Nuestra cultura del encuentro es más egoísta

¿Alguna vez te has puesto a pensar en cómo recibes en tu casa a otras personas?
O mejor dicho, ¿cómo recibes en tu casa a personas que vienen de comunidades
indígenas?
Alguien me estaba comentando ayer que su mamá recibía a una persona que le
ayudaba con labores domésticas, que dicha persona venía de una comunidad
indígena del Estado de México, y que recibía tratos indignos, por ejemplo, la
hacían dormir en el suelo en un cuarto arrinconado y lleno de tiliches, cuando
había una cama extra donde podía dormir.
Muchas y muchos de nosotros, que pertenecemos a una sociedad occidentalizada
y no-indígena hemos caído, consciente o inconscientemente, en dar un trato
desigual hacia personas indígenas. Ya sea en casa o en espacios públicos, o a
través de comentarios racistas y/o clasistas que hacen que se siga perpetuando la
desigualdad histórica hacia a las personas y comunidades indígenas.
¿Por qué estoy escribiendo esto? Después de pasar una semana con los
compañeros del “Mochilazo Jesuita” en las comunidades de El Naranjal, Apetlaco,
Ayotuxtla, Cerro Gordo, Tzicatlán y Huayacocotla, todas comunidades náhuatles y
otomíes de la sierra norte del estado de Veracruz, percibí una situación en común:
la bondad y hospitalidad con la que la gente nos recibió. Que a pesar de la
diversidad a la que estoy acostumbrado, me sorprendió que ahí todas las
personas fueron muy generosas y amables. Por ejemplo, en El Naranjal
(comunidad náhuatl) nos recibieron con coronas de flores en la cabeza, algo que
para ellos significa un gesto de bienvenida, o en Cerro Gordo (comunidad otomí)
cuando pregunté si vendían agua y me respondieron que no pero que me
regalaban agua “de la que ellos tomaban” (de manantial de río).
En este orden de ideas, el Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de la
Organización de las Naciones Unidas ha señalado que los pueblos indígenas en
México y en otras partes de América Latina tienen una filosofía basada en los valores de reciprocidad, solidaridad, equilibrio y colectividad de que los humanos
deberían vivir dentro de los límites del mundo natural. El desarrollo de su cultura e
identidad se caracteriza por un enfoque integral que procura cimentarse en los
derechos y la seguridad de la colectividad.

Aquí es donde me entró la duda, ¿haría yo lo mismo al recibir a una persona
indígena en mi casa?
Las personas no indígenas generalmente damos o compartimos a otras cuando
nos sobra, pero a muchas personas de comunidades indígenas, no les sobra, y
sin embargo, comparten lo que tienen.
Quizá deberíamos replantearnos las formas mediante las cuales nos relacionamos
con otras personas, especialmente cuando son personas indígenas o que vienen
de pueblos originarios en México.
Pareciera que nuestra cultura del encuentro con personas indígenas es más
egoísta, individualista, y basada en prejuicios y estereotipos que venimos
arrastrando desde la colonización española. Podríamos cambiar y transitar a una
cultura colectiva de mayor respeto, solidaridad y reciprocidad, derribando barreras
y estructuras que impiden la procuración de un Estado plurinacional como lo es
México.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

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