No sentirse suficiente

Uno lo ve en películas y lo escucha en canciones, pero es difícil entender cuánto duele una decepción amorosa hasta que te sucede. Todos sabemos que se necesita de mucho amor propio, entender lo que uno vale y estar dispuesto a salir adelante, pero qué tremendamente difícil es llegar hasta ahí.

Yo no vine a entender todo esto hasta hace más de un año. Viví la que sería mi primera relación, de esas que aparecen de repente y vienen a llenarte el corazón de ilusiones y expectativas. El problema es que a veces de la misma manera en que llegan desaparecen, y fue exactamente lo que sucedió. Pasé de una inmensa alegría a un corazón roto, una tristeza profunda que se anidó en mí. Aquel amor se fue y lo único que dejó detrás fue un rastro de eterno silencio e indiferencia. Ahora estaba yo sólo frente a todos estos nuevos sentimientos, y entonces hice lo único que me era posible en ese entonces, culparme. “¿Qué es lo que hice tan mal?” “Tal vez si fuera más atractivo, gracioso o inteligente… se hubiera quedado conmigo”, “Soy difícil de querer”, “No soy suficiente”. Tratando de entender por qué habían sucedido las cosas de aquella manera me repetí ese discurso muchas veces, hasta que llegó el punto en que comencé a tomarlo como una verdad.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces, me rodeé de gente y experiencias maravillosa que me ayudaron a sanar, y ahora mirando atrás puedo entender una cosa: fui yo quien me rompí el corazón una y otra vez. Si bien me lastimaron la primera vez, fui yo quien se encargó de hacerlo todas las veces siguientes. Lo hacía cada vez que pensaba esas cosas de mí, habría mi herida y no la dejaba sanar. Así que si tú estás atravesando por algo como esto me gustaría compartir cuatro cosas que ahora entiendo de manera diferente, y que con suerte, pueden ayudarte a ti también:

  1. No siempre vas a recibir un cierre. No es porque no valgas la pena. A veces solo se trata de aceptar que muchas situaciones en la vida no vienen con una despedida incluida, o al menos no en la manera en que necesitamos. Crear un cierre por tu cuenta es una de las cosas más difíciles y valientes que puedes hacer, así que si estás luchando con eso te felicito porque sé que no es nada fácil. Creo que es posible perdonar a una persona aun cuando no le interesa ser perdonada, al final el perdón es el que te libera y te permite salir adelante.
  2. Acepta lo que no puedes cambiar. Deja de ser tan duro contigo mismo. Siempre van a haber cosas que no te gusten de ti, pero no lo uses como una excusa para restarte valor. Ya sea tu aspecto físico, tu pasado o tu historia de vida, abraza todo y entiende que son parte importante de ti. Asegúrate de no perder aquellas cosas que te hacen brillar y por las que te sientes orgulloso. Encuentra tu valor y no esperes que otra persona sea quien te lo otorgue.
  3. No todo se trata de ti. Las relaciones humanas son complicadas, mucho, y no todo lo malo que suceda en ellas tiene que ver contigo. Las decisiones y comportamientos que otras personas adopten se tratan mayormente acerca de ellos y no de ti. Acepta que hay algunas cosas no siempre van a ser explicadas. Deja de torturarte y tratar de entenderlo todo. Descansa.
  4. Ser vulnerable está bien. Muchas personas después de un corazón roto deciden construir una barrera emocional para no volver a ser lastimados, después de todo el amor es vulnerabilidad y cuando comienzas a amar a alguien aceptas que puede existir un gran dolor al perderlo. Eso es sin duda una de las cosas más aterradoras que existen, pero también una de las más bellas. La sensibilidad es lo que nos hace ser humanos, y el hecho de estar dispuesto a compartir todo lo que hay dentro de ti con alguien, y ser amado por eso, es un riesgo que vale la pena vivir.

No hay garantía de que no vuelvas a salir lastimado, la diferencia es que ahora estás mucho más preparado y sabes cuidar de ti, y tal vez ahora logres encontrar a alguien que sepa cuidarte de tu corazón, tanto como tú debes hacerlo.

Me gusta escribir sobre las cosas que me apasionan. El cine es una de ellas.

Psicólogo, yucateco y a veces muy soñador.

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