No, nadie quiere censurar a Woody por genocida

La sátira es una herramienta poderosa. Sobre todo en estos tiempos, las noticias satíricas ofrecen una ventana que reencuadra lo absurdo del mundo en el que vivimos desde la perspectiva que parece pedir a gritos, la que los medios serios no pueden dar.

La cosa es que hay de sátira a sátira, de comedia auténtica a “bromas” incendiarias de mala fe.

El Daily Wire, sátira y mala fe

Chance esta última semana te topaste con esta noticia disque satírica: Disney está bajo presión por remover a Woody de Toy Story por crímenes contra Nativos Americanos.

Vía The Daily Wire

Para un poco de contexto, la “noticia” es del Daily Wire, un medio de inclinación conservadora producto intelectual de Ben Shapiro (un señor que se hizo famoso por videos donde él, de treintaitantos, “destruye” en “debate” a adolescentes de universidad). Lo financian los hermanos Wilks, magnates de fracking con mucho dinero metido en producir contenido digital de vertiente derechista.

El Wire es normalmente un medio serio de noticias serias. O por lo menos tan serio como se podría con su enorme sesgo ideológico y estilo sensacionalista. No es exactamente el mejor lugar para notas satíricas.

Si entras a ese artículo, ahora te toparás con [Satire] en letras grandes en el título, pero cuando se viralizó eso no estaba, el único indicador de que era falso era un texto corto al final.

Los noticieros serios pueden ofrecer sátira — el New Yorker con su Borowitz Report es un excelente ejemplo—, pero Borowitz etiqueta su falsedad, escribiendo en un estilo cómico y burlón que esperarías de The Onion, por ejemplo.

La nota del Wire, en cambio, está redactada en su amarillismo usual, sin pistas de falsedad o tono burlón. Cuando te la pasas exagerando la ideología a la que te opones en tus artículos verdaderos, está difícil que se note una exageración cómica en tus artículos falsos.

Eso es porque el Wire no quiere entretener con chistes. Como con todo lo que publica, quiere inflamar. Quiere que hagas bilis cuando lo leas. Te quiere hacer sentir molestia e indignación, y si inventar una noticia falsa y ponerle de mala fe un textito que diga que es “sátira” les va a servir para ese cometido, pues lo van a hacer.

Narrativas de paranoia y poder

Se supone que la sátira debe ridiculizar al poder —si te estás riendo de personas a quienes se les está haciendo daño, no es sátira, es bullying. Eso lo dijo Terry Pratchett, genio literario autor de los libros de Discworld.

Inviertes esa frase, y te queda una herramienta de análisis: para saber a quién le quiere atribuir poder alguien, fíjate en quién ridiculiza y a quién victimiza.

La narrativa que vende el artículo es idéntica a la que expone el mismo medio en casos similares, esos de “progres le exigen a corporación que cambie algo que les ofende”. Presentan a activistas, grupos de justicia social o hasta simples internautas comentando en Twitter como si fuesen dictatoriales y todopoderosos, capaces de someter corporaciones y gobiernos —una fantasía para amplificar el miedo en quien lee.

Por favor. Los progres no somos el lobo feroz en este cuento. Por más que soplemos y soplemos, no vamos a derribar así de fácil el castillo de Disney.

Y si la empresa hace algo que se puede interpretar como un “quedar bien” con ideas incluyentes, créeme que no es por presión, ni mucho menos por un compromiso real, sino porque, como Diana Pinto expone en este artículo, es puro mínimo esfuerzo para llamar la atención.

Es ridículo pensar que una empresa tan grande como Disney se viera obligada a arrodillarse ante quienes critican y exclaman las representaciones que pone en pantallas. La hegemonía es otra. El dinero, el poder y la popularidad están en otro lado. Pero fomentando ese sentimiento de impotencia y miedo se puede ideologizar como Shapiro y sus patrocinadores quieren.

Ya que estamos aquí: vaqueros y mitos fundacionales

Si ya está sobre la mesa, pues de que algo sirva. ¿Les parece rápido hacerles el chistesito al Daily Wire y hablar de si Woody es genocida o no?

Los mitos fundacionales son poderosos: con ellos, las sociedades cuentan sus orígenes y cristalizan en su imaginario los valores y símbolos que encarnan.

Así como Roma tiene a Rómulo y Remo, así como México tiene al águila sobre el nopal, Estados Unidos tiene historias de vaqueros en el núcleo de su identidad.

El género del western, desde la literatura popular y el cine, representa el viejo oeste como un nostálgico e idealizado pasado donde se forjó con plomo y sudor el Estados Unidos que existe hoy en día.

Vía United Artists

Muy distanciada a cómo sería y se vería en la época, la cultura pop romantiza la vida de vaquería como una idealización de lo que más valora: los vaqueros representan masculinidad rebosante, solitaria y autosuficiente.

Individualista sobre todas las cosas, el héroe del Viejo Oeste conquista la frontera, su inhóspito paisaje y sus “salvajes” habitantes, para civilizar hacia una sociedad en la que valentía, fuerza y pistola son sinónimos de autoridad. Los ingredientes para avanzar del caos al orden están expuestos y exaltados, con todo y genocidio.

Ni Woody como personaje ni quienes lo escribieron tienen la culpa de este trasfondo, de la ideología que carga o de las implicaciones racistas, machistas y colonialistas que forman los cimientos de la cosmovisión (y política) gringa. Solo repiten símbolos y tropos incrustados en su cultura popular, pero esa repetición sin reflexión algo nos debe indicar, ¿no?

Obviamente, la conclusión no es que Toy Story o el personaje queden cancelados, como tanto fantasea el Daily Wire, ni menos que una supuesta cancelación podría realmente afectar en algo. Tampoco es que nos urja cuestionarnos hasta dónde Woody representa esta carga cultural, hasta dónde la ignora y hasta dónde la subvierte (pero chance sea tema para otro artículo).

El chiste más bien es que debemos consumir con un ojo crítico. Lo más que puede hacer es enriquecer la experiencia y ayudarnos a entender por qué las cosas son como son.

Eso, y que no debemos escandalizarnos por noticias falsas hechas para sacarnos reacciones viscerales.

Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *