No besaras a nadie que no hable de justicia social y más… Que la congruencia sea nuestro superpoder

Érase una vez… Ajá como de cuento la cantidad de conceptos e ideas que como sociedad contemporánea nos hemos tragado y no digerido, más a menudo de lo que pensamos estamos apelando a mandatos como la justicia social, el amor propio y la responsabilidad afectiva, muchas veces sin que algunas personas las entiendan y muchas otras, juran entenderlas y peor, ejercerlas, pero la realidad es bien diferente…

La justicia social, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) está basada en la equidad y es necesaria para que todas las personas podamos desarrollar al máximo nuestro potencial y para caminar a una sociedad en paz.  Escuchamos y leemos a miles de personas apelar, luchar y trabajar por la justicia social, todos los días en todos los espacios y está bien. Existe esta frase que se ha viralizado “No besaras a nadie que no hable de justicia social” y me parece un maravilloso posicionamiento político, basado en elegir con quien nos vinculamos sexo – afectivamente considerando sus ideales políticos y esto al igual que los conceptos que más adelante mencionare, más allá de una gran postura, es – a mi parecer- uno más de los cuentos del workismo porque, en la vida cotidiana ¿a quién realmente le importan esas cosas?

Las personas que viven al día y que el sistema ha dejado en total abandono, no se paran a romantizar la vida como muchas personas que desde la academia y el activismo han llenado de vicios categorías de análisis, es por esto por lo que es valioso pararnos a pensar si realmente estamos incidiendo en el bienestar social o sólo estamos llenando de magia ficticia la vida. Por ejemplo, la romanización del concepto de “Amor propio” 

“Amor propio” Créditos a quien correspondan

El amor propio no todo lo puede ¡Y está bien! Porque ¿cómo vencer desde la individualidad las violencias sistemáticas?  Increíble que en algún momento la idea del amor propio haya contribuido al empoderamiento, sobre todo al femenino, que sea una herramienta para hacernos ver y creer que podemos trabajar desde nuestra individualidad en satisfacerlas carencias que muchas veces intentamos llenar con afectos de otras personas. El amor propio no es malo por si mismo, lo que está mal y que vale la pena cuestionar y problematizar es que, por más que compremos el cuento del amor propio y nos amemos, conozcamos y respetemos; hay un sistema que a diario nos expone a miles de violencias.

Y, el mismo cuento, pero hasta peor con la tan famosa “responsabilidad afectiva”. Esa de la que todes hablan, la que según todes pedimos en todas las relaciones en las que nos vemos envueltes pero que cada día se llena de más y más vicios, manipulación y violencia.  He visto a las personas más feas emocionalmente jurar que tienen responsabilidad afectiva, pero lastimar sin pensar. ¿Cuándo es responsabilidad afectiva y cuándo egoísmo? No podemos seguir usando a nuestra conveniencia los conceptos que las ciencias sociales nos dan. Se debe buscar la congruencia y dejar de teorizar en lo ajeno.

Así que, como una especie de nuevos y contemporáneos mandamientos diría:

  1. No besarás a nadie que no hable de justicia social
  2. No hablarás de responsabilidad afectiva si no la ejerces
  3. No romantizarás el amor propio
  4. Honrarás tu vida y tu resistencia
  5. No fiscalizarás el feminismo de nadie
  6. Cuestionarás sistemáticamente todas las violencias estructurales
  7. No invisibilizarás las luchas de nadie
  8. Lucharás desde la interseccionalidad
  9. Lo sistemático se resuelve en colectivo
  10. Tú eres el sol

Y pueden o no, creer en estos puntos, pero sí les invito a regresar a ellos cada que sintamos que algo está turbio en nuestro día a día, porque entre tanta información a la que estamos expuestes, vale la pena pensar si lo que estamos hablando y haciendo tiene sentido.

Que la congruencia sea nuestro superpoder.

Fin.

Ella/She

Escribo para plasmar lo que me duele e indigna, deseo que todas las personas encuentren espacios de expresión dignos.

Soy una mujer mexicana y feminista, politóloga preguntona y administradora pública por la Universidad Iberoamericana. Estoy convencida que caminar en colectivo es mejor.

Estratega en lo laboral pero por convicción luchando contra la trata de personas y colaborando en espacios de exigencia de derechos humanos. Me encanta la comunicación política y la participación ciudadana. Sueño y trabajo por un país sin injusticia e impunidad.

“La resistencia no es sólo aguantar, sino construir algo nuevo”.

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