No tenemos otros datos, no tenemos datos

La manta detrás del presidente nos indicaba que estábamos escuchando el tercer informe de gobierno, pero la realidad era que estábamos ante el primero. Creo que es una buena metáfora de lo que ha sido la 4T hasta ahora, unos cuantos meses –casi un año- que se ha sentido como si hubieran pasado tres.

El presidente López Obrador, cada vez que ha sido expuesto o cuestionado en las mañaneras sobre la información y números que asevera como verdad absoluta, ha utilizado la frase “yo tengo otros datos”. Sí, en este gobierno se nos ha obligado a poner en tela de juicio la información obtenida por vías de transparencia y acceso a la información pública. Los números con respecto al desempleo, economía, índices de violencia, homicidios, feminicidios, programas sociales y cualquier dato que incluso pudiera ofrecer algún miembro de las secretarías; pueden ser contradichos por el presidente sin ningún fundamento o evidencia.

Lo anterior, se vio reflejado en algo más formal: un informe de gobierno. López Obrador volvió a exponernos un abanico de datos y a presumir logros que han hecho de este gobierno la ruta hacia una supuesta cuarta transformación.

Para continuar, es importante hacer referencia a tres notas publicadas por Animal Político. La primera nota, en la que se detalla la falsedad en el uso de datos por parte del presidente para sostener que de acuerdo con una encuesta sobre bienestar realizada y publicada por el INEGI, el pueblo se encuentra más feliz. Utilizó datos de enero en donde sí estaba arriba el índice, pero en julio volvió al mismo nivel que se tiene desde el año pasado. La segunda nota, que es lo problemático del informe de gobierno, es de datos que no se pueden comprobar. Y La tercera nota, sobre datos inexactos, falsos o manipulados.

Como dije antes, si escuchamos al presidente López Obrador, el sexenio ha sido triunfal y somos espectadores de la cuarta tranformación de México. El problema es que, de acuerdo a los datos, no es verdad y es preocupante. Un presidente que además de no tener capacidad de autocrítica, busca engañar a lo que él llama pueblo y peor aún, nos lleva a un gobierno en el que no podemos confiar, que no sabemos exactamente lo que hace y cómo lo hace.

El presidente dijo que a través del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, se dieron apoyos a los más pobres y a deportistas; a través de la venta e incautación de bienes obtenidos por la delincuencia organizada y crímenes de cuello blanco. El problema es que el Instituto no existe y lo hace el Sistema de Adquisición y Enajenación de Bienes, ahora Instituto de Administración de Bienes y Activos. O que el empleo ha aumentado significativamente, siendo la realidad que es una de las cifras más bajas en la historia. El alcance del programa “Jóvenes construyendo el futuro” es un dato que no es comprobable porque la Secretaría del Trabajo no cuenta con la confirmación de la capacitación a esos jóvenes. En general, no hay datos concretos sobre los beneficiados de los programas sociales ni sobre su correcta implementación.

 

El presidente aún no ha entendido lo que es importante. Se ha encaprichado con cumplir objetivos que requieren políticas públicas robustas y que busquen reconocer y respetar derechos humanos. Pero lo que está haciendo es perpetuar un asistencialismo priista que implemente programas sociales populares sin reglas claras de operación y fiscalización.

El 19 de agosto de 2019 dijo:

“(…) Sostengo que el pueblo está feliz, feliz, feliz. Y me voy a apoyar en una encuesta que hizo el INEGI recientemente, en donde la gente manifestó que está feliz, que está contenta. Esa es mi fuente (…)”

-Andrés Manuel López Obrador.

Al presidente no le corresponde hacer “feliz” a la gente ni medir la felicidad a modo por medio de la lectura manipulada de datos del INEGI. Al presidente le corresponde implementar serias políticas públicas en materia de seguridad pública, manejar los datos duros con seriedad y veracidad, tomarse la economía como algo importante que merece ser manejado con estándares rigoristas y dejar de pregonar arbitrariamente lo que es cambio, cuando en realidad implique un retroceso.

No está mal que el presidente ignore ciertas cosas como la economía, lo que está mal es que pretenda actuar como si supiera lo que hace y denostar la buena praxis. Puede ser que el presidente tenga razón, el pueblo está feliz porque la ignorancia -ausencia y manipulación de datos- es felicidad.

Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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