Ni cis es insulto ni se está “borrando” a las mujeres

Para sorpresa de prácticamente ninguna de las personas que solemos toparnos con comentarios transfóbicos en redes sociales, en más de una ocasión he leído que mujeres cis afirman que el prefijo cis es “un insulto”, o que es usado para “forzarlas a identificarse con su opresión”, y muchos otros argumentos carentes de lógica que buscan distanciarse de esas tres letras.

La palabra cisgénero (o su abreviatura cis), es empleada para quienes son del género que les fue asignado al nacer, a diferencia de trans, usado para aquellas personas cuyo género no corresponde con el que se les asignó, que incluye a personas trans binarias y no binarias –así que cuando digo personas trans va por todas las personas trans–. Es una cuestión bastante sencilla, y, sin duda, cis no es algo ofensivo. Honestamente es bastante ridículo afirmar que lo sea y eso de que a las mujeres cis se les nombre como cis es hacer que se identifiquen con su opresión es también una tontería gigantesca. ¿Eso significa que las personas trans se “identifican con su opresión”? Porque obvio, a la gente le encanta pertenecer a grupos marginalizados.

Ciertas páginas y grupos feministas defienden firmemente estas dos –y muchos otras– posturas, cayendo, creando y reforzando narrativas transfóbicas. Incluso, una vez, me topé con comentarios en una publicación que decían que el poner tus pronombres en tu perfil (esto con la finalidad de normalizar el preguntar o directamente mostrar los pronombres de cada persona, sin asumir cuáles utiliza), era, también, “identificarse con la opresión que sufren las mujeres [cis]”. Una locura pensar que todas las personas utilizamos… pronombres.

Cosas tan absurdas como las que acabo de señalar perpetúan la violencia a la que se enfrentan las personas trans constantemente, por no decir a diario. Argumentos sin sentido como esos, que lo único que buscan es antagonizar a las personas trans de movimientos como el feminista, empeoran su transitar.

Es necesario entender y dimensionar los privilegios que tenemos las personas cis al movernos en un sistema (cis-tema) que desde sus cimientos nos beneficia mientras violenta las identidades trans. Un cistema que se sostiene de un binarismo de género impuesto con la colonización y partiendo de una mirada occidental, eurocéntrica, blanca. Es imposible desvincular la transfobia del racismo, porque van de la mano.

A las personas transfóbicas/transodiantes, esto parece importarles muy poco o directamente nada, y no porque “no puedan” entenderlo, sino porque no quieren, porque al parecer hay tanto odio en su persona que se niegan a escuchar, a verdaderamente escuchar a las personas trans; ni se dan la oportunidad de hacerlo. Se escudan en bases meramente bioesencialistas en las que nuestra identidad termina reduciéndose exclusivamente a qué genitales tenemos.

Las feministas radicales transexcluyentes –TERF, por sus las siglas en inglés–, que, queramos o no, son feministas (aun siendo racistas y transfóbicas), se han encargado de pintar a las personas trans –particularmente a las mujeres trans– como el mayor riesgo al movimiento feminista, como si su mera existencia pusiera en riesgo a las mujeres cis. Manifiestan que las mujeres trans están perpetuando estereotipos y roles de género, como si fuese su trabajo el deshacerse de estos, como si sus vivencias como mujeres, los procesos por los que han atravesado y su relación con estos estereotipos y roles fuesen iguales a los de las mujeres cis.

Sostienen que se está dando un “borrado” de mujeres por hablar de personas trans, por hablar de mujeres trans, por pedir que se dejen de lado consignas que remiten a mujer = vagina y hombre = pene en marchas, espacios feministas y de la vida cotidiana.

Ese “borrado” que tanto pregonan, ¿a qué mujeres incluye? ¿A qué mujeres está considerando? Definitivamente no a las mujeres trans, muchas veces ni siquiera a mujeres racializadas ni empobrecidas. Y todo para ir defendiendo a una mujer blanca multimillonaria que usa su plataforma y alcance para difundir sus discursos de odio; o a otras mujeres que imparten cursos feministas de $1,500 que bien podrían llamarse “cómo ser transfóbica en espacios feministas 101”. Un supuesto borrado de aquellas cis y heterosexuales que se rehúsan a cambiar su lenguaje por uno más incluyente.

A mí no me están “borrando” si al hablar de aborto se dice personas con capacidad de gestar o gestantes; si cuando se habla de menstruación se emplea personas menstruantes, porque ni siquiera todas las mujeres cis menstrúan ni se pueden embarazar; y poner “mujeres y demás personas con capacidad de menstruar” es señalar a los hombres trans y personas trans no binarias menstruantes desde la otredad y sin mencionarles explícitamente.

Fotografía: Daniel Chazari.

Mucho “borrado” de mujeres [cis] y poca crítica al binarismo de género y determinismo biológico que tanto se empeña en que nuestra identidad gire en torno a los genitales. Mucho “borrado” de mujeres [cis], pero el verdadero “borrado” está al hablar de menstruación como algo que compete sólo a las mujeres, cuando no todas las mujeres menstrúan ni todas las personas que menstrúan son mujeres; el verdadero “borrado” está en que nuestro lenguaje también esté construido y sea empleado de forma tan binaria, dejando de lado a las personas trans no binarias que no usan pronombres binarios.

Llevamos prácticamente ya un año de pandemia, y esto no ha hecho que la violencia feminicida, transfeminicida ni transfóbica disminuya, sino que parece haber incrementado. Cada día es leer alguna noticia o comentario transfóbico, que si a mí como mujer cis me cansa y duele porque me es imposible no pensar en mis amigas, amigos y amigues trans, apenas y puedo hacerme una idea de lo que representa para ellas, ellos y elles.

De verdad urge leer a personas trans, que incluso en este mismo blog han compartido sus vivencias; escucharlas en podcasts y conversatorios, por dar unos ejemplos, porque no es tarea de las personas trans educarnos y aclarar nuestras dudas, menos cuando ni siquiera hemos hecho el esfuerzo de buscar las respuestas por nuestra cuenta.

Urge también que las personas cis nos solidaricemos en todos los ámbitos posibles, como lo pueden ser los académicos, y que alcemos la voz cuando los textos que leamos señalen como la diferencia entre hombres y mujeres una cuestión meramente genital o cromosómica; o en otros espacios como los de las redes sociales, con algo tan sencillo como visibilizar nuestros pronombres, práctica iniciada por personas trans para evitar misgendering. Y así hay mucho más que se puede hacer, como sumarse a la iniciativa propuesta por Fernanda Dudette en redes.

Por último y con motivo del venidero 8M que está envuelto en un panorama no sólo pandémico, sino increíblemente transfóbico, cuestionemos y critiquemos las posturas que hemos adoptado, que suelen venir de un feminismo que se ha posicionado como hegemónico, y dejemos de lado esa sororidad que tanto vocean en círculos feministas si ésta va a servir como justificación para defender a mujeres que se la pasan violentando a otras mujeres. Ninguna transfoba es mi “compañera de lucha”, y yo no quiero ser la suya; ni hoy, ni el 8M. Nunca.

Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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