Más allá de un pedazo de tela. La resignificación del uso del cubrebocas

Hace un año compartía el artículo sobre “Hábitos pandémicos que deberían perdurar”, en él, mencionaba algunas prácticas que consideraba, debíamos acostumbrarnos, sobre todo por la cuestión de la salud; es decir también previenen más enfermedades. Uno de estos nuevos hábitos, era el uso del cubrebocas, que si bien es cierto, saber que su uso ha quedado bajo recomendaciones más livianas, como el uso recomendado para espacios cerrados, nos alegra; al reconocer que los casos de contagios disminuyeron, así como la pérdida de vidas, vislumbrándose como el final de una cruda experiencia.

Ilustración: Visuals

El cubrebocas ha jugado un papel destacado dentro de las medidas de atención a esta pandemia; en México, cuando comenzó la cuarentena no se recomendaba el uso del cubrebocas de forma obligatoria, incluso se creía que era algo innecesario. Meses después, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer la gran utilidad que tenía en la prevención del COVID-19, de ahí vino su recomendación en incluso su “obligatoriedad” en algunos lugares. Han existido diversos enfoques de análisis sobre un objeto tan pequeño como este, desde los niveles de protección que existe, comparativos entre los materiales de su fabricación, el impacto al medio ambiente que tiene al desecharse, la mirada social de sentirse como una obligación que vulnera la capacidad de un ser libre, entre muchos.

Se reconoce además, que el cubrebocas ha ayudado a la prevención de otras enfermedades más allá del COVID-19; por ejemplo en la disminución del contacto con polvo, polen, bacterias, esporas, etcétera, haciendo que las alergias y enfermedades respiratorias disminuyan. En mi experiencia, hace mucho que no me da un resfriado o problemas con la tos, que era algo que tenía mínimo dos veces al año. De alguna forma también se vincula con las enfermedades estomacales, ya que anteriormente pareciera que el uso del cubrebocas en el sector de la comida no era algo obligatorio, cuando realmente debería serlo tanto para las personas que preparan los alimentos como para aquellas que tienen contacto con él al servirlo.

No podemos omitir la gran utilidad que ha tenido este objeto al estar en lugares cerrados, como el transporte público o un salón de clases.  Anteriormente cuando una persona usaba un cubrebocas de alguna manera se les segregaba al asumir que tenía una enfermedad altamente contagiosa, y que esta persona debería ser aislada; es por ello que a veces se prefería mejor no usarlo y andar contagiando masivamente, que ser señalade. Dejar de usar el cubrebocas podría parecer una forma de celebración, al considerar que la pandemia ha llegado a su final, sin embargo, deberíamos crear una cultura del cuidado y la protección de nosotres y hacia los demás. Usar un cubrebocas no implica que uno esté enferme de algo grave sino que toma medidas de precaución ya sea para no contagiar a los demás o para no contagiarse asimisme.

Vía: Elimine Aki

Ha llegado una etapa en nuestro país donde las restricciones serán cada vez menos. Esta decisión se debe tomar con premura,  no debemos de ver al cubrebocas como algo negativo o algo que nos recuerde lo mal que se sintió la pandemia, sino darle un significado diferente, el del cuidado y la prevención. El uso del cubrebocas deberá ir desapareciendo gradualmente, obviamente con relación a la baja de los contagios. Después de tanto tiempo, las personas están cansadas de usarlo por tantas horas y más con las altas temperaturas se vuelve agobiante, sin mencionar lo complicado para personas que usan lentes o necesitan de la lectura de labios para la comprensión del lenguaje. El uso masivo del cubrebocas fue una medida urgente, que atendía a una necesidad emergente, y este tipo de medidas no deben volverse permanentes. 

Vendrá una etapa en la que muchas personas dejarán de usar las mascarillas. Sin embargo, no podemos olvidar esta experiencia y las enseñanzas que nos ha dejado. Si hay personas que consideran que el uso del cubrebocas es ahora parte de su estilo de vida, debería ser algo que se comprenda. Debe erradicarse la molestia hacia quienes lo porten, por considerarlos personas enfermas de gravedad, y ser conscientes de que si tenemos una enfermedad que se contagia por las gotitas que emanamos de nuestra saliva, es mejor usarlo para no contagiar a alguien más, e incluso como protección ante la contaminación, el polvo y el frío.

La nueva normalidad implica desafíos de vivir con este virus en nuestra cotidianidad, no de pensar que ya no existe y que no volverá, nadie es inmune y todes estamos expuestes. La prevención y la empatía como sociedad siempre será el mejor cuidado.

Este mes la canción que les comparto es Juice de Lizzo.

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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