Michoacán y la “bonanza” aguacatera

En los mitos fundacionales de lo que a grandes rasgos podemos llamar la cultura occidental, encontramos repetirse al “fruto de la discordia” como una metáfora del conflicto, del deseo, del pecado e, incluso, del conocimiento del bien y del mal. Los dos ejemplos más populares quizá sean la expulsión del jardín del Edén de Adán y Eva, en la tradición cristiana, o el juicio de París en la mitología griega. Llama la atención que, en estos ejemplos, así como en otros, se les atribuya a las manzanas la propiedad de la discordia (coincidencia que, por supuesto, no es casual para las personas que estudian esto). Quien buscase hacer una adaptación moderna de estos mitos al contexto mexicano actual, tendría que empezar por reemplazar a la manzana por el aguacate, al paraíso por los bosques que quedan sin deforestar y a las disputas aparentemente irracionales entre las divinidades por la violencia abierta entre cárteles que siembran la discordia con tal de beneficiarse de la producción del llamado “oro verde”.

Desafortunadamente, ningún ejercicio literario podría representar la crudeza de nuestra realidad, en todas sus dimensiones, alrededor de la producción del aguacate. Pocos fenómenos como este articulan de una forma, tan impresionante como dolorosa, las dinámicas económicas con las dinámicas de violencia y del orden social, que a su vez reorientan la dirección de importantes fuerzas políticas. Propongo en este ensayo hacer una recapitulación del caso de Michoacán, entidad federativa de interés porque en las últimas tres décadas, al mismo tiempo que se ha convertido en la productora mundial líder de aguacate (1.83 millones de toneladas en 2021, es decir, entre el 25 y 30 por ciento de la cosecha mundial del mismo año1), también se ha transformado en un foco de violencia generalizada por el narcotráfico. Se buscará, por lo tanto, señalar los puentes de comunicación entre estas dinámicas, ubicando algunos eventos clave de esta historia, como la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994 y hasta la reciente suspensión temporal de exportación de aguacate por el Servicio de Inspección Sanitaria de Plantas y Animales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (APHIS-USDA).

Deforestación para el cultivo del Aguacate. Foto de LA Times.

Breve historia del aguacate en Michoacán

El aguacate tiene una presencia milenaria en los territorios que delimitan Mesoamérica. Aunque hasta ahí exista un consenso, el origen concreto de las distintas variedades de aguacate aún es objeto de análisis para distintas discusiones científicas. No obstante, para alcances del presente ensayo, destaca que fue en el siglo XX en el que pasó de ser un fruto de traspatio a un fruto de interés comercial, gracias a la multiplicación de variedades, principalmente Hass, Fuerte y Criollo, en viveros mexicanos y norteamericanos. Así, para 1963 se establecerían los primeros viveros comerciales en Michoacán con brotes certificados de Estados Unidos (concretamente de California). Este ejemplo es representativo de que aun cuando el interés por el aguacate como fruto comercial fue una tendencia iniciada por nuestro país vecino, las bondades climáticas de Michoacán le permitirían aventajarlo en el tiempo como principal productor y exportador 2.

Sin embargo, antes de conquistar la demanda mundial del fruto verde, el potencial productivo michoacano se encontró atrapado en las regulaciones legales de Estados Unidos durante 83 años, tiempo en el que se impusieron estrictas reglas arancelarias y fitosanitarias al aguacate mexicano. No sería hasta los años noventa, que aguacateros de la región de Uruapan comenzarían a implementar estándares de calidad en ánimo de levantar las restricciones a la exportación, no sólo hacia EE. UU sino a Europa y Japón también. El ambiente se tornó favorable con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de 1994, acuerdo buscaba remover barreras arancelarias a un gran número de productos agrícolas entre los países norteamericanos. Finalmente, la publicación de una norma oficial el 5 de febrero de 1997 autorizaría por primera vez al estado de Michoacán como exportador certificado de aguacate en EE. UU. Esta norma, en paralelo con la apertura comercial experimentada en los siguientes años sobre otros productos comerciales, iría ampliando los alcances y posición de Michoacán. También sería este año en el que nacería la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM), asociación civil que desde entonces administra las certificaciones y regula los estándares de calidad del aguacate de exportación.  

Aunque tradicionalmente el “cinturón aguacatero” michoacano (el conjunto de municipios líderes en la producción de aguacate) se extiende sobre la región fronteriza entre el centro michoacano (de clima templado y con acceso a fuentes de agua) y la llamada “tierra caliente” (tierra históricamente conflictiva en materia de crimen organizado), el éxito comercial del aguacate ha atraído a personas agricultoras de municipios atípicos (Paredes, 2021). No sólo es ya Tancítaro (principal productor del país y del mundo), ni Uruapan, ni Peribán, ni el resto de consolidados municipios aguacateros. Trabajadores de otros productos agrícolas se han volcado a la fiebre del “oro verde”, amenazando la supervivencia de otras industrias agrícolas. De esta forma es que para 2021 existían en la entidad más de 30 mil productores certificados distribuidos en 43 municipios (más un importante número de no certificados), en su mayoría de pequeña y mediana escala, de acuerdo con información del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria.

El fruto de la discordia

Retomamos la metáfora que exhaustivamente desarrolla el periodista Heriberto Paredes en La fiebre del aguacate. El fruto de la discordia en Michoacán, reportaje para la revista Gatopardo. La bonanza aguacatera no ha permanecido intacta de los intereses de los grupos criminales en el estado. El valor de las exportaciones, que no ha dejado de subir año con año (para 2021 ascendió a los 3 mil 85 millones de dólares), es lo suficientemente cuantioso para despertar el deseo de tener una “rebanada” de ese pastel a cualquier costo. Los miembros de las organizaciones criminales amenazan todos los días la integridad del tejido social, en una disputa por obtener una parte de esas atractivas ganancias. La ausencia de un verdadero estado de derecho en México, y particularmente en Michoacán, permiten a estos grupos operar en la impunidad. Esta misma ausencia permitió la proliferación de células de crimen organizado que sanguinariamente se disputan hasta la fecha (bajo distintos nombres y ligeramente distintas estructuras organizativas) el control territorial y comercial de drogas ilegales.

Como es habitual, los cárteles incursionan en distintos mercados para expandir y disfrazar sus ganancias millonarias, proceso del que la industria aguacatera no ha podido sustraerse. La evidencia periodística – documental muestra que el ascenso, control y caída de los distintos cárteles con actividad en Michoacán (desde Los Zetas, La Familia Michoacán, Los Caballeros Templarios y Los Viagras, hasta el Cártel Jalisco Nueva Generación en la historia reciente)ha estado profundamente relacionado a la producción de aguacate. Por citar un ejemplo, tan sólo de 2009 a 2013, productores de Tancítaro estimaban que el narcotráfico controlaba aproximadamente el 13% del mercado estatal aguacatero, lo que representó de acuerdo con estos productores 10 mil millones de pesos.

Sin profundizar en cada caso, podemos prestarle atención a los patrones y dinámicas que caracterizan a la relación cárteles – producción aguacatera. Estos patrones se caracterizan por la imposición ilegal de cuotas a productores, la corrupción y colusión de funcionarios locales y estatales mediante sobornos, las extorsiones y secuestros a familias de pequeños y medianos productores, el lavado de dinero a través de la fundación de empacadoras y empresas aguacateras (dando nacimiento a la figura del “narco-productor”)3, homicidios a competidores o a productores que se resisten a pagar las cuotas y hasta la explotación laboral de campesinos a merced de dichos narco-productores. Estas dinámicas terminan por distorsionar los precios del fruto, altamente volátil a los episodios de violencia en la entidad, impregnados a su vez en la cadena de producción de inicio a fin. No es una casualidad que precisamente los municipios líderes en la producción de aguacate sean los más incidentes también en homicidios dolosos. En este sentido destaca el caso de Uruapan, que ha figurado en la historia reciente tanto en las listas estatales como nacionales de municipios más peligrosos.

Como respuesta a esta escalada de violencia e inseguridad, productores de otros productos agrícolas y comunidades de la entidad han buscado proteger su territorio de la voraz aguacatera. Destaca en esta dimensión el nacimiento en el verano del 2020 del grupo de autodefensas autonombrado Pueblos Unidos, quienes han establecido, fuera del control del Estado, casetas de vigilancia, retenes de acceso y cuerpos de seguridad con armas no registradas para defenderse de las amenazas y extorsiones de narcotraficantes. Destaca también el caso de Tancítaro, capital del aguacate, donde se fundó una “policía del aguacate”, oficialmente llamada Cuerpo de Seguridad Pública de Tancítaro (CUSEPT), encargada de proteger (y financiada por) los productores de la comunidad de las mismas amenazas.

En una dimensión social, la fiebre por el enriquecimiento mediante la producción de aguacate nos está llevando rápidamente a la desintegración de comunidades enteras y acentuando el fenómeno de la violencia generada por el narcotráfico. En una dimensión medioambiental el panorama es igualmente desolador. Aunque merece un ensayo aparte, a grandes rasgos el cultivo intensivo de aguacate está directamente relacionado con la desertificación de cuerpos de agua, la deforestación de los bosques, el cambio ilegal de uso de suelo, el uso indiscriminado de pesticidas y en combinación, la amenaza de una especie tan importante, como lo es la mariposa monarca, patrimonio mundial de la humanidad.

Comentarios finales

¿Se puede detener, o por lo menos controlar, una industria así de grande? Por más optimistas que intentemos ser, la demanda por el aguacate parece indiferente a las prácticas y trasfondo de su producción. Concretamente, al principal consumidor del aguacate michoacano, Estados Unidos, parece poco afectarle la sangrienta ruta del fruto de moda. A menos, por supuesto, que amenace la integridad de sus connacionales. En ese caso, fueron capaces de suspender temporalmente la exportación de aguacate el pasado 11 de febrero por una semana (con pérdidas estimadas en 20 millones de dólares diarios), tras las amenazas telefónicas que sufrió un inspector agrícola estadounidense en Michoacán (sirve este ejemplo además para ilustrar cómo la violencia en la entidad es capaz de poner en tensión nuestra relación comercial con EE. UU). ¿Cómo quedan parados nuestros gobiernos, orgullosos de alcanzar records de exportación año con año en cada Super Bowl, mientras ignoran la cruda realidad detrás de esas cifras? 

Si buscamos ser optimistas, llama la atención que empiezan en distintos centros gastronómicos a ganar popularidad posturas a favor de abandonar el uso o venta de aguacates sin certificados de sustentabilidad. No obstante, la evidencia estadística sugiere que este discurso ha tenido un impacto imperceptible frente a una demanda creciente año con año.

Por último, no son claros los efectos que pueda tener una diversificación en los centros de exportación del país. Con la firma del Plan de Trabajo Operativo (PTO), el pasado diciembre del 2021, Jalisco queda autorizado para exportar aguacate Hass a EE. UU. Vale la pena preguntarse si se replicarán las dinámicas de violencia padecidas por Michoacán o si servirá para aligerarlas.


1 Estimaciones cruzando datos oficiales del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (producción michoacana) con bases de datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

2 Cabe preguntarnos si únicamente las bondades climáticas explican este aventajamiento o los salarios de mano de obra agrícola explican esta ventaja comparativa de forma significativa también.

3 Léase a Farfán-Méndez en The Structure of Drug Trafficking Organizations and Money Laundering Practices: A Risk Appetite Hypothesis, del Journal Of Illicit Economies and Development.

En permanente desconfianza de las categorías. Para quien sirvan los títulos: estudiante de economía y filosofía. Busco aproximarme a la realidad con disposición crítica.

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