No, no soy gay. Soy bisexual

Esas letras. Esas dos palabras. Esa línea. Se leen fácilmente, pero pareciera ser una frase indispensable y constante que tenemos que tatuarnos en la frente durante nuestra vida bisexual, para que “respeten” quiénes somos y cómo nos identificamos.

Llevo un tiempo viviendo visiblemente como bisexual en algunos espacios, no todos. De hecho, estuve un tiempo viviendo bajo esta resignación que muchas personas bisexuales adoptamos y que consiste en: asume lo que quieras de mi orientación sexual, estoy cansade de explicarla. Porque vivir públicamente como persona bisexual significa tener que decir una y otra vez lo que somos. Que nos digan que somos una fase. Que nos digan homosexuales si nuestra pareja es del mismo género o que somos personas promiscuas.

La bisexualidad representa asumir una postura política por quien soy y enfrentarme a decepciones, violencias, estigmas, cuestionamientos y expectativas rotas.

Sí, muchas veces preferimos vivir bajo esas percepciones (heterosexuales u homosexuales) porque muchas veces la bisexualidad nos enfrenta a ciclos diarios de violencias sobre justificar quiénes somos. O, desde otro lado, vivir en el clóset por tener una relación o relaciones validadas por la heteronorma y así, evitar todo un proceso de dolor y desgaste emocional. Ojo, no juzgo a las personas bisexuales que optan por la segunda vía, es válido y está bien. No son menos bisexuales por vivir de esa forma.

Pero, ¿por qué decido vivir la bisexualidad en forma visible? Porque hasta los 20 años no sabía que personas como yo existíamos y somos válidas. Porque quiero que infancias y adolescencias LGBT+ encuentren lo que yo no tuve: la bisexualidad como una orientación válida que existe y resiste. Porque quiero ser ese hombre bisexual al cual otras personas puedan acudir para sanar, preguntar, desahogar cuestionamientos y representación. Hacer de una orientación sexual históricamente invisible y estigmatizada, una bisexualidad política visible.

También, porque la primera vez que hablé de mi bisexualidad con una morra bisexual, me dijo: encontrar a personas que validen y respeten tu orientación es súper posible, pero el primero que se tiene que validar y respetar eres tú. Tú podrías ser quien le de voz a los hombres que tienen miedo de decirse bisexuales. Puedes, a tus tiempos. Sí, hoy con miedos, decido hacerla visible desde mis espacios.

Con miedos, porque reconocernos como personas bisexuales es sumamente confuso y desolador. Llegar a aceptar que sentimos atracción por personas de nuestro género y de otros, implica recorrer un camino de muchas preguntas y cuestionamientos. Nos crecen y socializan bajo el mandato heterosexual y, por lo tanto, cuando sentimos atracción por personas de nuestro mismo género, nos lleva a replantearnos como homosexuales o lesbianas; al mismo tiempo, que nos conflictuamos porque las personas del género opuesto realmente también nos atraen. Nunca nadie nos habla de que ese proceso podría identificarnos con la bisexualidad. Al contrario, nos dicen que estamos muy confundidos porque la bisexualidad siempre ha sido castigada bajo los estándares de no ser una opción. Es una fase. Es un camino, pero no un destino.

Este camino, mi camino ha sido bastante difícil. Me tocó ser el segundo hijo en una familia en donde mi hermano mayor, es homosexual. Esto ha implicado dos cosas: por una parte, provocó un primer acercamiento de mi familia a la sensibilidad por la comunidad LGBT+, pero por otro, me complicó hablarles sobre mí.

Ser el segundo hijo, me hizo creer que tenía la responsabilidad de la heterosexualidad en la familia. Que un hijo homosexual era suficiente. Que en mí se había depositado la última esperanza hetero de la familia y todas esas expectativas de mi madre, cito: “mi hijo casado con una linda esposa, hijos o hijas en una familia normal”. Sí, para mi familia yucateca/católica promedio, la “normalidad” es la heterosexualidad. Y aunque en mis planes de vida nunca han estado casarme, ni tener hijos e hijas, las expectativas que había en mí representaban un peso que nadie debería cargar. Un peso que te impide ser quien realmente eres.

Ojalá las personas bisexuales y en general las personas LGBT+ pudiéramos elegir serlo, pero no. No es una elección. No es una “preferencia sexual” porque nadie la elige. No es una fase. Las personas bisexuales somos eso, bisexuales. Eso me tocó vivir.

No todo ha sido completamente pesado y violento. Celebro a todas esas personas que se han compartido conmigo durante esta etapa del proceso y que se han vuelto mi familia elegida. A quienes se han acercado a compartirme su historia como alguna vez yo lo hice con la chica que les mencioné. Celebro las heridas que he ido sanando por una adolescencia y juventud en la que muchas veces negué quien era. Espero ser ese vato bisexual, que mi infancia y adolescencia no tuvieron.

Por último, quiero agradecer a las personas que han sido brazos entretejidos para acompañarme y recibirme durante todo este proceso: a mi terapeuta, Maye; mi hermano; Ana; Noelia y Mauricio. Lo personal es político y revolucionario.

Anexo un hilo desmitificando y explicado lo que es realmente la bisexualidad:

 

 

Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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