Más allá de un pedazo de tela. La resignificación del uso del cubrebocas

El pasado 1 de abril, el Gobierno de la Ciudad de México anunció —en lo que sería la última conferencia local sobre COVID-19— que los cubrebocas ya no serían obligatorios para espacios abiertos. Recomendó su uso en lugares cerrados, con poca ventilación y en el transporte público, así como para personas adultas mayores y aquellas que sospechen de haber adquirido el virus. La decisión se basó en los bajos niveles de contagios y fallecimientos por esta enfermedad, manteniendo así el semáforo verde. Esta situación nos hace pensar sobre las implicaciones que tiene realmente la disposición, pareciera que, al decir “sólo en espacios abiertos”, deja una medida de seguridad; no obstante, se coloca un candado frágil. En realidad, ¿ya estamos preparados para dejar el empleo del cubrebocas de esta forma?

Hace un año compartía el artículo sobre “Hábitos pandémicos que deberían perdurar”, en él, mencionaba algunas prácticas que consideraba debíamos acostumbrarnos, aunque la pandemia pareciera disminuir, sobre todo por la cuestión de la salud; es decir, dichos hábitos también previenen más enfermedades. Una de estas nuevas prácticas era el uso del cubrebocas que, si bien es cierto, esta noticia, de alguna manera, nos alegra, pues reconoce que los casos de contagios están disminuyendo, así como la pérdida de vidas; vislumbrando, de tal manera, como el final de una cruda experiencia.

Sin embargo, debemos aprender de lo que sucede en otras realidades. Asía y Europa volvieron a retomar sus actividades cotidianas antes que nuestro continente; en esas actividades permitidas veíamos: conciertos, asistencia a clases, regreso a la oficina, y eliminación de las restricciones de uso del cubrebocas, entre otras. No obstante, ahora China enfrenta nuevamente una crisis por el aumento de contagios y fallecimientos por COVID-19, y algunos países europeos se van encaminando a esa ruta. ¿Debemos preocuparnos? ¡Claro! La experiencia nos ha enseñado que no somos una realidad ajena a la de estos países. Cabe mencionar que, con ello, no quiero decir que debemos alarmarnos por una nueva ola en estos momentos, pues las medidas que se toman entre naciones son distintas. Lo que sí considero necesario y urgente es que el Gobierno Federal debe fortalecer nuestro sistema de salud y mantener medidas de cuidado general. 

Ilustración: Visuals

La decisión de bajar las restricciones, aunque sea local de la Ciudad de México, podría pensarse que está envuelta en cuestiones políticas de índole nacional. El pasado 10 de abril, se realizó un proceso en el que la ciudadanía tuvo la posibilidad de decidir sobre la Revocación de Mandato. Bien podríamos suponer que se pretendía vincular esta disposición con la imagen de un gobierno que avanza, incluso ante fenómenos de este tipo. Considero que siempre debemos cuestionarnos sobre lo que hay detrás de cada decisión que se tome desde la política, pero antes de sacar conclusiones, hay que reflexionar críticamente y no generar opiniones erradas.

El cubrebocas ha jugado un papel destacado dentro de las medidas de atención a esta pandemia; en México, cuando comenzó la cuarentena, no se recomendaba su uso de forma obligatoria, incluso se creía que era algo innecesario. Meses después, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer la gran utilidad que tenía en la prevención del COVID-19, de ahí vino su recomendación e, incluso, su obligatoriedad en algunos lugares. Han existido diversos enfoques de análisis sobre un objeto tan pequeño como éste, desde los niveles de protección que existe, comparativos entre los materiales de su fabricación, el impacto al medio ambiente que tiene al desecharse, la mirada social de sentirse como una obligación que vulnera la capacidad de un ser libre, entre muchos.

Se reconoce, además, que el cubrebocas ha ayudado a la prevención de otras enfermedades más allá del COVID-19; por ejemplo, en la disminución del contacto con polvo, polen, bacterias, esporas, etcétera, haciendo que las alergias y enfermedades respiratorias disminuyan. En mi experiencia, hace mucho que no me da un resfriado o problemas con la tos, que era algo que tenía mínimo dos veces al año. De alguna forma, también se vincula con las enfermedades estomacales; ya que anteriormente pareciera que el uso del cubrebocas en el sector de la comida no era algo obligatorio, cuando realmente debería serlo, tanto para las personas que preparan los alimentos como para aquellas que tienen contacto con él al servirlo.

No podemos omitir la gran utilidad que ha tenido este objeto al estar en lugares cerrados, como el transporte público o un salón de clases.  Anteriormente, cuando una persona usaba un cubrebocas de alguna manera se les segregaba al asumir que tenía una enfermedad altamente contagiosa, y que esta persona debería ser aislada; es por ello que, a veces, se prefería mejor no usarlo y andar contagiando masivamente, en vez de ser señalade. Dejar de usar el cubrebocas podría parecer una forma de celebración, al considerar que la pandemia ha llegado a su final, sin embargo, deberíamos crear una cultura del cuidado y la protección de nosotres y hacia las demás personas. Usar un cubrebocas no implica que alguien tenga una enfermedad grave, sino que toma medidas de precaución, ya sea para no contagiar a más personas o para no contagiarse a si misme.

Vía: Elimine Aki

Ahora vendrá una etapa en nuestro país donde las restricciones serán cada vez menos. Probablemente, se sumarán más estados a la iniciativa de la Ciudad de México de dejar de usar mascarillas en espacios abiertos. Esta decisión se debe tomar con premura, no debemos de ver al cubrebocas como algo negativo o algo que nos recuerde lo mal que se sintió la pandemia, sino darle un significado diferente: el del cuidado y la prevención. El uso del cubrebocas deberá ir desapareciendo gradualmente, obviamente con relación a la baja de los contagios. Después de tanto tiempo, las personas están cansadas de usarlo por tantas horas y más con las altas temperaturas, ya que se vuelve agobiante, sin mencionar lo complicado para personas que usan lentes o necesitan de la lectura de labios para la comprensión del lenguaje. El uso masivo del cubrebocas fue una medida urgente, que atendía a una necesidad emergente, y este tipo de medidas no deben volverse permanentes. 

Vendrá una etapa en la que muchas personas dejarán de usar las mascarillas. Sin embargo, no podemos olvidar esta experiencia y las enseñanzas que nos ha dejado. Si hay personas que consideran que el uso del cubrebocas es ahora parte de su estilo de vida, debería ser algo que se comprenda. Debe erradicarse la discriminación de quienes lo porten, por considerarlos personas enfermas de gravedad, y ser conscientes de que si tenemos una enfermedad que se contagia por las gotitas que emanamos de nuestra saliva, es mejor usarlo para no contagiar a alguien más, e incluso como protección ante la contaminación, el polvo y el frío.

La nueva normalidad implica desafíos de vivir con este virus en nuestra cotidianidad, no de pensar que ya no existe y que no volverá, nadie es inmune y todes estamos expuestes. La prevención y la empatía como sociedad siempre será el mejor cuidado.

Este mes la canción que les comparto es Juice de Lizzo.

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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