Crónica y reflexión de sonoridad y sororidad

Conocí la música de Joan Baez, cantautora de protesta norteamericana, hace 8 años, cuando Gina Osorno, una de las voces más importantes de nuestro estado, me invitó a participar en un concierto colectivo llamado Divas del Rock, en donde diferentes intérpretes cantaríamos covers de mujeres emblemáticas en este género de las décadas de los 60 y 70. Y así, entre canciones de Aretha Franklin, Etta James, Joni Mitchell, Janis Joplin, Baez, y algunas más, se armó una propuesta diferente a lo que en 2011 se estaba presentando en la ciudad.

«The Night They Drove Old Dixie Down» se quedó conmigo todos estos años, al igual que el buen sabor de boca de haber compartido escenario con mujeres talentosísimas y las ganas de que este formato de concierto tuviera lugar nuevamente.

Hace no más de un mes, Gina volvió a convocar a algunas de nosotras y a otras más que se sumaron, para llenar de nueva cuenta el escenario con música inmortalizada por mujeres en las últimas décadas. Después de algunos años y con mucha emoción, nos volvimos a encontrar, lo cual despertó en mí (ya inevitablemente “contaminada” de feminismo), algunas reflexiones:

Hay discursos que sostienen que trabajar con muchas mujeres es complicado puesto que (según alguien) somos conflictivas, demasiado emocionales o difíciles de entender. Lo anterior es alimentado por quienes atribuyen estas características a cuestiones biológicas o “de naturaleza femenina” (lo que sea que eso signifique) y no a patrones culturales bajo los cuales, hombres y mujeres hemos sido socializados desde que llegamos a este mundo y cobramos consciencia en él.

Por lo tanto, sería común que algunas personas asumieran que se respiraba un clima de competencia entre quienes cantamos, ya sea durante los ensayos o en el mismo concierto. No podrían estar más equivocados: Gina Osorno había logrado reunir a 9 mujeres con voces, estilos y géneros totalmente diversos para compartir la experiencia de la música en sí misma y de la música como pretexto perfecto de unión y colaboración con una de las participantes, quien se encuentra atravesando un momento difícil.

En mi caso, no hubo cabida para los nervios: cuando no estaba cantando «Animal Instinct», estaba concentrada escuchando con admiración a mis compañeras, poniendo atención a cada nota exacta de Alondra y Gina, la profundidad de Marian y Marlen, la capacidad de Ale para gozar el escenario, la energía y maestría de Ginix y Vania y la emotividad de Jennifer enchinándonos el corazón con «Back to Black», todas mujeres de voces espectaculares, capaces de transformar cualquier escenario y cualquier público en el mejor lugar del mundo.

Creo que además del arte tremendo que nace de la relación que cada una tiene con la música, fue la admiración mutua la que logró una noche tan especial la de aquel jueves. Es falsa la afirmación tan patriarcal de que “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”. Si bien es algo que nos han hecho creer, en nuestro día a día, en la forma en la que hacemos comunidad, en la manera en que nos cuidamos entre nosotras, en cómo creemos auténticamente en el talento de las demás, en cómo buscamos generar espacios desde nosotras y para nosotras, en todo lo anterior se desmonta tal afirmación.

Con la conciencia de que, por mucho tiempo, la creación y ejecución pública de la música se nos fue negada a las mujeres, es imprescindible la gratitud hacia aquellas que abrieron el camino histórico que nos permite a tantas hacer de este lenguaje universal nuestra pasión, escape, arma transformadora, opción vital y vocación. Es por eso que puedo confirmar una vez más: cuando los escenarios son tomados por las mujeres, suceden cosas mágicas y poderosas.

Gracias a Gina por la iniciativa y el impulso, gracias a mis compañeras de escenario por todo lo que sienten y hacen sentir cuando cantan, gracias Nacha, por el aguante, la esperanza y la vida que derrochas. Aquí estamos las intérpretes, las creadoras, las cantoras, las compositoras, las directoras, las virtuosas en la ejecución de algún instrumento, las que se divierten y las que se ganan la vida con cada nota… nunca nos vamos a ir.

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Soy psicoterapeuta, docente universitaria, cantora, feminista y mamá.

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