Música y protesta social

Si hay una época histórica que en la que se ha logrado politizar (casi) todos los aspectos de la vida, tiene que ser el siglo veintiuno. Básicamente porque se ha buscado dar orientación y contenido político a acciones, pensamientos o personas que originalmente no lo contemplaban, como en el deporte (con las protestas por la violencia policial contra la población afroamericana), el arte (con la instalación de juegos entre la frontera entre México y Estados Unidos), prendas de vestir (como los pañuelos verdes que usan feministas para exigir su derecho a decidir), posturas de yoga (como el saludo al sol masivo para la renuncia de Roselló en Puerto Rico), y desde luego, la música en todas sus expresiones y (casi todos los) géneros como explico en los siguientes párrafos.

Muchas personas recodarán a Roger Waters en Ciudad de México exigiendo la renuncia de Enrique Peña Nieto durante un concierto en 2016, y si bien no fue la primera persona en hacerlo, su concierto tuvo una fuerte carga de protesta porque también aprovechó para recordar la triste realidad de la desaparición de personas en el país. Dos años más tarde hizo lo mismo, recordando además la construcción de un muro entre Israel y Palestina, mientras que al ritmo de Money y Pigs (Three Different Ones) criticaba a Donald Trump, Putin y Kim Jong-un.

Pero como se mencionó anteriormente, Waters no fue el primero. Prueba de ello es que en 2012 Residente (vocalista de Calle 13) apareció en un concierto con “Yo Soy 132” escrito en la espalda, en apoyo al movimiento estudiantil. Vale la pena recordar que dicho movimiento inició como parte del rechazo hacia la candidatura de Peña Nieto por la represión en San Salvador Atenco cuando fue gobernador del Estado de México, así como el manejo parcial de los medios de comunicación en relación al proceso electoral. Yo Soy 132 nace después de un video publicado en el que 131 estudiantes de la Ibero responden a las críticas de que sus abucheos a Peña “fueron orquestados” y que eran personas “ajenas a la universidad”.

No obstante, artistas y bandas han dedicado música a las protestas sociales desde la segunda mitad del siglo pasado en América Latina. Víctor Jara fue un cantautor chileno perseguido, torturado y asesinado por militares durante la dictadura de Pinochet luego del golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende. Jara rescató raíces indígenas en su música y le dio voz a los oprimidos en sus letras y en Manifiesto (1973) le hizo honor a su activismo cultural:yo no canto por cantar, ni por tener buena voz. Canto porque la guitarra tiene sentido y razón”.

Años después, Charly García le dedicaba Dinosaurios (1983) a la post dictadura cívico-militar de Argentina en un momento crucial. La canción del álbum Clics Modernos inicia diciendo “los amigos del barrio pueden desaparecer, los cantores de radio pueden desaparecer. Los que están en los diarios pueden desaparecer, la persona que amas puede desaparecer”, mientras una tonada de piano hace que el mensaje sea más conmovedor. Finalmente, deja un mensaje dirigido a superar el trágico episodio y los sentimientos de angustia cuando dice “oh mi amor, yo quiero estar liviano. Cuando el mundo tira para abajo, yo no quiero estar atado a nada”.

De igual forma, Los Fabulosos Cadillacs al ritmo del rock, ska y reggae se fueron convirtiendo en íconos de la protesta social con himnos como Matador (Vasos vacíos, 1994) y Mal Bicho (Rey de Azúcar, 1995). La primera canción es una oda a los luchadores sociales y retrata la persecución que enfrentaron durante las dictaduras:

«Me dicen el matador, me están buscando,

en una fría pensión los estoy esperando,

Agazapado en lo más oscuro de mi habitación,

fusil en mano, espero mi final»

Cabe mencionar también que canción contiene una referencia a Víctor Jara. Por otro lado, Mal Bicho es un espectáculo visual. El video contiene fotogramas de represión y detenciones arbitrarias, así como representaciones de cuartos de tortura ensangrentados con gente atada de manos y los ojos cubiertos.

En un contexto distinto en México se denunciaba la represión en canciones como Abuso de autoridad (¡En vivo y a todo calor!, 1991) de El Tri. La canción denuncia en su letra lo siguiente: “nuestro gobierno está muy mal, y nadie puede protestar, porque lo llevan a encerrar. Ya nadie quiere ni salir, ni decir la verdad, ya nadie quiere tener más líos con la autoridad”. En mucha de su producción hicieron lo mismo con otros mensajes similares.

También en la década de los noventas, bandas como Molotov convirtieron canciones en himnos de protesta. A pesar de que su discografía está llena de letras irreverentes y mucha crítica social y política, Gimme tha Power del álbum ¿Dónde jugarán las niñas? (1997), Hit me y Frijolero de Dance and dense denso (1999) tienen referencias directas a personajes políticos de México y Estados Unidos y a diversas problemáticas como la pobreza, la estigmatización, la corrupción y la violencia policial.

En tiempos más recientes, Ana Tijoux con Shock y Dr. Krápula con Exigimos han puesto en manifiesto la importancia del derecho a protestar y el contrapeso de las movilizaciones frente a las injusticias de los gobiernos. Su discurso incorpora una crítica a las corporaciones y a los gobiernos que no respetan derechos humanos a la música de protesta. Asimismo, otras canciones fueron resignificadas, tal y como sucede con Cómo te extraño mi amor de Leo Dan, que originalmente compuesta como una balada romántica inspirada en una periodista brasileña y acabó convirtiéndose en un mensaje de solidaridad a madres de desaparecidos cuando Rubén Albarrán se las dedicó junto a un emotivo discurso durante una marcha en Jalisco.

Finalmente, en temas específicos Clandestino de Manu Chau hace un manifiesto a las personas migrantes como su letra lo demuestra: “solo voy con mis penas, sola va mi condena. Correr es mi destino, por no llevar papel”; por otro lado, revindicando los derechos de las mujeres, el rap de Rebeca Lane tiene mensajes muy fuertes. De la antepenúltima estrofa de Ni una menos (2017) se puede tener una idea clara de lo que va su música: “díganme loca histérica y exagerada, pero hoy canto en nombre mío, y el de todas mis hermanas”; y por último y no menos importante, A quién le importa (1986) de Alaska y Dinamarca se ha convertido en un himno de libertad y afirmación de quienes se atrevieron a cuestionar la heterónoma. La canción sigue siendo vigente dentro de la comunidad LBGT y ha sido reinterpretada en muchas ocasiones porque no deja de ser una canción de orgullo y resistencia.

Con los ejemplos anteriores, es inevitable que pueda despolitizarse la música. Ya sea por quién la escribe o interpreta, el momento político en que se interpreta o los movimientos y causas a los que les rinde tributo, jamás dejará de ser una herramienta de protesta social. Y, así como en Puerto Rico, la música y sus intérpretes seguirán “tumbando gobiernos” y revindicando derechos y luchas sociales.

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Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.

Una respuesta a «Música y protesta social»

  1. Excelente nota, gracias por hacer un mix de la música y la protesta social, cuando no se nos escucha las melodías pueden llegar más a los cerebros de las personas.
    Buen trabajo Enrique, como siempre destacadas por lo que haces 🤗
    Me gustaría que más adelante profundizaras más en el tema y busques, con tus notas de crítico especialista, más autores/autoras y artistas que hacen se manifiestan en las calles con sus diferentes artes, música, poemas, cuadros bailes, etc.

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