Menos Responsabilidades Individuales, Más Lucha Colectiva

En semanas pasadas ha circulado por redes sociales un video titulado “Salvemos a Ralph, un cortometraje producido por Humane Society International con el objetivo de generar conciencia sobre el abuso contra animales en la industria cosmética. A la par de la discusión sobre el tema denunciado por este corto, en la cual este texto no busca ahondar, surgió otro debate que dejó algunas preguntas en el aire: ¿es posible el consumo ético bajo el capitalismo? ¿Somos nosotres como consumidores, responsables directos de los estragos de los diferentes sectores industriales? ¿Modificar nuestros hábitos de consumo puede tener un impacto real en problemáticas como la contaminación ambiental o el abuso contra animales?

No es el objetivo de este escrito el descalificar el fondo del mensaje enunciado por el cortometraje, de hecho, estoy completamente de acuerdo con la lucha en contra del uso de animales en la industria cosmética y farmacéutica. Sin embargo, es importante considerar y reflexionar sobre estas preguntas que han surgido alrededor de la discusión. Desde mi perspectiva, el error del video y de aquellas personas que lo comparten sin hacer una reflexión profunda sobre el tema es que, nuevamente, hacen que la responsabilidad recaiga sobre el individuo, sobre le consumidor.

En una entrevista hace un par de años, Boaventura de Sousa Santos señalaba un grave problema en las sociedades actuales. En sus palabras, estábamos siendo testigues de la ruptura del contrato social, el cual comenzaba a ser sustituido por un conjunto de contratos individuales. Lo anterior lograba desviar la mirada de los problemas con un origen en el sistema capitalista mismo, haciendo de ellos responsabilidades individuales. ¿Eres pobre?       Es culpa tuya y de tu falta de esfuerzo, ¿crisis climática? Es culpa de tus hábitos de consumo, ¿racismo, clasismo y machismo? El problema son las malas personas.

La discusión suscitada a raíz de la publicación de “Salvemos a Ralph” ha permitido traer de regreso al debate público esta cuestión fundamental que a veces parecemos olvidar. La culpa individual, lejos de permitirnos hacer los cuestionamientos correctos, nos sumerge en esta figura a la que Mark Fisher nombraba “El Castillo del Vampiro”. El castillo no es sino una posición desde la cual se enuncia un discurso aparentemente radical y antisistémico, el cual, en realidad, tiene una esencia liberal-burguesa bastante clara. En resumen, enunciar causas justas y legítimas de un modo que no sean incómodas para el orden social burgués o el modo de producción capitalista.

Salir de la trampa del castillo no debe llevarnos a tomar una postura cínica y asumir que, como los problemas son de origen sistémico, no podemos ni debemos hacer absolutamente nada al respecto. Claro que hay que reducir el consumo de marcas que torturan animales, que contaminan o que se hacen de los recursos necesarios para su producción a través del despojo territorial. No obstante, no podemos limitarnos únicamente a ello creyendo que con estas acciones estamos generando un impacto. No debemos ser partícipes de una dinámica de consumo a través de la cual  tratemos de expiar nuestras culpas comprando en una u otra marca sólo porque es menos dañina, o al menos aparenta serlo. 

Vía Gran OM

El consumo ético no puede existir bajo el capitalismo, la pureza total que buscan los lobos del castillo no es más que una ilusión, no puede ser real. Todo producto que consumimos es resultado de relaciones de explotación laboral, de devastación del medio ambiente, etc… pero a final de cuentas vivimos en una sociedad capitalista y nos es imposible abstraernos de ella para no ser partícipes de estos procesos.

Aceptar esta idea nos permitirá centrarnos en lo que realmente importa ¿cómo hacemos para transformar esta situación? Si las causas de los problemas más graves de la sociedad residen en el sistema económico y social capitalista o en el modelo civilizatorio, como se plantea desde el enfoque decolonial, la solución debe pasar por una transformación profunda del modo de producción. La ilusión que debemos evitar es la idea de que es posible que las cosas continúen, a grandes rasgos, como actualmente se encuentran y que sólo son necesarios pequeños ajustes para darle un rostro humano y verde a este sistema. De poco o nada sirve que la industria farmacéutica o la cosmética ya no abuse de Ralph y sus amigues conejos, si continúa contaminando nuestros cuerpos acuáticos, si continúan extrayendo sus recursos a través de la minería que devasta los ecosistemas en América Latina y África o explotando a sus trabajadores humanos.

Comencemos a trabajar por realmente avanzar en cambios que beneficien a la humanidad en su conjunto, que aseguren el fin de la explotación de personas y animales, que pongan fin a la barbarie propiciada por el capitalismo. Para conseguir estos cambios debemos esquivar nuevamente la trampa individualista del castillo, pues ni las firmas recolectadas en plataformas digitales, ni el “activismo” de redes sociales nos valen para las tareas que son necesarias.

El sufrimiento de Ralph, así como el les trabajadores de estas empresas o el dede les pobladores de las comunidades afectadas por el extractivismo y el despojo territorial tiene un origen común. Es gracias a la lógica de acumulación del capital y de crecimiento infinito que el capitalismo adquiere su carácter inhumano. El capitalismo no puede adquirir un rostro humano pues se fundamenta en la explotación de la clase trabajadora para su funcionamiento. El capitalismo no puede adquirir un rostro verde, pues privilegia el crecimiento sobre la vida.

Salvar a Ralph pasa por la tarea de salvarnos a nosotres como especie. Para ello será necesario cumplir con las palabras del político marxista italiano Antonio Gramsci, habrá que instruirnos, conmovernos y organizarnos. Las tareas necesarias sólo pueden lograrse mediante la organización de los sectores populares alrededor de un programa que plantee soluciones reales para los problemas que enfrentamos. Menos responsabilidades individuales y más lucha colectiva en contra de les explotadores

Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política. Me gusta escribir sobre temas relacionados con neocolonialismo, desigualdad, movimientos sociales y procesos políticos, especialmente si ocurren en América Latina, Asia Occidental y África. Creo firmemente en un mundo en donde todas, todos y todes podamos vivir con dignidad y estoy convencido que debemos luchar por ello.

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