¿Necesitamos salud mental? Última parte

En esta última entrega me enfoco en mencionar alternativas generadas por parte de quienes se han organizado, no sólo para denunciar las violencias y violaciones a los derechos humanos por parte del sistema de salud mental, sino para politizar sus malestares.

Así como hay movimientos feministas, de diversidad sexual, antirracistas, de pueblos originarios, etcétera; también existe uno que lucha contra el estigma, el aislamiento de aquelles considerades como “enfermes” por su forma de  percibir, de senti-pensar, de vivir experiencias emocionales. En algunos lugares esta lucha se denomina orgullo loco, en otros, se llama activismo en salud mental.

En el orgullo loco, la locura se reivindica, deja de ser ese lugar común asociado al manicomio, a la camisa de fuerza, a la peligrosidad, para ser parte de la experiencia humana sin necesidad de castigarla ni mucho menos patologizarla. Así, la expresión “loca”,  o “loco” frecuentemente utilizada  como una forma de estigmatizar a quien no se considera lo suficientemente “razonable” se convierte en una forma de reapropiación y de orgullo de personas que se niegan a la normalidad impuesta.

Las primeras movilizaciones de esta lucha surgieron en Canadá y en Reino Unido en 1993. En Toronto, por ejemplo se llevó a cabo una manifestación por el Día del orgullo del superviviente psiquiátrico el 18 de septiembre del mismo año. Estas manifestaciones públicas se han expandido en varios países como Australia, Brasil, Portugal, Sudáfrica, Estados Unidos, España, Chile. En México, en el 2019 se llevó a cabo la primera Marcha del orgullo loco en la ciudad de México.

Quienes participan en este movimiento son activistas en primera persona, es decir, usuaries, ex usuaries, personas que se autodeterminan como neurodivergentes, con discapacidad social, locas, locos, loques y supervivientes de la psiquiatría que han experimentado maltratos, torturas, deslegitimaciones, sobremedicaciones dentro del sistema de salud mental. Uno de los principales objetivos del movimiento es cuestionar la consideración individual en lugar de colectiva de las problemáticas que hegemónicamente han sido denominadas en “salud mental”.

Como una forma de contrarrestar las deficiencias del sistema de salud mental, los colectivos han generado sus propias propuestas, como los Grupos de Apoyo Mutuo (GAM), en los cuales se reúnen con cierta regularidad les activistas en primera persona para compartir aquello que les ocasiona sufrimiento, todo ello en un espacio donde se promueve la horizontalidad, el respeto y la escucha. Las reuniones pueden ser mixtas, pero también hay apoyo mutuo sólo entre mujeres, algunas de ellas trabajan desde lo que denominan “Feminismo loco”. Estos grupos son muy comunes en España.

Otra de las propuestas construidas desde la lucha colectiva son las Casas de crisis, espacios alternos a los hospitales psiquiátricos para personas que atraviesan  situaciones de crisis o que no pueden cuidarse por sí mismas. En estos espacios se ofrecen cuidados desde un enfoque de Derechos Humanos además, la asistencia es voluntaria. Aunque son pocos los lugares del mundo donde existen este tipo de proyectos, podemos encontrarlos en España, Estados Unidos, Londres y Berlín.

Aunque estos espacios todavía no son una realidad en México, esperemos que pronto lo sean, lo importante por ahora es saber que existe la posibilidad de crearlos y que colectivos como Orgullo loco Mx y Sin colectivo están apostando por comenzar a visibilizar otras formas de entender la locura, que colocan en el centro la dignidad de las personas que experimentan algún tipo de sufrimiento o malestar.

Me encantan las Ciencias Sociales. Me inquieta aprender sobre disidencias sexuales, feminismos (no transfóbicos), producción de subjetividades, corporalidades, opresiones, desigualdades sociales, entre otros temas. Odio la injusticia. Cuestiono lo “normal”. Para mí, “lo personal es político”. Escribo en el blog para compartir reflexiones y opiniones desde un conocimiento situado, no intento generalizar.

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