueva Democracia, la población aplicó un voto de castigo a dicha agrupación y a su contrario socialdemócrata típico, el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK, por sus siglas en griego). La población definió darle la victoria a una agrupación nueva, con un líder carismático que achacaba de todos los males a los partidos clásicos y que prometió romper con el pasado. Sin embargo, el paso de Tsipras por el gobierno no fue como se lo pensaba la población o él mismo.

Alexis Tsipras llegó al gobierno con banderas claramente rupturistas: buscar terminar con una crisis económica de años, frenar la austeridad llevada a cabo por sus predecesores, detener la intervención de la Unión Europea en los asuntos griegos y la toma de medidas económicas de forma unilateral por parte de su gobierno. Ya a inicios de su mandato, las cosas no marchaban como se prometían. La imposición de un “corralito” bloqueando el cierre de cuentas privadas encendió las alarmas. La necesidad de justificar su desafío a lo dictado por Europa mediante un referéndum (para posteriormente terminar acatando dichas medidas) mostró ya la dificultad de cumplir con lo prometido. El finalmente aceptar un rescate por parte de Europa y la aplicación de medidas de austeridad aún más radicales que las que inicialmente se criticó fue el detonante final: las promesas en eso quedaron y la realidad se imponía ante los que juraron ser distintos.

Tras las elecciones más recientes, Tsipras y su partido quedaron en segundo lugar y perdieron ante el partido clásico Nueva Democracia, con Kyriakos Mitsotaki como candidato, heredero de una dinastía política conservadora en este país. Los ciudadanos retiraron el apoyo dado a aquellos que juraron eran distintos, ser nuevos y opuestos a los que durante años gobernaron y causaron los estragos. Sin embargo, con el triunfo de Mitsotaki se alza una incógnita: ¿realmente el pueblo castigó a Syriza o simplemente se dio cuenta que no eran tan diferentes y radicales, por lo que aplicaron el refrán de “más vale malo conocido que bueno por conocer”? La subida y bajada de Syriza tiene mucho material para su futuro estudio.

La caída de Syriza en Grecia no es menor. Fueron el primer partido antiestablisment en llegar al poder en occidente y son el primero también en perderlo. Lo griegos decidieron confiar en quienes siempre les han gobernado y no jugársela más con los nuevos rebeldes. Los que juraron arrancar de raíz al sistema no cumplieron y fallaron, por lo que queda en evidencia algo: los votantes dan, pero también quitan. La fórmula del partido nuevo que busca acabar con lo anterior y que jura ser distinto, resulta que no es infalible y en eso queda: en promesas huecas y decepción. La improvisación e inexperiencia resultaron ser iguales o peores que lo que se tenía. Ojalá aquí en México alguien logre notar dicho patrón a tiempo y lograr algo distinto: la fórmula puede fallar.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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