OLIMPIADA DE OPRESIONES Y MIEDOS DE LA CLASE MEDIA

Este texto no es nada más que una especie de epílogo a la obra de Dahlia de la Cerda. Realmente considero que la clase media debe leer lo que ella escribe para darse cuenta de que detrás de sus discursos/acciones “woke” hay mucho racismo y clasismo. Quisiera mencionar que al leerla encontré claridad sobre sentimientos y pensamientos que he tenido durante mi vida en torno a la discriminación clasista que he visto y experimentado por parte de personas de clase media.

Quienes ya han leído a Dahlia sabrán que llama fragilidad burguesa a la <<incapacidad de las clases sociales privilegiadas para reconocer sus privilegios de clase bajo un argumento teórico>>. Es aquí donde quiero comenzar porque creo que esto es causa de un miedo a no ser escuchades, lo cual suele implicar asumir que viven discriminación y opresiones cuando realmente no lo hacen. De esta forma comienzan un juego de diversas actitudes donde el análisis de las desigualdades se vuelve una olimpiada de opresiones.

 ¿A qué me refiero con esto? Pues bien, desde hace tiempo he visto en círculos académicos/intelectuales y/o tuiteros de la clase media una especie de pelea por ver quién está más oprimide. Al parecer el origen de esta actitud patológica es la búsqueda de justificaciones para poder hablar de ciertos temas. En esta actitud opera una necesidad de ser el centro del debate sobre opresiones cuando realmente no las viven (¡y dicen que sí!); es una actitud que surge de una aparente imposibilidad de guardar silencio porque siempre han tenido el privilegio del habla, aunque no lo quieran ver. El problema principal de esto es que no ven sus propios privilegios. Hablo de las personas de clase media que no aceptan cuando les hacen ver que están llenes de blanquitud, porque, claro, en este mundo progre woke “deconstruido” no hay peor cosa que te digan blanca/o/e ¿no?

Cabe señalar que no busco fiscalizar el discurso, es decir, mi propósito no es decir quién sí tiene derecho a hablar de ciertas injusticias y quiénes no en función de las opresiones que viven (decir esto implicaría caer una vez más en el juego de ver quién está más oprimido). Todo lo contrario, la finalidad de esto es hacer ver que para poder hablar de opresiones que no se viven es necesario callar, escuchar, asumir los privilegios desde dónde observan y piensan y después emitir juicios. Lo pongo en este orden porque a veces parece que la necesidad de hablar prima sobre el análisis y sobre el reconocimiento de los privilegios con los que se cuenta y es ahí donde los análisis pueden errar y despolitizar vidas y luchas de personas que realmente carecen de ciertos privilegios y viven ciertas opresiones. Además, como expondré más adelante, no asumir los privilegios con los que se cuenta hace que las teorías y prácticas políticas queden incompletas por el sesgo de clase que cargan.

Para ahondar más en el tema quisiera contar que resonó mucho en mi cabeza leer un tuit de Aranza Flores donde dice que <<hay personas que tienen el privilegio en el corazón y nunca van a saber qué es venir de un barrio, haber vivido al día, nunca haber salido del país, ser morene, no ser hegemónique, no ser heterosexual, que llegar al mismo lugar que elles no fue tan fácil como creen>>. Leerla me hizo recordar que, al igual que Dahlia, el primer tipo de discriminación que viví no fue de género sino de clase. Por ejemplo, me encontré en lugares donde sabían cosas que yo no porque sus padres eran “educades”, es decir, universitaries y les habían enseñado muchas cosas que yo no conocí hasta la prepa. Y sí, recibí burlas y discriminación por esto. Las personas de clase media acomodadas no sabrán lo que es vivir en una familia que no tiene estudios universitarios y donde la mayoría estudió en un cetis o en bachos y las implicaciones que esto tiene socialmente. Y aunque me digan que sus familiares estudiaron en escuelas públicas (UNAM, IPN) siguen siendo escuelas para personas con privilegios, aunque muches no lo quieran ver.

Pero efectivamente, como dice Aranza, hay quienes no sabrán cuánto nos costó a ciertas personas llegar a los mimos lugares que a elles; y esto se ve en sus teorías, comentarios y prácticas. No lo digo para darme golpes de pecho y seguir en esta dinámica de ver quién está más oprimide sino para ver desde dónde se enuncia cada quién y cómo esto afecta a la teoría. Si se escribe y piensa desde una ventana en la Benito Juárez o desde Iztapalapa y los trasbordos enormes. Desde hacer 15 min a la escuela/trabajo o desde hacerse más de una hora y llegar cansade a casa.  

No, Sofía, tu teoría no es negra porque cites a Angela Davis y no tienes que pretender que lo sea. Creo que es una falta de respeto hacer eso porque en el fondo implica banalizar la opresión que realmente viven las personas. Porque sí Fernando, tal vez tú vas a comprar tu comida al tianguis, pero deja te informo que ni tú, ni tu familia venden en el tianguis y eso te pone en una posición diferente. Y muches dirán “ay wey, ni que fuera Elon Musk”. Pues no eres multimillonarie, pero sí tienes suficiente capital económico y cultural como para sentarte ocho horas al día a hacer una tesis sobre la desigualdad en México.

Ahora bien, tampoco se trata de sentir culpa y caer en la hipocondría moral de la que Pau Luque ya nos advirtió. A saber, el sentimiento de culpa por acciones y hechos de los que no se formaron parte, sentimiento de culpa que puede derivar en el complejo de salvador /salvadora blanca el cual consiste en sentir la obligación de tener que hacer tu vida en torno a resarcir el daño que tu clase ha ejercido sobre otras personas. A lo que me refiero es a lo que ya dijo Dahlia de la Cerda: <<No se trata de que pidas/pidamos perdón por ser blancas o ganar quince mil pesos al mes, pero tampoco de que banalicemos la discusión con un hombre de paja burlándonos de quienes nos señalan los privilegios. No se trata, tampoco, de que despoliticemos los análisis sobre la matriz de opresiones convirtiéndola en una olimpiada de opresiones. Se trata de que reconozcamos nuestros privilegios, los asumamos, entendamos cómo nos beneficiamos y cómo nos beneficia el sistema, esto para que gestionemos ese privilegio de la forma más ética posible: no podemos gestionar éticamente algo que ni siquiera reconocemos que existe.>>

Creo que es necesario tener presente estas palabras de Dahlia porque nos recuerda que para teorizar y actuar es necesario asumir el piso donde estamos parades. Es necesario aprender a callar y escuchar. Dejar a un lado la osadía de siempre querer decir algo porque siempre se ha contado con el privilegio del habla. Y si se dice algo sea desde el reconocimiento del privilegio con el que se vive; no inventar que se experimentan opresiones que realmente no se viven y tampoco hacer caso omiso de las implicaciones de encontrarse teorizando en un lugar cómodo. De lo contrario, se banaliza la discusión, las opresiones y la vida de las personas que están en desventaja.

Yo no dudo que vivan/vivamos opresiones o discriminación de distinto tipo, pero hay que aceptar cuando no somos personas expuestas a un grado mayor de vulnerabilidad. No se puede teorizar desde asumir cosas que no nos pertenecen. No se puede debatir y pensar desde la ficción de estar oprimides.

Además, esto invisibiliza las voces y experiencias de personas que realmente lo viven. Porque una vez más, creen que saben mejor lo que es tener jornadas laborales extenuantes que las personas que efectivamente tienen jornadas de 10 horas sin descanso.  A lo que voy es que estas actitudes despolitizan las luchas. Una vez más, como dice Dahlia: <<apropiarse de opresiones que no te atraviesan y de luchas en las que no militas, te estás apropiando del conocimiento de mujeres negras y de color para vaciarlo de contenido, despolitizarlo y blanquearlo y eso también es racismo.>>

Solo desde comprender esto y ser sinceres podemos comprender lo que sucede y los sistemas de dominación que nos rigen. Sólo desde aquí se puede comprender mejor las relaciones de poder. Si no se comete el error de estar teorizando desde la ficción de la opresión y eso no solo es violento, sino que deja huecos en la teoría. Es como cuando le reprochan a Marx no haber pensado en el trabajo doméstico que realizan las mujeres; él no aceptó su privilegio de hombre y a su teoría le faltó género. Así, a la teoría clasemediera le falta barrio. Y no porque tenga que apropiarse del barrio sino porque debe aceptar que no es barrio y desde esa distancia observar las cosas, no fingir que se está en un lugar que no ocupa. Tampoco quiero hacer una oda y romantización a la precariedad, sino que quiero precisar que hay fallos en la comprensión de la realidad que tienen muchas personas que, aunque son brillantes, están sesgadas por su privilegio de clase, aunque no lo quieran ver.

Ella/Elle. No binarie. Me gusta escribir y crear; amo el cine, los gatos y el café. Estudié Filosofía (FFyL-UNAM) y me interesa la filosofía política y la estética. Feminista marxista que en sus tiempos libres dibuja, lee y pinta. Me interesa hablar de movimientos sociales, comunidad LGBT+, neurodivergencia, cine, literatura y anticapitalismo.

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