Mi ansiedad miente

-Fernanda Perez Sauza

@fernandapsauza

 

A mediados de este año, justo en “vacaciones de verano” (entre comillas ya que a su servidora le tocó cargar dos materias en junio, convirtiéndose en una rutina mucho más pesada que un semestre regular), mi mente y mi cuerpo ya no respondían. Sentía un vacío que, según yo, no tenía explicación alguna, eso en virtud de que me encontraba en un “muy buen lugar”. Llevaba unos meses con mi novio, acababa de cumplir un año en mi trabajo y mis jefes hacían mención cada vez que podían de lo bien que estaba realizando mis proyectos, tenía a mis amigues y estaba entendiendo por primera vez una materia con la que había batallado muchísimo. ¿Por qué no me sentía satisfecha con mi realidad?

Llegué al punto en que no pude más y renuncié a mi trabajo, el cual me había dado muchísimo. No me sentía feliz y se volvieron constantes (mínimo una vez cada tres días) mis “crisis” (de las cuales hablaré más adelante). Ya había sentido este famoso vacío hace unos años, el cual me habían (mal) diagnosticado como depresión. Le comenté a mis jefes que estaba pasando por un cuadro muy parecido y que para poder recuperarme necesitaría un descanso, a lo cual (doy muchísimas gracias por esto) él y ella me permitieron tener unas vacaciones, tan largas como necesitara, del trabajo y que cuando me sintiera bien tendría las puertas abiertas al despacho para regresar.

Para no hacer más largo el cuento, decidí acudir a consulta con una excelente psicóloga, la cual conocí gracias a que me dio clases en la preparatoria. En la primera consulta le expliqué cómo me sentía, cómo era mi rutina y para la segunda consulta ya teníamos un diagnóstico: ansiedad acompañada de su mejor amigo, el ataque de pánico. Después de hacerle mención a mi psicóloga que tenía “crisis” (como yo les decía) en las cuales TODO el mundo se me venía abajo y simplemente dejaba de respirar, me ayudó a identificar que estas crisis eran en efecto ataques de pánico.

¿Qué es un ataque de pánico? Desde mi experiencia (la cual no se la deseo A ABSOLUTAMENTE NADIE), un ataque de pánico es un momento en el cual la ansiedad llega a su clímax, tanto tu cuerpo como (especialmente) tu mente no pueden más. ¿Qué es no poder más? La mente empieza a trabajar y es como si fuera un hámster en una rueda. Empieza a trotar (empieza a hilar pensamientos y situaciones fuera de contexto), para ir subiendo la velocidad poco a poco (los mismos pensamientos se van repitiendo, como si hubiera otra persona en tu cabeza que empieza a escupir palabras), hasta que ya está corriendo el hámster (no son sólo -palabras-, son tus mayores miedos, son situaciones de las que ni siquiera estás consiente que te hieren) y pues llega al punto en que las piernitas del hámster ya no pueden, ceden contra la velocidad en la que ya está la rueda y el hámster ya sólo se deja llevar, perdiendo el control total de su caminata (ahí es justo cuando tu mente ya no sólo escupe palabras, sino que tiene una película entera llena de tus pesadillas, pero esas pesadillas son situaciones “reales” creadas literalmente para quitarte el aliento).

Suena muy dramático, pero no encuentro una forma más real de describirlo. Tu mente se vuelve tu peor enemigo, primero llevándote a las lágrimas, para pasar por la hiperventilación, dolor de pecho y al final sentir una angustia tan profunda que juras que te vas a morir. He ahí el vacío, quedas como -entumida- ya que tu cuerpo y mente subieron del 20 al 250 en menos de 10 minutos. Estás totalmente exhausta. Agotada. Sin ganas de absolutamente nada. Y el problema viene cuando no sabes qué es lo que acaba de pasar (por lo menos en mi caso). Antes de saber qué pasaba/pasó por ataques de pánico, sentía que mi vida (literalmente) no tenía sentido. ¿Cómo y por qué me sentía así si todo estaba aparentemente bien? ¿Qué estaba mal conmigo que era tan malagradecida para estar mal cuando tenía todo para estar bien?

La sociedad actual te EXIGE que seas ULTRA productivo. Y ser ultra productivo resulta poco, ya que tener ocupadas  20 de las 24 horas del día no es sinónimo de ser eficiente/exitoso, más bien si tienes espacios “libres” estás desperdiciando tiempo, y el tiempo es dinero ¿verdad? Vivimos en una época y una etapa (al menos yo, siendo estudiante de licenciatura con empleo de medio tiempo) en la que nos exigen hasta el cansancio. No es suficiente con estar encerradx toda la tarde en la facultad, porque desde que entras a la carrera (reitero, mínimo en mi caso como estudiante de Derecho) te dicen que mientras más rápido consigas un empleo, mejor. Y es una realidad que en la práctica aprendes muchísimo más que en las aulas, por lo que para estar al corriente con tus estudios, necesitas trabajar. Pero claro, no es un “trabajo de verdad” porque somos estudiantes. Ni siquiera pasantes. Simples estudiantes a los que nos pueden pagar con conocimiento y aire, porque ni unx solo de mis compañerxs de la facultad gana aunque sea el salario mínimo.

Teniendo un ritmo de vida así es OBVIO que va afectarte, ya sea física o psicológicamente, y esta afectación se va presentar por medio de enfermedades (dígase migrañas, gripas interminables, depresión, ANSIEDAD, etc.). Por lo que quisiera cerrar esta intervención invitándoles a pedir ayuda. No es de débiles acudir con un profesional de la salud (física o psicológica). No somos súper personas que podemos con todo sin tener un descanso. Es NECESARIO tener descansos. Aprender a decir “no” o “hasta aquí” es vital para poder ser funcionales, para poder estar bien y tener estabilidad y paz mental. Acudir con una/un terapeuta SALVA VIDAS (l i t e r a l m e n t e).

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