Memorias de un koala

En la foto podemos ver a Charlotte O’Dwyer de 1 año de edad, jugando con el casco de su padre, quien fue uno de los bomberos que acaba de fallecer debido a los incendios que se han desatado en Australia desde septiembre de 2019. Se calcula que, desde el inicio de los incendios, se han perdido 25 vidas humanas, 6.3 millones de hectáreas y 480 millones de animales. La crisis climática que vive el planeta se hace más presente cada vez, mientras las empresas multinacionales y la mayoría de los países hace caso omiso al Acuerdo de París para reducir los gases de efecto invernadero. No hay una respuesta del tamaño de la crisis porque la Economía sigue siendo lo principal en la vida de las personas a expensas del país.

Los incendios en Australia son consecuencia de una larga sequía que empezó en 2017, la cual dio las condiciones perfectas para la propagación de estos. En octubre, es costumbre que haya incendios debido a las condiciones climáticas, pero ninguno suele llegar a ser de esta escala. Sin embargo, el 8 de noviembre, se activaron las alertas ambientales debido a que los incendios no paraban e incluso llegaba a poner en riesgo a la población de Queensland y New South Wales. Los incendios llegaron a cobrar la vida de tres personas que no pudieron evacuar sus casas a tiempo. Los periódicos locales advertían que estos incendios no eran normales y que podría resultar en pérdidas irreparables de la fauna y la flora de estos dos estados australianos.

El gobierno australiano solicitó la ayuda de bomberos de Estados Unidos para evitar lo que ya se presentaba como la crisis ambiental más grande que el país ha visto. Aún con la presencia de bomberos internacionales y con ayuda de otras organizaciones no gubernamentales, no fue posible parar los incendios, ya que las condiciones climáticas (días calurosos y viento) no permitían que el fuego cediera. Las cosas siguieron empeorando, pues el día 18 de diciembre, Australia sufrió el día más caluroso en su historia, rebasando los 40 grados Celsius. El 28 de diciembre, los incendios alcanzaron el estado de Victoria y la población tuvo que ser evacuada y las carreteras fueron bloqueadas debido al humo que se había propagado. Durante el mes de enero se abrieron los primeros albergues para la gente desplazada por los incendios, sin el conocimiento exacto de hasta cuando se acabe la crisis emergente.

Hasta ahora, sólo se han perdido veinticinco vidas humanas gracias a la movilización y la evacuación de ciudades enteras, pero no ha sido lo mismo para los animales y la flora. Con ellos no han existido muchos mecanismos para evitar que el fuego les afecte. Es por eso que la cantidad de pérdidas es abismal. Aún con las ligeras lluvias que se han dado en algunos de los estados, los incendios siguen presentes y se calcula que sigan así hasta mediados de marzo, cuando las lluvias se vuelvan más ocasionales.

Son pocas las organizaciones que están ayudando a los animales para salvarlos. Entre los más destacados, está la familia de Steve Irwin con la ayuda de Wildlife Hospital y las numerosas donaciones de celebridades. Sin embargo, esto no es suficiente. Parece ser que nuestra capacidad de reacción y nuestro genuino interés por conservar el medio ambiente se está quedando corto contra las crisis que nos presenta el cambio climático. No nos quedan muchas advertencias climáticas antes de que el daño que hemos ocasionado al mundo sea irreversible. Se necesita una acción conjunta de todos los países por reducir el tamaño de producción y los hábitos de consumo.

Soy estudiante de Relaciones Internacionales en la Ciudad de México. Me gusta escribir acerca de política nacional, deportes y temas de igualdad de género.

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