Nenis en resistencia

Por: Hannah Cubells

Conocemos que, en México, el desempleo y la pobreza laboral son fenómenos que abarcan, al menos, a la mitad de la población y que afectan en mayor medida a mujeres y jóvenes.[1] La violencia económica contra grupos poblacionales en estado vulnerable es un fenómeno real que se ve reflejado en las estadísticas económicas. Para resistir a esto, muches nos acercamos a la labor informal y nos hemos convertido en nenis, vendiendo nuestros productos a través de las redes sociales y los espacios públicos.

A manera de protesta contra la violencia económica, lugares como metros, parques y alamedas han sido reclamados por grupos autogestivos de mujeres y disidencias sexuales para poner sus cosas en venta. Ejemplos de estas protestas son el famoso tianguis disidente que se coloca en la glorieta de insurgentes de la Ciudad de México y la mercadita feminista en varios estados. Las tendidas en espacios públicos son una demostración de la organización que existe fuera de los esquemas capitalistas. Asistir y participar en estos eventos no sólo es una forma de intervención política, también permite la promoción del arte, trueque, y otras actividades subversivas. Usualmente, las cosas en venta son elaboradas por les mismes vendedores y nuestras compras a estas personas benefician los ingresos locales y su economía personal.

Fuera de los lugares físicos existentes, en la era digital, las ventas en línea también son una estrategia con la que estos grupos nos damos a conocer. Apenas hace unos meses, las nenis nos hicimos virales por nuestros emprendimientos en facebook e instagram. El término neni se acuñó por el uso de esta palabra en los tratos entre vendedoras y compradoras en los bazares de redes sociales. Al salir de nuestro círculo, se convirtió en un trend que dejó ver la misoginia de muches; se burlaron no sólo de nuestro lenguaje al hacer negocios, sino también de nuestra labor. Es entendible que nuestra independencia económica haya generado incomodidad, pues es un recordatorio de que somos capaces de subsistir y participar en la economía que nos ha relegado.

Dejando a un lado los comentarios violentos que surgieron, las nenis retomamos nuestro nombramiento para darle reconocimiento al trabajo que hacemos. Gracias a nosotras se han generado nuevos empleos y se tejen día con día nuevas redes de apoyo económico. La comunidad neni es muy grande y estamos en todos los estados, somos estudiantes, madres, personas lgbt+ y una diversidad entera. Ser neni ha ayudado a familias completas a salir adelante, a algunes otres les ha permitido pagar sus estudios, mantener albergues de animales y, en general, tener ingresos propios. Además, ha hecho al autoempleo más accesible para varies, convirtiéndose en un medio de resistencia ante la pobreza laboral.

Yo soy neni profesional, desde hace aproximadamente tres años. Junto con mi hermana abrimos nuestro bazar en Instagram, después de descubrir que era posible comprar ropa bonita a precios económicos y que contábamos con mucha que necesitaba de una segunda vida. Nos pusimos manos a la obra y elaboramos una dinámica de compra (pilar esencial para un bazar), tomamos fotos y subimos nuestra primera actualización. Desde entonces, hemos ido creciendo y en este proceso hemos descubierto muchas cosas y conocido a gente con las que probablemente no nos hubiéramos cruzado de otra forma. Ahora estas personas son parte de nuestra cotidianidad y nos inspiran y motivan todos los días.

Tras una pausa por la pandemia volvimos a vender ropa, pero esta vez en Facebook, a través de live streamings en grupos de venta. Es increíble ver la cantidad de gente que entra a verte un rato y las conexiones que puedes desarrollar en estos espacios. Los sábados, como otres que venden en estas plataformas, acudimos a chabacano para hacer las entregas de la semana. La mayoría de les asistentes venimos desvelades, organizando los paquetitos en los que ponemos una gran dedicación y esfuerzo. Todes nos las pasamos de este a oeste recogiendo las compras con las que apoyamos a nuestres colegas y llegamos cada fin de semana a casa con curiosidades increíbles. Ser neni chabacenera es un estilo de vida que a nosotras nos ha permitido reinventarnos, contribuir a la economía de nuestres compañeres y obtener ganancias suficientes para poder mantener a nuestro perrito.

Dentro de todo lo bueno que los bazares ofrecen, tanto personal como socialmente, es necesario hablar de las problemáticas que ha traído consigo su capitalización. Aunque afortunadamente cada vez más personas pueden abrir sus tiendas, el crecimiento de los bazares ha dejado a su paso efectos colaterales, como la gentrificación de las pacas, de donde muches consiguen su ropa. Los precios exorbitantes que ponen a los pantalones “vintage” o ropa que marcan como “preloved” desincentivan a muches a apoyar nuestros negocios y por lo tanto a lo local. Es posible poner precios justos que paguen nuestro trabajo y la calidad de lo que ofrecemos sin necesidad de tener ganancias excesivas.

Recordemos que hablar de resistencia implica apoyar causas que vayan en contra de lo que nos es impuesto, y la gentrificación o el consumo innecesario de ropa evita que pueda ser así. Por esto, les nenis debemos reenfocar nuestra misión para contribuir a prácticas más éticas que hagan de este un mundo mejor (sin dejar de hacernos presentes desde nuestras tiendas públicas o en medios digitales). Aquí seguimos y aquí estaremos defendiéndonos de la violencia económica con nuestros productos y nuestro trabajo.

Les veo abajo del reloj

@chulangas_bazar

[1]https://mexicocomovamos.mx/publicaciones/2021/08/se-recupera-el-mercado-laboral-pero-solo-un-tercio-de-los-estados-reducen-su-pobreza-laboral-respecto-al-nivel-prepandemia/

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