El Sex Siren como la reinvención de la utopía

Nelly Rincón

Para Nany, que ilumina.

Sex Siren es una categoría de competencia de la cultura ballroom en donde los jueces evalúan el atractivo sexual y poder de seducción de les participantes (…) pero también es una identidad y una puerta a reflexiones en torno al erotismo, el placer, la belleza y las narrativas que las mujerxs escribimos sobre éstas (…) se re-imagina a la pasarela como un punto de fuga en nuestras realidades cotidianas, pues es importante situar a la/le Sex Siren en un espacio-tiempo político. Desde el cuarto hasta la calle, Sex Siren es una herramienta de vida y una invitación a derrumbar evocaciones heteropatriarcales, para construir otros caminos e imaginar otras formas de goce.”

Nany Guerrerx (Nina 007)

Eran los primeros días de la cuarentena y leí un post en Facebook: “Webinar de Sex Siren”. No sabía qué era eso, pero sí conocía a la facilitadora; y bueno, tanto quejarme de que nunca tenía tiempo para tomar un taller con Nany y aquí se presentaba la oportunidad. Empecé sabiendo muy poco y sin ninguna expectativa, terminé este taller con mucho más de lo que imaginaba. Acompañada por Nany y por las compañeras, leí, analicé, discutí e hice una reflexión sobre mi cuerpo y sobre la forma en la que me relaciono con él. Como proyecto final del webinar, teníamos que escribir un texto. Lo comparto a continuación, esperando que en esta época en la que abunda el gordo odio, pueda ser una conversación más para reflexionar sobre cómo nos caminamos.

Eduardo Galeano decía que la utopía es como el horizonte: doy dos pasos para acercarme y el horizonte se aleja dos pasos también. Así es la utopía. Ante la pregunta: “¿Entonces, para qué sirve?” Galeano nos responde “Sirve para caminar”.

Probablemente, el escritor uruguayo hubiera estado satisfecho con mi relectura, en la que caminar adquiere otras connotaciones si hablamos del Ball y del Sex Siren: caminar para apropiarnos del espacio, caminar para reconocernos, caminar para seducir al otre, caminar como un acto performático; tratando de alcanzar nada porque sabemos que lo importante es el caminar y el camino, no el destino (¿Y acaso no un destino puede ser caminar?). La pasarela como la utopía de conectarme con mi cuerpo, reconciliarme, seducirme, recrearme en mí misma. La utopía que también sirve como metáfora de aquello que no es una meta, sino un proceso. Amar el propio cuerpo es también un continuum, algo que no dejamos de hacer, de decir, de sentir, de experimentar. No es lineal, no hay mapa trazado, se hace camino al andar (para seguir con la poesía entre Machado y Sabina). La utopía entonces es el acto, la potencia, la posibilidad. Caminar para no alcanzarnos, caminar para descubrirnos, caminar para apropiarnos.

Es complejo decir qué me llevo de este webinar, porque creo que aún no termino de asimilarlo. Creo que, con el paso de los días, seguirán acomodándose los aprendizajes como piezas de Tetris. Sin embargo, tengo claro que conocer y escuchar a estos cuerpos parlantes con los que pude compartir ha sido de lo más enriquecedor. Me quedo con muchas preguntas: las que inspira Nina, las que despiertan las lecturas, las que comparten las compañeras. Quizá la que más me hace ruido en este momento es: ¿Algún día caminaré como Sex Siren en algún espacio de la vida? ¿Estaré lista? ¿Me lo permitiré? Porque entre los muchos aprendizajes que me llevo, quizá el más profundo es esta reconexión con una parte mía que había decidido mutilar; y volver al cuerpo es una experiencia hermosa, pero que también duele porque es rearticularnos, nutrirnos, sanar.

La idea que quiero compartir es la que viene de mi experiencia (único tema en el que me considero experta y a ratos): cuando crecemos y socializamos en un sistema que impone estándares estéticos inaccesibles, los cánones no son aspiraciones, sino mecanismos de opresión. Y la perversidad de este sistema radica en hacer del espacio que una habita (la cuerpa) también el espacio del odio y la insatisfacción. Cualquier estrategia que nos acerque al amor de la cuerpa es un acto de disidencia, de rebeldía.  Reconocer nuestra potencia erótica (una aquí adaptraicionando a Lorde) nos permite conectar con ese mundo previo al binarismo del que habla Despentes. Nos permite conectar con la diosa, la cyborg, la cuerpa parlante que somos y que es la pulsión cruda, silvestre, libre, ésa que fui antes de que mi cuerpo fuera un territorio colonizado por el del sistema. Es aquí que el Sex Siren se presenta como una estrategia subversiva para reconciliarme con mi cuerpo y para hacer de esa revelación un manifiesto de amor propio, pero también de amor al otre; porque si nos dejamos abrazar por la ternura, no podemos menos que ternurizar a todes quienes nos rodean.

¿Qué ha sido este taller? La certeza, el recordatorio, la promesa personal de que otras formas de caminar el mundo son posibles.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

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