Mi primer lego

Por Hannah Cubells

Como parte de un trabajo escolar me dejaron leer el libro de Los niños perdidos de Valeria Luiselli1. Quizá muches ya son familiares con este texto, y a quienes aún no lo han leído les recomiendo que lo hagan. La autora es una intérprete en la corte de Estados Unidos para les niñes migrantes y utiliza esta obra para narrar algunas historias que se ha encontrado.

Sin lugar a duda lo que comparte dentro de sus escritos es impactante y emotivo. Tenía que pausar la lectura para llorar de vez en cuando y entender los sentimientos que acompañaban a mis lágrimas. Entre todo lo que sentía se encontraba la impotencia por estes niñes, que provenía un poco de mi culpabilidad mejor conocida como White guilt ¿Cómo era posible que yo pudiera estar viviendo en el mismo país en dónde mueren miles de personas migrantes al año?  Mientras yo estaba en mi cama leyendo a Luiselli, niñes estaban pasando por la frontera o planeando sus escapes de la violencia con la que conviven todos los días.

Son esos momentos los que te hacen híper consciente de tu realidad y privilegio. Ahí, en esos pensamientos me di cuenta de mi ignorancia hacia todo. Me confronte con la visión de qué muy probablemente yo nunca voy a enfrentarme a una situación similar y que mi camino de vida iba a correr de manera muy distinta al de elles aunque compartiera lugar de nacimiento con muches.

Sé que este proceso de reflexión no es sólo mío, que seguramente otres se encuentran en el mismo lugar que yo porque lo que sucede a gran escala también se siente en esa dimensión. Así como logré conectar con esas historias, alguien más también lo hizo. Contándonos estos relatos Luiselli nos compartió también su sentir y es solo cuando compartimos el mismo sentimiento que comenzamos a cambiar y a entrelazarnos para encontrar soluciones conjuntas.

Podemos entender perfectamente los conflictos globales que llevan a la migración y conocer de memoria las estadísticas anuales sobre los casos. Sin embargo, esa información es inútil si somos incapaces de movilizarla y no nos podemos mover hasta que podemos sentir. Esto es un principio básico de la vida. Desde que nacemos nos relacionamos con el mundo a través de sensaciones y sentimientos. Cuando nos quitan algo sentimos ira, cuando nos lastiman sentimos dolor y cada una de estas emociones suma a nuestro desarrollo personal.

Es hasta que reconocemos estas emociones en alguien más que generamos empatía y construimos a la sociedad. Cuando vemos que a les niñes les quitaron su infancia, cuando la migración y la crisis de refugiados nos duelen profundamente a todes, empezamos a despertar. Pero mientras vamos abriendo los ojos, las cosas ya sucedieron y las cifras de desaparecides aumentaron. Parece una tarea imposible empezar y cualquier cosa que hagamos nos hace sentir como el video de aquella persona que intenta barrer el mar.

En definitiva, no podemos con todo y es algo que tenemos que admitir de primera. Si bien en el esquema individualista se apuesta por el héroe único, en la vida real no tenemos que ser héroes cargando el mundo a nuestras espaldas ni tampoco debemos ir soles o empezar desde cero. Podemos construir juntes y unir las piezas que cada une tiene. Porque todo es más fácil cuando se vuelve mutuo. Incluso sobrellevar las emociones que causa ver las dolencias del mundo.

Valeria Luiselli toma una visión similar en el libro y dice que el problema de la migración debe enfrentarse de manera transnacional. Es complicado convencer a los gobiernos de esto, porque entender el problema y sus efectos globales requiere adquirir responsabilidad. Los países prefieren pasarse la bolita y negar su parte en el problema. Voltear a ver al otre no es algo que hagan porque en todos los casos es mejor rechazarles que tener algo que ver con elles aunque les hayan impregnado más de lo que admiten.

Voltear a ver la otredad es la única forma de crear verdadera empatía, lazos y conocimiento. No podemos huirle, aunque a veces nos cueste mirarle a los ojos sin sentirnos culpables. Tenemos que empezar por vernos y reconocernos para poder construir una comunidad sustentable. Un lugar en el cual aprendamos de todes y en el que encontremos el apoyo necesario para descansar y seguir luchando más fuertes.

  1. V. Luiselli (2016) Los niños perdidos, Ed. Sexto Piso.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

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