¡No son las formas!

Por Alaín Pinzón (@Alainwho)

Después de cada protesta, la afirmación que más escuchamos siempre es la misma: “no son las formas”, la acusación directa a una forma de protesta que hemos adoptado como nuestra, como la única respuesta a la simulación institucional y a las mentiras oficiales.

“No son las formas” las que un puñado de jotos, al manifestarse por sus derechos, peleen por ser vistos como seres humanos. Pero parece que sí es la forma ser homosexual y convertirse en diputado, jefe de la policía, funcionario público y coludirse con todo aquello que a los maricones nos siguen agarrando del cuello.

En muchos días, la existencia para las poblaciones LGBTTTTI+ y para las personas viviendo con VIH es inaguantable, y siempre va acompañada por la inacción y la negligencia de las autoridades de todos los niveles. Porque, en muchos espacios, seguimos siendo unas “personas raritas” y, en muchos otros, una cuota de representación.

Yo no me quiero casar, pero sí quiero salir a una fiesta enfundado en unos shorts y playera diminuta sin que al regreso el taxi me quiera bajar o me quiera golpear. Quiero poder viajar en el metro sin que policías me extorsionen por ser amanerado o por ir ligando, agarrado de la mano o besándome con otro hombre.

“No son las formas” salir a la calle a pintar paredes, pero sí disque legislar y tener acusaciones de colusión con farmacéuticas; “no son las formas” paralizar el tráfico, pero sí ocupar una oficina de derechos humanos como cuartel político para sus comadres; “no son las formas” romper vidrios, pero sí tratar de frenar la protesta social junto con sus amistades en el poder.

Porque parecería que lo de hoy es el “Love is Love” y a la mierda las luchas de las amigas más jodidas. Las trans, las trabajadoras sexuales, las personas que se acaban de enterar que viven con VIH y están con enfermedades definitorias de sida, las que vivimos con VIH y continuamente nos enfrentamos a la negligencia de las autoridades administrativas, y muchas veces médicas, de cada unidad en la mayoría de las instituciones de salud.

Pero nada de eso importa, aquí lo que interesa para la opinión de aquellos gays conservadores que se encuentran en lugares de toma de decisiones son LAS FORMAS. Eso les importa. Que se cuide la línea de lo gay y de lo bonito. Porque estamos aquí para ser personas coloridas y bien portadas, para poner cara de que todos los derechos están ganados en esta Ciudad y en este país. En esta Ciudad “incluyente”; en este lugar donde policías te extorsionan por ir ligando en el último vagón del metro; en este país donde tenemos a un IMSS en donde, en sus notas médicas, todavía pone “contagio homosexual” para referirse a una transmisión de VIH; en este país en donde tenemos a personas candidatas a puestos de elección popular abiertamente homofóbicas y transfóbicas.

En un país en donde los maricones existimos solo en junio. “¡Que viva la diversidad!” repiten hasta el cansancio las jefas de gobierno y los alcaldes, incluso hasta gobernadores de Estados que ni a la figura de matrimonio igualitario llegan, incluso Veracruz y Chihuahua, cuna de los crímenes de odio en este país. “Se pintan de colores” para mostrar que la simulación les sale y les sale muy bien.

Mientras, ahí seguimos. Con desabasto de medicamentos antirretrovirales, sin reconocimiento de identidad de género legal en muchos Estados, sin carpetas de investigación de crímenes de odio con debida diligencia. Atascadas en el camino heteronormado para querer agradar, para ser menos raritas, menos exóticas y más aceptables, siempre tratando de buscar cuidar las formas.

Dentro de todo esto, me alegra mucho haber encontrado a gente a la que lo que menos le importa es cuidar las dichosas formas. Personas estruendosas, ruidosas, incomodas. Personas amorosas que dan mucho todos los días, que ofrecen vida, deseo y sueños. Ahí me quedo, con ellas. Siempre pensando que juntas vamos a ir, vamos a avanzar y vamos a llegar, cansadas, pero lo vamos a lograr, sin cuidar las formas.


 

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