¡No dejad que muera el homeoffice! ¡Qué viva el trabajo remoto!

Sin duda, la pandemia nos demostró muchas de las alternativas de cambios en nuestros estilos de vida; una de esas posibilidades fue la de trasladar el trabajo a casa. El homeoffice fue obligación para muchos empleos que tuvieron la ventaja de aislarse, trayendo consigo una experiencia de reconocer sus beneficios. Probamos la diferente organización de tiempos, la distribución de tareas y la fortaleza de confianza al momento de cumplir con los objetivos. No obstante, con la mejora de las condiciones ante la pandemia, estamos retomando las prácticas y hábitos anteriores a ésta y, entre ellas, el hecho de volver a las oficinas; acto que abre la puerta a la reflexión respecto a la productividad, la salud mental y los beneficios que tiene cada espacio de desempeño laboral.

Las prácticas laborales antes de la pandemia

Podemos afirmar que, en México, las condiciones laborales que teníamos antes de la pandemia no eran las mejores. Los horarios eran demasiado absorbentes, los espacios de trabajo aglomeraban a muchas personas en oficinas reducidas, cargas de trabajo pesadas y salarios bajos o no proporcionales al nivel de responsabilidad. Todo lo anterior hablando de condiciones de trabajo “formal”, en el que se garantiza un sueldo fijo al desempeñar funciones dentro de una institución, empresa o comercio regulado. Considero que, el emprendimiento, lo denominado como “informal” y las prácticas independientes son temas de una reflexión distinta.

El punto es que, a pesar de tener un salario garantizado en una fecha establecida, la calidad laboral padecía los estragos de la deficiente movilidad para ir a las oficinas o áreas de trabajo. Un tráfico que se acrecentaba, el clima cada vez más agresivo, la delincuencia y violencia en aumento, y demás factores, hacían que salir de casa por el sustento económico fuera un peso que se añade al estrés laboral. Ponerse la camiseta por algo que no te retribuye de la misma manera que tú, no es algo que nos ayude en condiciones de salud tanto física como mental. Y bueno, llegó la pandemia…

El homeoffice y la obligación de aislarse

Antes de irnos de la oficina, nos despedimos considerando que tal vez se trataba de algo que duraría un par de semanas, a lo mucho un mes, pero ¡jamás pensamos que duraría más de un año! El traslado del trabajo a casa no fue un proceso fácil para todes. Algunas personas tenían que repartir su día entre la crianza de sus hijes, actividades domésticas y las solicitudes laborales; claro que, en estas menciones, las más afectadas fueron las mujeres. De ahí vino los marcados límites de convivencia; la violencia intrafamiliar aumentó, problemas vecinales, la histeria colectiva y la desigualdad se hizo todavía más evidente.

Tuvieron que pasar meses para poder acostumbrarnos, sin embargo, el hecho de saber que afuera había un virus mortal, hacía que el aislamiento en casa se viera como algo seguro y estresante a la vez. Se sentía como una jaula que nos encerraba, pero también nos protegía. Algo que claramente no todas las personas podían tener. Hubo muchas que tuvieron que salir a buscar el sustento único de toda su familia, exponiéndose a los contagios y la situación riesgosa de falta de seguridad que se acrecentó, la disminución de los servicios de transporte y el miedo a enfermar.

Admito que el trabajar en casa fue un privilegio al que no todas las personas pudieron acceder, pero también, nos mostró que conlleva a otros beneficios que pueden ayudar a otras personas, más allá de las ganancias financieras. Un ejemplo de esto es el tráfico; con la disminución de tantas personas tratando de moverse por las ciudades, hizo que las distancias se acortaran, ayudando también a la movilidad del servicio público de transporte, y evitando que éste se atasque por el pasaje. Sólo las personas que tenían una necesidad casi obligada de salir utilizaban estos medios. Y claro, esto ayudó a las condiciones ambientales, disminuyó la emisión de gases por los autos y la basura en la calle.

Fue complicado, porque no teníamos la posibilidad de estar toda la familia en casa, consumiendo el servicio de internet deficiente que tenemos en México, sin posibilidad de acceso a una computadora o un buen celular. Con los sonidos de fondo de animales, niñes jugando, el camión de la basura o la falta de privacidad y concentración. Nos dimos cuenta de que nuestros hogares solo estaban hechos para descansar por la noche y no tener actividad toda la familia el día entero. Tuvimos que arreglárnoslas como pudimos. De ahí surge la generación de asociar al trabajo en casa como algo negativo.

Ser libres de aislamiento para decidir

Ahora que vivimos la liberación de escuchar todo el tiempo sobre el COVID-19, hemos retomado varias prácticas que se habían suspendido. Como la asistencia a conciertos, a parques, restaurantes y bares; y lo mismo ha sucedido con las escuelas y las oficinas. Gradualmente, se ha realizado el regreso a las actividades presenciales, haciendo uso de las instalaciones destinadas para ello. Esta situación se ha visto como un acto liberador de ya no estar todo el día en encierro, considerando el salir de casa como eso que tanto necesitábamos.

Pero… no es realmente algo “tan bueno” el retornar a las prácticas de asistencia para trabajar en oficinas. No debemos confundirnos, la liberación y satisfacción es por el hecho de que la pandemia se ha vuelto más controlada, y de que tenemos la opción de salir de casa o quedarnos cuando queramos, pues ya no es una obligación. Quedarse en el hogar no era el factor negativo, ese era el virus, junto con la obligatoriedad de no decidir sobre nuestra estadía y el miedo al contagio.

Vía: Factor Capital

Apoyad al trabajo remoto

En mi caso, logré adaptarme al trabajo en casa. Cumplía con mis pendientes del día y tenía tiempo para poder descansar más o convivir con el perrito de mi hogar. Como foráneo, hacía ya mucho tiempo que no disfrutaba a mi familia de esa forma, mis proyectos profesionales y personales crecieron, aprovechando el tiempo libre que había. Aprendí nuevas maneras de cocinar, de ayudar en casa y de relacionarme con las personas.

México necesita apostarle al trabajo remoto, a posibilitar que existan medios y formas para acceder a ello. Porque es bien sabido que a muchas personas que dirigen les gusta tener a su personal empleado, simplemente ahí, aunque no hagan nada, o finjan estar avanzando, cuando en realidad tienen cansancio, hambre o irritabilidad; “horas nalga” les dicen. Ahora, también asumamos que se necesitan factores fundamentales para que una buena práctica de trabajo remoto funcione:

  • Confianza: se cree que trabajar en casa significa “echar la flojera”, y por ello no se confía en las personas. Se les está monitoreando constantemente, generando un ambiente hostil y de tensión. Lo mismo en viceversa, no podemos estar mintiendo a cada rato para no cumplir con nuestro trabajo, porque eso, a la larga, genera desconfianza, y se va a preferir vigilarte que a dejarte a tu organización.
  • Organización responsable: es primordial que la responsabilidad de tareas y funciones sea lo más claro posible. Señalar qué tareas, en qué tiempo y los acuerdos necesarios para lograrlo es básico en un buen trabajo remoto. Si decimos que al medio día estará listo, es porque así será. Y si ya se ha asignado tareas para el día, no hostigar con actividades extras que hagan que la organización personal se desequilibre (reuniones innecesarias).
  • Comunicación asertiva: Es fundamental establecer a través de los canales de comunicación los tiempos, momentos y agendas claras. Uno de los mayores problemas de estrés en el trabajo remoto es el hecho de que todo el tiempo están preguntando cómo vamos, como si de verdad cambiara algo en media hora. Y bueno, si así fuera, nos corresponde comunicarlo.
  • Compromiso: todas las personas involucradas deben llegar a acuerdos y cumplir con ellos. Si se trabaja por un horario establecido, no pedir algo fuera de éste. Si es por cumplimiento de objetivos o metas, cuando se tengan estos productos, no exigir más por el simple hecho de “estás en casa, no haces la gran cosa”. Ser personas responsables y disciplinadas son elementos básicos, tanto como trabajadores como empleadores.

Hay todo un camino muy largo por aceptar al trabajo remoto como una opción de desempeño laboral. No se trata de mudar a todas las personas, sino que exista como posibilidad de elección. A muchas personas nos ha beneficiado bastante, yo doy testimonio de ello. No tiene que ser específicamente en casa, poder salir a trabajar a otros espacios se ha sentido liberador. No dejemos que la reflexión se desvanezca, y siempre velemos por mejores condiciones de trabajo.

Este mes, la canción que les recomiendo escuchar es: “Love On My Mind” por Freemasons, Amanda Wilson.

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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