MARCHITA: UNA POÉTICA PARA REIVINDICAR LA TRISTEZA

No escribo este texto como un crítico de música ni mucho menos con intenciones pretenciosas. Escribo con honestidad sobre todas las sensaciones, emociones, impresiones y sentipensares que he tenido luego de haber escuchado “Marchita” una y otra vez desde el día que salió. Escribo desde mis coordenadas y desde mi transitar en este mundo.

Me acuerdo perfectamente del día que fui a un concierto de Silvana Estrada. Era una noche cálida como suele ser en la temporada veraniega yucateca. Me encontré en compañía de muchas personas con las que comparto el gusto de disfrutar y dolerme con la música de Silvana. El concierto fue en un pequeño auditorio del IMSS. Se sentía tan familiar e íntima la atmosfera en el recinto: un grupo de desconocidos cantando, llorando y siendo acariciados tiernamente por la música de la cantora.

Fotografía de Flordalis Espinal para Latina Magazine.

Escuchar a Silvana en vivo es una especie de sanación, es estar en contacto con el dolor, la tristeza, la pérdida. Es un marchitar, sí, pero también un renacer. Atesoro mucho aquella noche porque no sabía del poder que tenía sobre mí su música de raíces, como a ella le gusta llamar. Tiene el poder de vulnerar a quien la escucha, creo que sólo la persona que es honesta en su arte es capaz de lograr ese efecto en la gente.

Terminó aquel repertorio de canciones, platicamos largo y tendido entre quienes nos acompañamos para ir al concierto. Todes coincidimos en algo: Ya queríamos escuchar lo que sería el primer álbum de Silvana. En ese momento que iba a saber yo que tendría que esperar tanto tiempo para poder escuchar “Marchita” pero la espera valió la pena.

Lo primero que quiero decir acerca de “Marchita” es que se sostiene por sí misma. La voz doliente de Silvana es el hilo conductor de esta narrativa poética. Sus versos hieren, sangran y sanan. Hay una poética de (des)amor, duelo y de lamento que estremece pero que al beber de ella, vuelves a la vida. Estar en contacto con emociones como la tristeza, el desamparo, la melancolía, la soledad; que nos han dicho hay que evitar para poder vivir felices, puede ser difícil de procesar porque siempre tratamos de huir de ellas. Silvana me permite vulnerarme, pensarme en soledad, dialogar con mi depresión, dejar de huir para conectar conmigo misme.

En un mundo donde todo transcurre de golpe, no nos permitimos sentir, vivimos en automático y con angustia de tener que “salir adelante”. Tener una hora de mi tiempo para desconectarme del trabajo, de mis pendientes y pensamientos de autoboicot para conectarme conmigo misme a través de la música de Silvana me parece un acto revolucionario frente a un mundo convulso y un sistema capitalista que quiere que viva produciendo y negando de mi capacidad para sentipensarme.

“Marchita” está compuesta de una lista de 11 canciones que hablan también de desamor y de amor, de relaciones pasadas y del presente. Es un disco de post-ruptura pero que también replantea el duelo. Las relaciones así como las flores se marchitan, pierden su color, mueren. Es también ese marchitarse una nueva oportunidad para florecer, para reivindicar la ruptura y resignificar la tristeza que surge al vivir un duelo.

Fotografía de Hilda Pellerano para Rolling Stone en español.

Dice Silvana que hay algo de ingenuo al haber escrito Marchita, pues pensaba en la ruptura de su primera relación amorosa. Lo que se dice en los versos es de un dolor inmenso, un dolor que consume emocionalmente y deja sin aliento. Tiene una intensidad que aflige como si se tuviera el corazón desgajado. Así se vive un primer amor, con la sensación de que todo está perdido cuando todavía se está por empezar.

El disco empieza con “Mas o menos antes” y termina con “La enfermedad del siglo” o aparentemente así parece. Pero este álbum posee una circularidad, un proceso que tiene un fin que también es inicio. Es que marchitarse da lugar al redescubrimiento, a un renacer, a una nueva oportunidad de redescubrirse. Marchita es un poema infinito.

Las maneras en las que amamos y en las que se narra el amor siempre están cambiando, redefiniéndose. Me parece que el amor es nómada, viajero y siempre en proceso de metamorfosis. Se marchita para dar lugar a un nuevo florecer. Es la enfermedad del siglo para Silvana: nos estremece, nos acongoja, nos hace quedar en cama pero encontramos alivio después de todo y volvemos a empezar. Convivimos con la enfermedad, con el dolor que esta produce en nosotres, no hace tanta falta entenderla del todo. En palabras del poeta Roberto Juarroz: “El amor es simplemente eso: la forma del comienzo tercamente escondida, detrás de los finales””.

Fotografía de Sol Talamantes para Rolling Stone en español.

La cantora veracruzana echó raíces en este álbum. La voz y poesía de Silvana le dan honestidad a su arte y apelan a que como las enredaderas, su música termine por enraizarse en la memoria de quienes escuchan “Marchita”. Con su cuatro venezolano y su voz como estandarte, esta cantora nos transmite toda esa belleza que existe en reivindicar la tristeza a través de su música de raíces.

Puede escuchar su álbum aquí.

Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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