Más allá de Bad Bunny

El reggaetón suele ser ligado con actitudes y letras machistas y denigrantes. Cuando no trata temas sexuales, es común escuchar referencias a la violencia y la drogadicción. Aunado a sus orígenes populares latinoamericanos y caribeños, es difícil deslindar este género de ritmos bailables y amigables con la fiesta de sus aspectos negativos.

Los aspectos con los que se asocia el reggaetón mainstream han propulsado un sinfín de críticas provenientes de todos los sectores de la población, desde sugerencias de que es una fuerza corruptiva para la juventud hasta campañas que activamente lo denuncian como algo invariablemente denigrante y misógino. 

Al criticar el reggaetón, es necesario entender que nuestro problema no es con el género per se, sino con el machismo, la misoginia y la violencia. Sin embargo, hay algo muy particular que nos hace ligar estos aspectos con el reggaetón y encasillar y etiquetar todo de ser así, y nos hace ignorar que todos los estilos y géneros, desde el pop y el rock –basta con escuchar a Hendrix anunciar que matará a su mujer por descubrir que sale con otro hombre, haciendo “Hey Joe” el perfecto ejemplo del hombre que se siente poseedor de la mujer, con un derecho sobre ella cuyo desafío amerita matar– hasta las coplas tan populares en la España franquista, son culpables de lo mismo.

¿Se trata, acaso, de un elitismo y un clasismo desbocados que persiguen al reggaetón por sus orígenes populares? El reggaetón tiene su origen, al igual que otros géneros que han sido fuertemente criticados como el rap y el hip hop, en sectores marginados de la sociedad, excluídos de los círculos cultos y educados que dictan la manera en que se debe hacer música y legitiman las innovaciones. 

Es importante notar que, como todo género, el reggaetón es un fenómeno muy diverso con infinidad de variantes. Es, al final del día, una herramienta de expresión más, que puede ser lo que quien compone e interpreta y la audiencia decidan. Entendido eso, ¿es válido condenar al reggaetón? ¿Por qué no, en lugar de tachar todo un género de machista, elegimos condenar sus variantes denigrantes y celebrar las empoderadoras? Es más, ¿por qué no dejamos que las mujeres se apropie de él y lo vuelva un arma para empoderarse, para declararse libre y romper el estigma de la sexualidad femenina?

Existen cada vez más personas que toman el reggaetón como una herramienta de revolución. La puertorriqueña Ivy Queen canta en su tema “Pa’ la cama voy”: “Porque yo soy la que mando / soy la que decide cuándo vamos al mambo / y tú lo sabes”. En “No quiere novio”, Ñejo se aleja del retrato femenino hipersexualizado y sumiso y describe a una mujer que: “No quiere a nadie que le esté diciendo na’, ningún bobo que le venga hablando pendejás. Ella no tiene que explicarle a nadie pa’ dónde va”. DJ Kun hace un fuerte alegato contra los cánones de belleza en “Yeah Maracuyeah”: “Nada de silicona / nada de liposucción / sin prejuicios ni complejos / 100% natural / dedicamos este coro / a las yales de verdad […] El perreo de la fea la linda lo desea”. El dúo chileno Torta Golosa, con su “reggaetón tortillero feminista”, busca redefinir el género de tal manera que: “sirva como una herramienta de empoderamiento; que toda mujer pueda perrear hasta abajo disidente y libremente”

June Fernández, directora de Píkara Magazine, habla del reggaetón como una herramienta para hacer bajar unos cuantos peldaños al feminismo aburguesado que prevalece hoy en día, diciendo que hace bien esa “feminidad barriobajera, sin clase, de hembras en celo que no cruzan las piernas sino que las abren de par en par, sin preocuparse por que se les vea las bragas”. “Si no puedo perrear, no es mi revolución”, dice en su perfil de Twitter. Denuncia además lo contradictorio del mensaje feminista contra el reggaetón, que bajo una fachada de liberación argumenta que el único fin del perreo femenino es dar placer al hombre: “¿O sea que si yo me froto con un tío es para darle gustito a él? ¿Acaso no creen que frotarme contra una pierna o un paquete me puede dar gustito a mí?”. 

No prohibamos el reggaetón: redefinámoslo. Alejémoslo del machismo y el androcentrismo. Traigamos nuevas corrientes, demos espacio a las reggaetoneras y al reggaetón queer. Volvamos al reggaetón el nuevo himno de la nueva revolución, una revolución menos rígida, más libre, que se ríe y baila y se entrega al desenfreno y a la que no le da miedo lo que la gente piense: una revolución que se apoye en el placer y el cambio y la transformación, y no sólo del enojo. Reitero, el problema no es el reggaetón, el problema es el machismo y la violencia y la discriminación. Apropiémonos de él y convirtamos a nuestro enemigo en una herramienta más.  

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Chilango apasionado y chavito bien empedernido. Me gusta mucho la política y creo que a veces un puro es solamente un puro pero también a veces no. Me gusta irme a dormir con más dudas que con las que me desperté y despertar con más que con las que me fui a dormir. A veces cuestiono más de lo que me gustaría.

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